Poco han durado los 14,2 millones de dólares gastados en una obra para rehabilitar el estanque reflectante del Monumento a Lincoln. A los pocos días de llenarse de nuevo de agua, y tras haber pintado de azul color bandera de EEUU el fondo, comenzaron a salir de nuevo algas verdosas.
La respuesta del presidente de EEUU, después de presumir de su obra, encargada a dedo con la excusa de los fastos del 250 aniversario de la independencia de EEUU, ha sido culpar a actos vandálicos, si bien no ha trascendido ninguno.
Así, este domingo decía en Truth Social: “Se iniciarán de inmediato los trabajos para reparar el estanque reflectante, que ha sufrido graves actos de vandalismo. Acabo de inspeccionarlo y solo pude decirme a mí mismo, y a los que me rodeaban: ¡Guau!, ¿quién haría algo así? ¡Gente enferma y desquiciada! Lo arreglaremos”.
El día anterior, el sábado, Trump anunció que las autoridades federales habían llevado a cabo “múltiples detenciones” de personas que, según él, estaban destrozando el estanque reflectante.
Trump afirmó que sus predecesores habían dejado que el estanque se tiñera de un verde manchado por las algas y que él lo revestiría con el “azul de la bandera estadounidense” para que reflejara mejor el Monumento a Washington. Pero, tras la inauguración del nuevo estanque, su matiz azul se convirtió rápidamente en el verde de siempre.










