No, Pedro Sánchez no es Starmer, ni España se parece al Reino Unido, ni el PSOE al implacable Partido Laborista. Este martes abundaban los columnistas y tertulianos que hacían la comparativa melancólica entre el primer ministro británico, que se va dos años después de una victoria histórica, con una mayoría muy cómoda en el parlamento y sin escándalo conocido; y nuestro presidente, asediado por tierra, mar y aire (es decir, en el frente político, el judicial y el mediático), con un ministro condenado a 24 años de cárcel, gobernando sin mayoría y sin presupuestos, y ahí sigue.

Cada vez que cae un gobierno en Europa, oímos los mismos lamentos comparando con el español. Y no hay semana que no caiga un gobierno en Europa: en los últimos ocho años ha habido seis primeros ministros en el Reino Unido (siete con el que entre ahora), otros siete en Francia, seis en Austria, seis en Rumania, ocho en Bulgaria, cinco en Eslovenia, cuatro en Finlandia, Eslovaquia, Bélgica, Lituania y Letonia, tres en Alemania, Italia, Estonia, Suecia, Países Bajos o Irlanda, dos en Portugal, Polonia, Hungría, Dinamarca… Y así podría seguir con los 27 países de la Unión Europea, pues todos han tenido cambios en el ejecutivo en estos ocho años. Todos, menos dos países: Croacia, cuyo primer ministro es el más longevo (Plenkovic, desde 2016 en el cargo). Y España, con Pedro Sánchez en Moncloa desde 2018.