David y Malcolm se disponen a almorzar. Pese a que apenas son las 12.30, en las repletas terrazas de la avenida de Las Naciones se sirve ya la comida. Estamos en la Vega Baja alicantina, en Ciudad Quesada, una urbanización de población mayoritariamente extranjera, creada en los años setenta por el promotor que le dio nombre, donde unas 30.000 viviendas se alzan sobre un terreno seco y un sol abrasador, pero al amparo de uno de los campos de golf más atractivos de la provincia –La Marquesa– y en la proximidad de las famosas playas de Guardamar del Segura y Torrevieja.Este martes se cumplen diez años del referéndum sobre la permanencia de Reino Unido en la Unión Europea en el que un 51,9% de los votantes optó por romper amarras con el continente. Comenzó un proceso conocido como Brexit que culminó en febrero del 2020. Malcolm, que como su amigo David votó remain (la permanencia en la UE) y ya entonces llevaba años residiendo en Alicante, resume en una gráfica expresión lo que a su juicio sucedió: “Nos disparamos en el pie”. Hasta el punto de que vendió su casa en Ciudad Quesada a consecuencia de uno de los cambios más significativos que acarreó el nuevo estatus de los expats británicos.David, sin embargo, mantuvo su propiedad. ¿A qué se debe la diferencia? Malcolm explica que “no quería solicitar la residencia” (la única palabra que pronuncia en español). “Yo solo quería venir unos meses”, dice. Por contra, su amigo optó por vivir en Alicante de forma permanente. Sin documentación de residente legal, “solo puedes venir 90 días, luego tienes que irte y quedarte en Inglaterra otros 90 días. Así que si tienes un problema con tu propiedad, ¿cómo puedes venir aquí a solucionarlo si no han pasado 90 días? Preferí vender, aunque sigo viniendo de vacaciones”. Ambos aseguran conocer “muchos casos” de británicos que se deshicieron de sus propiedades. “Han llegado muchos escandinavos en los últimos años”, afirman.Lee tambiénMás tarde, el abogado Modesto Sánchez, con despacho en la localidad desde hace 32 años, confirma un cierto éxodo de británicos, que no han tenido problemas para vender sus casas –en una zona donde el metro cuadrado supera los 3.000 euros–, sobre todo a belgas y holandeses. Aunque este letrado atribuye ese impulso vendedor más a que la crisis económica y el crack inmobiliario dañaron más a unos compradores británicos “que son de clase media en su mayoría y tienen pensiones muy bajas” que a otros ciudadanos europeos de economías más robustas. No es un fenómeno nuevo. La devaluación de la libra esterlina causó un gran efecto reemplazo en toda la Costa Blanca en la década de los noventa, cuando rusos, escandinavos y centroeuropeos aterrizaron en un atractivo mercado inmobiliario de segunda mano en toda la Costa Blanca, desde el litoral de Xàbia y Dénia hasta Orihuela Costa, pasando por Calp, Altea y Benidorm.Ocurre con los británicos que, “por su forma de ser, tienden a registrarse lo menos posible”, añade el abogado, mientras que “para los que estaban viviendo aquí y pagaban sus impuestos aquí, no ha cambiado nada”.David apunta otro argumento relacionado con la economía: “Cuando nosotros vinimos, para obtener la residencia, tenías que tener una cierta cantidad de dinero en el banco. Pero ahora es muchísimo más. Y conozco a mucha gente que hubiera querido obtener la residencia y ahora no puede permitírselo”.En su caso, los efectos negativos del Brexit se manifiestan, como nos dirán luego varias personas más, en una sucesión de “incordios” administrativos derivados de haber perdido la condición de ciudadanos de la UE, algo que se pone de manifiesto ya en el aeropuerto. En el de Alicante-Elche Miguel Hernández se produce la paradoja de que el colectivo más numeroso –más de un tercio de los pasajeros son británicos– es uno de los pocos que debe realizar los trámites fronterizos de los que estaban exentos cuando pertenecían a la UE. En el