En Europa no hay un país que imponga sus reglas a los demás: la UE es una suerte de mosaico donde todo se decide de forma democrática. Hasta aquí la teoría. La realidad que dejan entrever las decisiones finales que adopta la UE (desde la política agraria común a las reglas fiscales, pasando por los impuestos a los coches chinos) es que en Bruselas hay países que tienen mucha más autoridad que otros. Alemania es uno de ellos y por eso sus reformas y movimientos deben ser interpretados como algo más que una decisión a nivel nacional, puesto que lo que se hace allí puede que sea lo que tengamos que hacer aquí también, más pronto que tarde. Por ello, la reforma de las pensiones en Alemania parece un serio aviso para el resto de países europeos, sobre todo aquellos que presentan unos sistemas más generosos y que acumulan importantes niveles de deuda pública.El ruido de fondo ha sido ensordecedor en los últimos meses. La Gran Coalición gobernante abría el año pasado a trompicones uno de los 'melones' más impopulares de la política nacional: el insostenible gasto en pensiones. Tras una rebelión interna encabezada por el sector más joven de la CDU, los democristianos (socio mayoritario) y los socialdemócratas llegaban a una especie de consenso momentáneo en el Parlamento, pero todo el mundo sabía que las grandes reformas tenían que llegar tarde o temprano. Se impuso la agria tarea de confeccionarlas a una Comisión que este martes presentará de forma oficial unas conclusiones que el fin de semana ya se filtraron a la prensa internacional. En manos del dividido Ejecutivo y del Parlamento queda aplicarlas o no.
La reforma de las pensiones que debería poner a toda Europa en alerta: Alemania se prepara para elevar la edad de jubilación a los 70 años y endurecer las prestaciones
En Europa no hay un país que imponga sus reglas a los demás: la UE es una suerte de mosaico donde todo se decide de forma democrática. Hasta aquí la teoría. La realidad que dejan entrever las decisiones finales que adopta la UE (desde la política agraria común a las reglas fiscales, pasando por los impuestos a los coches chinos) es que en Bruselas hay países que tienen mucha más autoridad que otros. Alemania es uno de ellos y por eso sus reformas y movimientos deben ser interpretados como algo más que una decisión a nivel nacional, puesto que lo que se hace allí puede que sea lo que tengamos que hacer aquí también, más pronto que tarde.













