Ian Gibson (Dublín, 87 años) utiliza palabras muy duras en No me encontraron (Aguilar). Son los diarios que escribió entre la frustración, la rabia y la desazón mientras se producían las labores de búsqueda del cadáver de Federico García Lorca en 2009 en Alfacar (Granada), donde fue asesinado el 18 de agosto de 1936. El poeta ha sido su obsesión a lo largo de seis décadas, desde que decidió iniciar la investigación sobre el crimen que lo llevó un mes después del comienzo de la Guerra Civil hacia esa fosa aún no hallada. Aquello concluyó en fracaso. Una oportunidad perdida que contó con la continua oposición a encontrar los restos por parte de su familia y la poca pericia de las autoridades. Pero no se resigna. Gibson cree que aún podría resolverse. A su juicio, se cometieron demasiados errores y no se tuvieron en cuenta testimonios claves —y surrealistas— sobre posibles traslados de los restos. Aún el Gobierno podría actuar, defiende: “Incluso legislar para ello, si quisiera”. Un Ejecutivo que fue capaz de sacar a Franco del Valle de los Caídos, dice, podría ofrecer con todos los honores al gran poeta y dramaturgo español un funeral de Estado.Pregunta. ¿Queda para usted enterrada toda posibilidad de encontrar la fosa donde se encuentra Lorca?Respuesta. No, en absoluto. Dicen que lo último que se pierde es la esperanza, pero admito que el asunto me tiene muy bajo de moral. Y más aún con la subida de Vox. Juanma Moreno dijo en Granada, en 2018, que hay que encontrar los restos de Federico. Le honró. Me hizo feliz. Ahora se le complica el asunto con Abascal y compañía. Si el PP fuera políticamente inteligente, lo buscarían ellos, ya que Lorca, como Ignacio Sánchez Mejías, no solo es un andaluz preclaro, sino casi cósmico. Un fenómeno sin precedentes que convoca en torno a él, en estos momentos, proyectos españoles y foráneos de toda índole. La gente lo quiere en todo el mundo, sobre todo por su teatro. Es que, literalmente, fascina. P. ¿Cuáles serían las posibilidades legales para el Gobierno de actuar?R. Quiero creer que todas las posibilidades. ¡Si hace falta, se legisla! P. ¿Qué errores se cometieron en aquella búsqueda de 2009?R. Son incontables... Me limito al más flagrante: no haber tenido en cuenta las declaraciones del año anterior, en 2008, en el periódico Ideal, diario granadino por antonomasia, hechas por Antonio Ernesto Molina Linares, vicepresidente segundo, en 1986, de la Diputación Provincial entonces en manos del PSOE. Al referirse a la inauguración aquel año del Parque Federico García Lorca de Alfacar, en las afueras de la ciudad, donde la mayoría de los investigadores situábamos el lugar del crimen y del sepelio, Molina Linares declaró que durante las obras encontraron huesos al lado del olivo que a mí me señaló el enterrador del poeta en 1966. Los huesos estorbaban el vallado del recinto, y haber puesto al tanto de ese descubrimiento al juez habría demorado la inauguración del parque. P. Eso, dice usted, ¿se pasó por alto?R. Totalmente. No querían retrasar nada en absoluto porque iban a conmemorar medio siglo del asesinato, con lo que aquello significaba. De modo que se volvieron a enterrar los restos en otro rincón del espacio. P. ¿Dónde?R. No lo sabemos. Se impuso el silencio absoluto en torno al hallazgo por parte de todos los involucrados. Así durante veinte años, hasta la prescripción. Una vergüenza. Y nadie movió un dedo. La verdad se supo apenas inaugurada la primera búsqueda oficial, cuando Abc llamó la atención sobre las declaraciones de Molina Linares el año anterior. Pero nadie en Granada dijo ni pío. Nadie. Ni la Asociación Granadina para la Recuperación de la Memoria Histórica. Me sigue pareciendo increíble. P. ¿Cuánta documentación sin desclasificar sobre el caso queda por abrirse al público y qué puede y debe hacer el Gobierno al respecto?R. Me consta que documentación sobre el caso había en Interior. No sé qué queda o puede encontrarse hoy. Yo, desde aquí, le pido a Pedro Sánchez y a su Gobierno que por lo menos nos digan si hay algo y que, en el caso de que sí, sea accesible a los investigadores. Aunque no creo sinceramente que nos ayude mucho. P. El filósofo Reyes Mate, como usted recoge en el libro, asegura que lo que le ocurrió a Lorca no es un asunto privado, sino un hecho político que marca el momento posterior que vivimos. La familia aduce que se respeten sus deseos de no desenterrarlo por su simbolismo respecto a todas