caso de David, que practica tiro olímpico, tramitar su licencia “es mucho más complicado” ahora . “Antes, la Guardia Civil hacía averiguaciones, ahora tengo que hacerlas yo mismo con la policía en el Reino Unido. Eso lo ha complicado mucho. Los permisos de conducir, cosas así, todo es más complicado”, explica.Trabas administrativasMuchos pueden optar por la visa no lucrativa, “pero no tienen el dinero para hacerlo porque es bastante cara”Jackie, aunque trabaja como enfermera en Reino Unido, sí es residente. “Nos mudamos aquí hace 18 años, nuestro hijo tenía nueve, así que tuvimos que hacer todo legalmente o no habría podido matricularlo en la escuela”. Confirma que mucha gente vendió sus casas: “Muchos de los que vendieron propiedades y se fueron después del Brexit lo hicieron porque no estaban en regla”.Su amiga Jay no tiene ese problema, es irlandesa, pero apunta: “Mucha gente tiene que optar por la visa no lucrativa, pero no tienen el dinero para hacerlo porque es bastante cara; hay que dejar una cantidad enorme de dinero en el banco durante cinco años, algo cercano a las 100.000 libras esterlinas en el banco ¿Cuánta gente puede permitirse eso? ¿Dejar esa cantidad de dinero en el banco sin tocarlo?”. En efecto, el visado de residencia no lucrativa permite a los ciudadanos no comunitarios residir en España sin trabajar, siempre que acrediten disponer de 28.800 euros anuales.En The Food Co., tienda de alimentación, encontramos algunos jóvenes que inician sus vacaciones, no abundan durante el curso. Hablamos con dos chicos y dos chicas que en el 2016 no tenían edad de votar. “¿Qué votaríais ahora?”. Por sus caras, no parecen haber pensado nunca en ello. “No sé, seguir igual, supongo”, dice uno. “Igual, ¿fuera de Europa?”, preguntamos. Dudan. Su amiga se ríe: “Es un tema muy complicado para mí”.Factor esencialAlabanza al sistema de salud españolLos residentes británicos no dudan en señalar la calidad asistencial del sistema sanitario español como uno de los factores más positivos a la hora de establecerse en el país. Lo pensaban antes del Brexit, y lo siguen pensando después. Lo mencionan todos, pero en algún caso con mayor conocimiento de causa. La enfermera Jackie, que pasado dos semanas en Reino Unido trabajando y dos semanas en Ciudad Quesada, junto a su marido, explica que él “hace siete años sufrió un infarto estando aquí, justo al día siguiente de su cumpleaños”. Además, luego desarrolló un cáncer y le están tratando aquí, “y se han portado de maravilla con él”. Desde su experiencia como trabajadora sanitaria, asegura que “la situación es mucho peor en Reino Unido”. Y gráficamente, explica: “Somos mayores, desgraciadamente hemos perdido amigos por cáncer en España, pero muchos más lo han superado y creo que algunos no estarían vivos si estuvieran en el Reino Unido”. No existen estadísticas oficiales sobre cuántos de los cerca de 70.000 residentes británicos empadronados en Alicante son pensionistas, pero diversos estudios demográficos coinciden en que constituyen la mayoría del colectivo, alrededor del 60%. Los pensionistas británicos que cuentan con u formularios S1 siguen teniendo acceso al sistema público sanitario español, en las mismas condiciones que antes de abandonar la Unión Europea, con financiación del Reino Unido. Por supuesto, si trabajan y cotizan en España, sus derechos son idénticos a los de los locales.
Británicos en España, a diez años del Brexit: “Nos disparamos un tiro en el pie”
Las consecuencias de la salida del Reino Unido de la UE se dejan notar en lugares como Alicante
A diez años del Brexit, miles de británicos en Spagna vendieron propiedades por requisitos de residencia más estrictos: visa no lucrativa 28.800€/año, límite 90 días sin permiso. Fricción regulatoria creciente limita movilidad de talent europeo y dificulta recruitment internacional, factor crítico para CTO que expanden team global.










