Se le da tan poco valor al arbolado que más que como un ser vivo es tratado como mobiliario, igual que un banco o una papelera. De ahí que movilizaciones contra las talas se hayan convertido en rutina para grupos vecinales de toda España

Medio kilómetro separa infierno y paraíso. El pasado 20 de septiembre, la iniciativa Termometrada Estatal, organizada por asociaciones ambientales con financiación del Ministerio para la Transición Ecológica, midió las diferencias entre zonas verdes y plazas de cemento sin vegetación. Uno de los objetivos era mostrar el fenómeno de las islas de calor, lugares donde el asfalto o los edificios conforman un microclima difícil de soportar en verano. “Frente a la puerta grande de la Monumental de Las Ventas. Monumental el calor de la plaza-sartén también”, escribía la persona encargada de tomar la temperatura ante el coso taurino de Madrid, con tráfico alrededor, pavimento artificial y sin árboles. La zona era etiquetada, por tanto, como “infierno”. En el Parque de María Eva Duarte de Perón, a 500 metros, con suelo natural y abundantes especies arbóreas y arbustivas, se estaba 2,5 grados centígrados por debajo (32 frente a 29,5) a las cinco de la tarde. “Paraíso”.