Han pasado 10 años desde que el Reino Unido dio un giro radical a su relación con la Unión Europea y decidió abandonar el bloque comunitario, en el que estaba desde 1973. Una década después del referéndum —la salida efectiva no se materializó hasta 2020—, aún se sienten las consecuencias.En el caso de España, son varios los sectores económicos que han tenido que adaptarse al nuevo estatuto extracomunitario del que fuera antes su aliado. Entre las áreas más castigadas destacan el mundo académico, el comercio, los sectores agroalimentario y pesquero, el turismo y la inmigración.Tasas recíprocasAl salir de la UE, se acabó la libertad de movimiento. Desde entonces, a los ciudadanos británicos solo se les autoriza estancias de hasta 90 días en países miembros de la UE sin necesidad de visado, y viceversa para aquellos europeos que viajen al Reino Unido. Para los que buscan moverse por trabajo o estudios, el visado es obligatorio.El trámite es complicado y costoso. Poppy May Ward, de 20 años, estudiante en la Universidad de Newcastle (norte de Inglaterra), tuvo que pasar por el proceso el año pasado para hacer unas prácticas en Madrid. “Tuve que conseguir varios documentos antes de solicitar el visado y todos tenían que traducirse y apostillarse. Solo eso me costó 500 libras [577 euros]”, rememora.Ward recibió el visto bueno en mayo de 2025, pero no logró cita en el consulado de España en Mánchester hasta agosto. Allí desembolsó otras 345 libras. Cuatro semanas más tarde, le devolvieron su pasaporte y el visado, pero no toda la documentación que aportó.En Madrid, los trámites continuaron. “Sabía por una amiga que tenía que tramitar más cosas allí, como el padrón y la Tarjeta de Identidad de Extranjero”, explica. Otros dos meses de espera. En total, cinco para culminar todo el proceso y casi 1.000 euros gastados en gestiones y documentación. Ward no recibió en ningún momento información del Gobierno británico o del consulado sobre los trámites.Un sistema educativo dañadoLa educación superior británica siempre ha sido una de las más prestigiosas del mundo. Un reconocimiento que quedó en el aire tras el Brexit, con padres y estudiantes que se planteaban abandonar ese formato de enseñanza ante la doble incertidumbre que se abría: por un lado, quienes cursaban la educación secundaria y el bachillerato en un centro británico en España dudaban de si podrían acceder luego a una universidad española; por otro, si decidían ir a una universidad británica el coste se disparaba porque ahora deben pagar la tarifa internacional, mientras que antes del Brexit pagaban lo mismo que un estudiante británico.Tom Davidson, director de la International School of Madrid (privada), recuerda de primera mano cómo cayó el Brexit en ese organismo: “Tuvimos que tranquilizar a las familias, asegurándoles que el sistema educativo británico no estaba en las últimas”.Aunque el acuerdo firmado en 2023 por Madrid y Londres para permitir a los estudiantes procedentes del sistema británico acceder a las universidades españolas mitigó ese impacto, dice Davidson, “el daño ya estaba hecho”.Roger Ramos, de 58 años, y Maví Nafria, de 52, padres de dos hijos que estudiaron en la International School of Madrid, reconocen que el cambio de normativas respecto a la movilidad entre ambos territorios les ha supuesto un gasto colosal tras el Brexit. Ambos cursaron el sistema británico, por lo que buscan fórmulas para que sus hijos tengan esa misma oportunidad, aunque reconocen que una alternativa europea resultaría más sencilla y barata. “Si ahora estuviera buscando colegios, tendría que asegurarme de que hubiera una vía clara para acceder al sistema educativo español. Ya no podría permitirme depender únicamente del sistema educativo inglés”, sostiene el primero.