las víctimas que se encuentran en la misma zona. ¿Qué criterio debería imperar?R. Yo estoy de acuerdo con la posición de Reyes Mate: Lorca es de todos y representa a todos los aún desaparecidos del franquismo. El argumento de la familia sigue siendo el de siempre, sin una sola voz discrepante. Me parece patético y cruento. Lorca es el poeta y dramaturgo nacional con mayúsculas.P. Hay que decir que ellos se mostraron dispuestos a facilitar el ADN si fuera necesario. Pero nadie llegó a requerírselo.R. Es verdad que Laura García de los Ríos dijo que estaban dispuestos. Pero, claro, al no dar con los restos, no hubo caso. Además, yo estoy convencido de que la familia anduvo al tanto de la aparición de cadáveres al lado del olivo en 1986 y de que se habían cambiado de sitio ilegalmente. Con toda probabilidad, para volver a enterrarlos debajo de la monstruosa y antilorquiana fuente monumental que se estaba construyendo al otro lado del parque. Ese lugar donde los supuestos expertos dijeron luego que no pudieron buscar con georradar. ¿Por qué? ¡Porque tenía agua aquel día! Un esperpento valleinclanesco en toda regla. P. Además del extraño caso del movimiento de los huesos, en relación a las teorías que inciden en que el cadáver pudiera haber sido cambiado de lugar por parte de los familiares pocos días después del asesinato, o por decisión misma del régimen al comprobar el escándalo mundial que se produjo, ¿qué puede haber en ellas de cierto?R. En Granada hay mil versiones acerca de lo ocurrido en 1936. Todo el mundo cree saber la verdad, que siempre es diferente. No creo que el padre del poeta, rico terrateniente, lograra ni intentara el rescate del cadáver. Mucha gente se habría enterado. A inicios de los cincuenta, Lorca, cada vez más famoso, ya suponía un problema muy gordo. Cada vez más para Franco y su régimen porque le preguntaban los diplomáticos aliados si ellos lo habían matado. La respuesta siempre fue la misma. Que se trataba de un accidente, más o menos, de esos que ocurren en las guerras... Muchos insistían: entonces ¿por qué no se publicaban en España sus libros? Y responder a eso resultaba más difícil. El régimen sugirió en aquella época un pacto con los herederos. Permitieron la edición de las obras completas con Aguilar, así podrían disfrutar los derechos de autor a cambio de no criticar públicamente la dictadura. Pero es algo que no creo que hiciesen nunca. La edición de Aguilar se editó en 1954 y tuvo un éxito de ventas astronómico nada más salir a la calle. P. Emilio Silva, uno de los fundadores de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, apunta que Lorca merecería un funeral de Estado.R. ¡Desde luego, el Gobierno debería impulsarlo! Un Gobierno que sacó a Franco del Valle de los Caídos haría muy bien en seguir buscando el cadáver de Lorca. Sería una gran decisión porque Lorca simboliza a todos los desaparecidos. Estoy de acuerdo con Silva, a quien admiro profundamente. Lorca lo merece hace mucho. Iba a ser el Shakespeare español, o lo era ya, como poeta y dramaturgo. Además, Sueño de una noche de verano era una de las obras literarias que más le fascinaron de joven. Acaban con él, sabiendo perfectamente lo que perpetraban. A los 38 años. No los podré perdonar nunca. P. Asegura usted que, en 2009, no era su intención publicar la primera parte de esta crónica, o sea, su diario, pero que luego decidió que era su deber hacerlo. Ahora lo saca añadiendo, como segunda parte, lo ocurrido durante los últimos quince años. Dice reconocer que es un documento obsesivo, pero espera que sirva de algo y que, si no, se pudrirá por dentro. ¿Es esta su última palabra?R. No sé si he utilizado dicho verbo. ¿Me siento realmente podrido por dentro? P. En la página 33 lo he leído.R. Pues no creo que sea la palabra adecuada. Lo retiro. Aun así, España, y no solo este caso, me tiene profundamente dolorido. No es hoy la España culta, dialogante, con la cual llevo casi toda mi vida soñando. El espectáculo de las derechas en el Congreso me produce asco. ¡Y supongo que se creen católicos! Por todo ello voy a volver ahora a Dublín. O sea, quiero retomar, desde aquí, el hilo de mi paisano James Joyce y España, de lo que hay mucho en el Ulises. Gibraltar, por ejemplo, por parte de Molly Bloom, los celtíberos juntos en Numancia contra los romanos, Rosalía de Castro y Valle-Inclán... Siempre acompañado, eso sí, del Romancero gitano, como mi buen amigo Álvaro Pombo.