Ian Gibson vuelve una vez más para molestar a quienes prefieren no remover el pasado ni abrir heridas mal cerradas. Un nuevo libro sobre la fosa común en las afueras de Granada en la que aún yacen los huesos de Federico García Lorca y tres otros inocentes ejecutados en agosto de 1936, levanta ampollas, como todas las obras del hispanista irlandés a lo largo de una vida de investigación sobre el poeta granadino.A los 87 años, Gibson dice que el libro, titulado No me encontraron, una frase sacada de Poeta en Nueva York, será su último. Pero hay motivos para dudarlo, dada la tenacidad que impulsa su proyecto incansable de esclarecer cada detalle sobre el asesinato de Lorca, a la vez que rescatar del olvido a hasta 5.000 granadinos masacrados tras el golpe de Estado de julio de 1936.Todo empezó cuando Gibson se desplazó en 1965 desde Belfast a Granada en un Volkswagen Variant con su mujer e hijaTodo empezó a la tierna edad de 26 años, cuando Gibson se desplazó desde Belfast a Granada en un Volkswagen Variant con su mujer e hija en el verano de 1965 y se puso a investigar. Entonces, los obstáculos eran la censura y las falsas noticias del régimen franquista, así como el miedo de los testigos. Ahora, el estorbo principal –según se lamenta el hispanista dublinés– es la propia familia de Lorca, opuesta con frialdad “granítica” al proyecto de exhumación.Los sobrinos de Lorca califican a Gibson de “obsesionado”, empeñado en seguir una búsqueda “fetichista” de huesos que “no tienen ningún interés, ninguna importancia”. Gibson, discrepa: Los restos “tienen innegable interés; nos podrían decir, por ejemplo, si lo torturaron (...) y muchas más cosas”, escribe en su nuevo libro.Que todo esto sea una obsesión, ni Gibson la niega. El motivo formal de aquella primera estancia en 1965 fue una tesis doctoral sobre la primera obra de Lorca por la Universidad de Queens en Belfast. Pero en tres largas entrevistas mantenidas con La Vanguardia en su barrio de Lavapiés en Madrid, queda claro que el joven Gibson era más intrépido periodista de investigación que sesudo crítico cultural.Tres meses después de llegar a Granada, me dije: ‘¡A la mierda la tesis, eso puede esperar!’. Tenía coche, un año sabático y nadie me conocía”Ian Gibsonhispanista“Tres meses después de llegar a Granada, me dije: ‘¡A la mierda la tesis, eso puede esperar!’. Tenía coche, un año sabático y disponía de dinero suficiente. Nadie me conocía, no había publicado nada. Eran condiciones perfectas para recorrer la zona, hacer preguntas e investigar ”.Empezó a hablar con republicanos que le dieron sus primeras fuentes. Leyó lo poco que se había publicado en aquellos momentos sobre el asesinato. Acudió todos los días a la hemeroteca de Granada para comparar las versiones de lo ocurrido en los dos diarios granadinos: el progresista Defensor y el conservador Ideal. Quedó en bares y prostíbulos con los hombres de la familia Rosales, falangistas que, pese a ello, habían sido amigos de Lorca y con quienes el poeta intentó refugiarse días antes de que lo asesinaran. Gibson logró sacar testimonio clave del sepulturero Manuel Castilla Blanco, que le aseguró que había enterrado a Lorca en un barranco cerca de Víznar, a nueve kilómetros al norte de la ciudad de Granada. Logró trabajo dando clases de inglés al militar José María Nestares Cuéllar, que había gestionado las ejecuciones de Víznar.Tumba de Fernando de los Ríos Urruti y su esposa Gloria Giner, cuya sepultura está anexa a la de Francisco García Lorca y su mujer Laura de los Ríos.Francisco José Eguibar PadrónConsciente de que “era esencial mantenerlo en secreto todo lo posible (...)”, decidió cambiar de identidad en más de una ocasión, haciéndose pasar por estudiante de botánica para lograr consultar el registro del cementerio.Buscó las últimas tecnologías del periodismo de investigación. “Fui a Gibraltar y compré una de estas nuevas máquinas grabadoras de una marca japonesa, y la escondía en una bolsa de cuero que a veces metía debajo de la mesa durante las entrevistas”. Con este magnetófono grabó a decenas de testigos y otros involucrados en el asesinato de Lorca a los 38 años, cometido del 19 de agosto de 1936.Se arrepiente