A un lado de la verja viven 65.420 personas, y casi el 90% es espa�ol. Al otro costado, solo comparte esta nacionalidad el 2,5% de los 37.936 residentes que hay. Al primer lado, uno de cada cuatro habitantes que quiere trabajar no encuentra d�nde. Enfrente, solo hay diez parados. Si en un flanco comprarse una casa ronda los 1.588 euros el metro cuadrado (seg�n Idealista), en el otro el precio asciende a unos 8.000 euros (seg�n el portal Properstar). A un lado est� La L�nea de la Concepci�n (C�diz) y al otro, Gibraltar, territorio de ultramar brit�nico. Dos ciudades con muchas conexiones, pero tambi�n hist�ricamente diferenciadas socialmente, y separadas f�sicamente. Esto �ltimo, sin embargo, tiene los d�as contados: la verja ser�, a partir de este verano, solo un recuerdo, estrechando as� los lazos entre ambas poblaciones.�Espa�a y Gibraltar somos los que m�s tenemos que ganar, los que m�s ten�amos que perder si no sal�a bien y los que m�s vamos a conseguir para nuestras respectivas ciudadan�as�, dice el ministro principal de Gibraltar, Fabian Picardo, en referencia al acuerdo cerrado hace un a�o y cuya aplicaci�n definitiva est� prevista para el pr�ximo 15 de julio, que ser� cuando la verja desaparezca. Y, con ella, tantos otros elementos que manten�an muy alejadas a las dos poblaciones colindantes.El pacto viene a solucionar el limbo en que qued� Gibraltar tras la aprobaci�n del Brexit -el territorio de ultramar lo rechaz� masivamente, con un 96% de votos en contra-. La salida de Reino Unido de la UE provoc� el cierre de la frontera al sur de La L�nea para recuperar los controles de entrada y salida, dotando as� de nuevo de funci�n a una verja que adquiri� su m�ximo papel cuando Franco orden� blindarla por completo en junio de 1969, hace ahora 57 a�os -se reabrir�a en 1982-. �Cualquier acuerdo, por muy mejorable que sea, es mejor que el no haber tenido un acuerdo�, traslada un representante del sector empresarial del Campo de Gibraltar.Y la opini�n es m�s que compartida entre quienes, a media tarde del viernes, se encuentran en Main Street, la principal arteria de la ciudad brit�nica. En los bares y comercios que se suceden por esta calle es muy frecuente dar con empleados espa�oles pues, si 15.509 personas cruzan cada d�a la verja para trabajar -en ambos sentidos-, 10.859 de ellas son nacionales. �Si vienes a las 8.00 horas, pasas con facilidad, pero a partir de las 10 llegan autobuses con turistas y a veces se forman unas colas...�, relata una de esas mujeres de La L�nea que trabaja en Main Street. Esas �colas� se acabar�n el 15 de julio, pues el acuerdo contempla el libre tr�nsito de personas por la frontera, una soluci�n pr�ctica para solventar un �problema pol�tico�, en palabras de una voz de los empresarios del territorio de ultramar. Es, quiz�s, la s�ntesis del pacto m�s acorde a lo que sucede en el Pe��n.15.000 personas cruzan cada d�a la verja por trabajo; 10.000, espa�olasA cambio de ese libre tr�nsito, el territorio de ultramar inicia ahora un proceso de homogeneizaci�n econ�mica con Espa�a. El primer paso ha sido sacarlo de la lista de para�sos fiscales, a lo que sigue una equiparaci�n fiscal que los empresarios no temen en exceso. Ni siquiera los 18 joyeros que se reparten en solo 400 metros de la Main Street, y cuyos negocios triunfan porque la carga impositiva que pagan es �nfima -una tasa del 3%, frente al IVA espa�ol del 21%-. �Vendr�n m�s clientes� por el libre tr�nsito, se consuela uno de los propietarios. Tambi�n en el sector del tabaco