“Fuga de cerebros a la inversa”Carlos Soler Montes, presidente de la Sociedad de Científicos Españoles en el Reino Unido (SRUK/CERU), explica que la retirada de programas como Erasmus+ u Horizonte Europa provocó “un gran parón” en el mundo académico. “La movilidad ha dejado de ser hacia el Reino Unido para dirigirse a otros países. Personas con la vida hecha allí han optado por abandonar el país, irse a otras partes de Europa, volver a España...”, añade Soler Montes, que califica el proceso de “fuga de cerebros a la inversa”.Según un sondeo del SRUK/CERU realizado en 2024, el 90% de los investigadores que ya habían abandonado el Reino Unido no pensaba volver, mientras que un 26% de los que aún permanecían en el país se planteaba marcharse en el siguiente año. El 74% de ellos, por el Brexit.María José Martínez Bravo, de 42 años y profesora en el University College London (UCL), percibió un giro total entre su alumnado: antes era de mayoría europea y británica, mientras que ahora el 70% de los estudiantes son extranjeros, sobre todo asiáticos. “Cuando se les quitó a los europeos el privilegio de pagar las mismas tasas que los nacionales, notamos una caída brutal de estudiantes europeos viniendo al máster”, explica.Los años posteriores al referéndum se hicieron muy oscuros. “Para los que estudian una lengua moderna en el Reino Unido es obligatorio realizar su tercer año de estudios en el extranjero”, cuenta Paula Antela Costa, de 30 años y profesora en la Universidad de Bristol. Con el fin del Erasmus+, el elevado coste para este tipo de intercambio ha provocado un desencanto entre los estudiantes españoles para viajar al Reino Unido, poniendo en jaque los acuerdos bilaterales entre universidades de ambos países.Residencia y sanidadKaren Maling Cowles lleva en España 36 de sus 60 años de vida. Ahora, en Alicante. Según datos del INE, en 2022 eran 76.739 los británicos que vivían en esa provincia. Con el Brexit, su situación se complicó.El Acuerdo de Retirada permitió a quienes residían en España antes del fin del periodo transitorio (el 31 de diciembre de 2020) conservar sus derechos a seguir viviendo, trabajando o estudiando en el país con las mismas condiciones que antes del Brexit. “Yo pude hacer un simple canje de una residencia por otra, pero otros no pudieron hacerlo, porque muchísima gente que vivía aquí antes del Brexit vino sin papeles. Pensaban que no iba a pasar”, señala Cowles. “Un truco ha sido sacar dos pasaportes: entrabas con uno y salías con otro. Ahora se hace menos: los consulados y la policía se enteraron”.Una de las nuevas exigencias más costosas ha sido la sanitaria, al ya no poder depender del sistema español. “Mucha gente utilizaba la infraestructura del sistema de la Seguridad Social. Ahora deben tener un [formulario de asistencia sanitaria] S1 o un seguro privado, para no ser un cargo para la Seguridad Social”, prosigue Cowles. De los primeros días pos-referéndum, recuerda sobre todo una mezcla de miedo, enfado y confusión: “Tanto en España como en el Reino Unido hubo una falta de información clara de todas las facetas [del Brexit]”, sostiene. Y concluye: “Creo que vamos a seguir notándolo: aquello fue el terremoto, después llegan las secuelas”.Comercio agroalimentarioTras el Brexit, las empresas y productores han tenido que adaptarse al rediseño de las relaciones comerciales entre España y el Reino Unido y a nuevas restricciones. “La consecuencia inmediata del Brexit fue la adopción de barreras no arancelarias, y trámites burocráticos y sanitarios. Controles que españoles y británicos han tenido que asumir”, remarca Héctor Sánchez Margalef, investigador del centro de estudios Cidob.”Hubo una diversificación de mercados por parte de ambos países. Esto se adaptó a la larga, pero el impacto inicial fue alto“, añade el experto. Una adaptación que no sufrieron de igual forma todas las empresas. “El coste burocrático de tener que hacer más trámites no es lo mismo para una empresa grande que para una pequeña, que tiene recursos limitados”.Una portavoz de la Autoridad Portuaria de Vigo explica por correo electrónico que “el Brexit provocó un gran reto logístico y de operativa, especialmente durante los primeros meses de 2021”. El impacto, dice, “no solo afectó a los muelles de descarga sino también al transporte por carretera”, debido a las demoras que sufrían en territorio británico los transportistas gallegos. “Tuvimos que dotarnos a contrarreloj de las infraestructuras adecuadas para este nuevo control de personas y mercancías”, indica.Todas las capturas de los pesqueros británicos debían pasar por controles sanitarios y veterinarios en el mismo día de la descarga, al tratarse de pescado fresco, además de separarse el pescado del canal ordinario de primera venta. Esa misma fuente asegura que, en este momento, los procedimientos aduaneros y sanitarios ya están “plenamente interiorizados, normalizados y automatizados por los operadores portuarios”.