en su autobiografía Un carmen en Granada de haber grabado clandestinamente a la asistenta de la casa de los Lorca en la Huerta de San Vicente, que entregó una cesta de comida a Lorca durante sus últimos días en el calabozo. Pero la llamada de la verdad era entonces, igual que ahora, superior a todo lo demás. Todas las grabaciones pueden escucharse en el archivo Ian Gibson en el museo instalado en la casa natal de Lorca en Fuente Vaqueros.El momento de mayor drama llegó cuando, siguiendo los consejos de la escritora francesa Marcelle Auclair, Gibson decidió ir sin anunciarse a la oficina del diputado fascista que decidió ejecutar a LorcaEl momento de mayor drama llegó cuando, siguiendo los consejos de la escritora francesa Marcelle Auclair, Gibson decidió ir sin anunciarse a la oficina de Ramón Ruiz Alonso, diputado fascista quien, según las averiguaciones de Gibson y otros, fue el responsable más directo de la decisión de ejecutar a Lorca (léase El hombre que delató a García Lorca. Ramón Ruiz Alonso y el asesinato de García Lorca. Madrid, 2008).Era “un verdadero monstruo”, capaz de saltar por encima de unos cuantos escaños en el parlamento y pegarle un puñetazo a alguien (...) en dos discursos, cuando dijo que degollarían a los comunistas y se ahogarían en su propia sangre”, recuerda Gibson.“Entré en el edificio del consejo superior en Madrid, llamé a la puerta y allí estaba sentado el monstruo. Y, como católico apostólico, juraba que me explicaría todo. Lo tenía todo preparado. Y era todo falso. Pero me invitó a volver dos veces”.“En la tercera entrevista me di cuenta de que el micrófono de la grabadora estaba mal colocado. Intenté arreglarlo debajo de la mesa y él se dio cuenta. Se puso como una furia: ‘¡¿Cómo te atreves a grabarme?!’ Tenía un teléfono en su mesa y yo pensé: ‘Si llama, voy a tener que pegarle un puñetazo y salir corriendo’”.La ultima de las tres entrevistas a Gibson se mantuvo en el Teatro del Barrio de Lavapiés, donde se presenta la obra del grupo 43-2 Federico. No hay olvido, ni sueño, una investigación sobre las fosas comunes tanto de Lorca como de otras víctimas del fascismo español, en la que las grabaciones de Gibson se incluyen como fuentes.“Fueron momentos en los que se generó muchísimo terror. Y ese terror provocó un silencio, y ese silencio se ha heredado.”, dijo la directora de la obra, María San Miguel en una entrevista. “Para mí, pues, lo valioso del trabajo de Ian Gibson es lo que pudo hacer en aquel momento de tanto miedo”.Eso sí, San Miguel lamenta que las grabaciones del archivo Gibson no formen parte de un archivo digital “al que podamos acceder desde nuestras casas, porque escuchando a esos fascistas entenderíamos muchas cosas y ayudaría a generar una evolución y un trabajo sobre ruptura de silencios”.Federico García Lorca junto a su amigo Philip Cummings en agosto de 1929 REDACCIÓN / Otras FuentesGibson finalmente publicó los resultados de su investigación en 1971 en el libro La represión nacionalista de Granada en 1936 y la muerte de Federico García Lorca, editado por Ruedo Ibérico en París. Fue el primero de nueve libros de Gibson sobre el poeta, al que ahora se añade No me encontraron.En este nuevo libro, Gibson recuerda el momento tal vez más esperpéntico y banalmente atroz de la tragedia de la muerte de Lorca. Fue la increíble decisión tomada en los años ochenta por un grupo de concejales socialistas granadinos –amigos del sobrino de Federico– durante la construcción del parque que homenajea al poeta en el probable lugar de su ejecución.Bajo presiones para terminar el parque homenaje cuanto antes, los concejales presuntamente decidieron desenterrar, guardar en una bolsa de plástico y recolocar en otro sepulcro anónimo, en el mismo parque, los probables restos de Lorca y sus compañeros ante el pelotón de fusilamiento. “Teníamos el temor de que, si aparecía algo más, nos paraban la obra del parque”, dijo uno de los saqueadores que había trasladado un fémur anónimo al nuevo lugar de sepulcro.
El magnetófono obsesivo de Ian Gibson para esclarecer la muerte de Lorca
El hispanista dublinés mantiene una investigación incansable sobre el final del poeta granadino