conf�an: �Seguir�n llegando brit�nicos y alemanes, porque aun as� ser� m�s barato que all��.No es lo econ�mico, pues, lo que suscita dudas entre los locales, que ante todo insisten en recibir con los brazos abiertos el acuerdo. Es �inseguridad� la palabra que m�s repiten. Los propietarios temen la llegada de okupas; los comerciantes, la de ladrones; y la gente, a los carteristas. Cuando Franco cerr� la verja, Gibraltar se convirti� en una poblaci�n �enjaulada�. Y eso �produjo tambi�n un gran sentido de seguridad, ir�nicamente�, reflexiona Picardo, que relata c�mo no hab�a temor a que te robaran el coche: el ladr�n no podr�a salir de los 6,8 kil�metros cuadrados que tiene el territorio de ultramar.Ante el fin de la verja, los vecinos ponen en valor la libertad que ganar�n, pero tambi�n trasladan algo de incertidumbre. Picardo, en conversaci�n con un grupo de medios espa�oles, rememora que se sinti� cierto miedo cuando en 1982 se levant� el cerrojazo de la verja: �Porque de pronto esa jaula, cuando se abre, no solo permite que el p�jaro vuele, sino tambi�n que entren otros p�jaros�. Ahora, su Gobierno va a reforzar la seguridad, incluso con c�maras de reconocimiento facial en el acceso.Picardo tambi�n tiene prevista la soluci�n al aluvi�n de solicitudes de residencia que se ha producido tras el acuerdo: limitar este derecho a quienes tengan menos de 55 a�os y un contrato de trabajo con m�s de 43.000 euros de sueldo. El objetivo: que los �realmente residentes� disfruten la nueva fluidez que va a haber entre Gibraltar y la zona Schengen, pero �que no vengan personas que simplemente puedan comprar esa fluidez�.Gibraltar deber� homogeneizar sus impuestos y ya no ser� para�so fiscalQuienes se oponen al pacto -Vox lleva la voz cantante- critican precisamente que se conceda a los gibraltare�os esa libertad de entrada a Espa�a -y a la Uni�n Europea- en lugar de reivindicar soberan�a sobre el territorio. Pero eso, coinciden todas las voces sobre el terreno, es precisamente lo que ha permitido que el acuerdo salga adelante. �Hay algo que es m�s importante que la pol�tica y que 'Gibraltar espa�ol', que es la relaci�n de los pueblos que estamos en la l�nea de Gibraltar, que est� por encima de cualquier consideraci�n pol�tica�, traslada una voz del grupo transfronterizo, compuesto por sindicatos y patronal de ambos lados.�No se habla de soberan�a aqu�, [...] es convivencia�, apunta sobre el pacto otro miembro de ese grupo, lo que no quita, dice, que �cada parte guarde su postura�. Simplemente, el acuerdo es �silencioso� sobre el asunto que desde Madrid y Londres se ve como el elefante en la habitaci�n. Una cuesti�n, la de la disputa sobre la soberan�a, a la que muchos a pie de calle en Gibraltar se sienten ajenos. Tambi�n los gaditanos que trabajan all�. �Crean un mal rollo que no hay�, dice una mujer de La L�nea que trabaja en Main Street.Es una empresa gaditana la que se est� encargando de desmontar la verja. En unas semanas, no har� falta bajarse del coche y ense�ar el pasaporte para atravesar esa frontera. S� habr� que cambiar de taxi en ese punto si se quiere ir de La L�nea a Gibraltar, y tambi�n quedar�n los polic�as sin capacidad de arresto al cruzar la barrera imaginaria. A un lado, se cenar� pasadas las nueve de la noche; al otro, las se�ales de tr�fico advertir�n de la presencia de monos, no de ciervos. Porque, aun sin verja, todav�a quedar� all� una brecha peculiar. Todo mientras Gibraltar sigue rellenando con sedimentos su costa para ganar terreno al mar -espa�ol-.