Javier Otazu |
Londres (EFE).- El sorprendente triunfo del Brexit, hace ya diez años, tuvo un impacto que está lejos de haber terminado, y que se manifiesta todavía en la vida de los españoles y europeos en general radicados en el Reino Unido, que de la noche a la mañana supieron que iban a ser extranjeros en un país que ya no se regirá por las normativas de la Unión Europea.
Carlos Soler Montes, que preside la organización de Científicos e investigadores Españoles en el Reino Unido (CERU) relata cómo fue aquel 23 de junio de 2016: él participaba entonces en un congreso de profesores de español en Reading y había llegado con decenas de colegas el día anterior «en un ambiente festivo», listos para celebrar lo que daban por seguro: que se impondría la opción proeuropea.
«Al día siguiente, el congreso parecía un funeral. Nadie podía creer lo que había sucedido», rememora, y da un dato contundente: su asociación de investigadores españoles ha perdido la mitad de sus miembros en estos diez años, debido a que muchos, sobre todo los más jóvenes, han abandonado el Reino Unido y regresado a España, unos por preocupación, otros por decepción.
«Que el Reino Unido vaya a regresar al Erasmus (sistema europeo de intercambio estudiantil) en enero de 2027 después de haberlo abandonado demuestra lo precipitado que ha sido todo -reflexiona Soler-: idas y vueltas, constantes bandazos» en las normas de trabajo y residencia han sido fatales para el Reino Unido: «Este siempre fue un país que atraía mucho talento internacional, y ahora esto ha cambiado por completo», lamenta.










