En el kilómetro cero del Estado español, en ese centro simbólico que es la Puerta del Sol, no hay un solo árbol bajo el que cobijarse en esta primera ola de calor que tenemos ya encima. Sin embargo, Madrid suele presumir de ser una de las ciudades más arboladas del mundo. Pero tener árboles no es como tener mobiliario urbano, tenerlos —aunque sean muchos— no significa tener ni los suficientes ni tenerlos donde son necesarios. Es importante la cantidad de vegetación, pero igual de importante o más es dónde están estas zonas arboladas y el acceso que tienen las y los ciudadanos a ellas en los lugares donde viven. Porque el problema de una ola de calor no es solo cuántos grados marcará el termómetro, sino cómo afectará la falta de sombra a la población.
El calor no cae por igual sobre las ciudades y hay barrios que tienen árboles y barrios que tienen asfalto. Mucho asfalto. Siguiendo en la ciudad de Madrid se sabe que existen diferencias de temperatura de hasta ocho grados entre distintos puntos de la capital. Cuando se habla de ola de calor, la temperatura es una parte, la otra tiene que ver con la desigualdad porque es en los barrios donde coinciden las rentas más bajas y las viviendas peor adaptadas al calor, donde el hecho de que haya menos zonas verdes tiene un impacto directo en la salud de esas vecinas y vecinos.









