El franc�s Bertrand Sourdais celebra 26 a�os de su llegada a Espa�a estrenando nueva sede para Dominio de Es en San Esteban de Gormaz (Soria), la zona m�s oriental de la Ribera del Duero. Sus vinos, algunos por encima de mil euros, est�n en la �lite de los grandes tintos del mundo.Basta perderse una noche por las calles de San Esteban de Gormaz con Bertrand Sourdais para intuir que este franc�s ya no es un extranjero en Soria. Quien haya recorrido junto al inquieto vigneron nacido en Chinon (Valle del Loira) las viejas parcelas de vi�edo que se extienden en el entorno del valle de Atauta, que Sourdais conoce como la palma de su mano, puede dar fe del arraigo del viticultor a este territorio, que atesora un patrimonio �nico de vi�as prefilox�ricas y emociona por la conmovedora austeridad de su paisaje.A pesar del acento que le delata (a estas alturas, parece dif�cil que alg�n d�a lo pierda), Bertrand Sourdais no solo ha echado ra�ces en tierra soriana. Tambi�n se ha comprometido con los vinos de este territorio, localizado en la frontera oriental, m�s extrema y marginada de la Ribera del Duero, para situarlos en la �lite de los grandes tintos del mundo.Bertrand Soudrais en las nuevas instalaciones de Dominio de Es en la localidad soriana de San Esteban de Gormaz.�lvaro Fern�ndez PrietoUn franc�s en el Oriente de la Ribera del Duero El franc�s lleg� a la comarca en 1999, recomendado por �lvaro Palacios, con quien hab�a trabajado un a�o antes en el Priorat. "Conoc� a Ricardo P�rez, hoy viticultor en el Bierzo y sobrino de �lvaro, estudiando Enolog�a en Burdeos. Nos hicimos buenos amigos y en 1998 me llev� a conocer y echar una mano en la bodega de su t�o, en el Priorat. Aquello me dej� marcado. Un a�o despu�s llam� a �lvaro para que me consiguiera trabajo en Espa�a. Si me quedaba en Francia ten�a que hacer la mili o trabajar en la bodega de mis padres, Domaine de Pallus, en Chinon; lo que ven�a a ser m�s o menos lo mismo", relata el franc�s.A los 15 d�as, el riojano Palacios -excelente agente laboral para j�venes en�logos deseosos de adquirir experiencia en este pa�s- le facilit� ese trabajo. "Me cont� que Miguel S�nchez, su distribuidor en Madrid, de origen soriano, quer�a montar una bodega en su tierra y necesitaba un en�logo. As� que vine y me encontr� con un lugar de ensue�o, absolutamente arcaico. Me dije: 'Qu� bonito es todo esto, pero no veo una sola vi�a'. Tampoco gente, a decir verdad. Cuando por fin me top� con las vi�as viejas, comprend� que era una oportunidad �nica. Porque esto en Francia no existe desde los tiempos de la filoxera".Sourdais cay� rendido bajo el hechizo de Soria y decidi� quedarse, a pesar de que apenas hablaba espa�ol: "Hab�a pasado una temporada en Chile y unos meses en Catalu�a. As� que el espa�ol que hablaba era muy distinto al que se habla en Soria", aclara. Su trayectoria en Espa�a comenz� con el proyecto de Dominio de Atauta. En el rinc�n m�s inexplorado de la Ribera del Duero, el franc�s supo revelar matices desconocidos de la ubicua tempranillo. "Me enamor� de Atauta enseguida. Aquel paisaje desolado y aquellas vi�as antiguas me fascinaron, pero tard� en entender c�mo sacar el mejor provecho de todo aquello. Porque yo llegaba con la cultura francesa en la cabeza: mis sistemas de poda, mis palitos rectos, mi vegetaci�n entre vi�as... Y los paisanos m�s viejos me dec�an: '�Eh, franc�s, que as� no se hace, que te la vas a cargar...!'. Al final tuve que darles la raz�n, porque ellos llevan generaciones observando el comportamiento de estas vides en esta tierra".Aun con esos tropiezos iniciales, los 10 a�os en los que Bertrand Sourdais estuvo al frente de Dominio de Atauta bastaron para gestar una revoluci�n. "Pudimos demostrar que la Ribera del Duero no se acababa en Valladolid y Burgos. Que aqu� tambi�n tenemos grandes vinos. Y que, adem�s, son muy diferentes a los del otro extremo de la Denominaci�n de Origen", apunta el viticultor.Vista de San Esteban de Gormaz.�lvaro Fern�ndez PrietoLas tres bodegas Sorianas de Bertrand SourdaisSourdais impuls� en Dominio de Atauta grandes cambios. "Hasta entonces, casi todas las bodegas criaban sus vinos en barricas nuevas; yo no. Hac�an vinos negros; yo apost� por tintos con menos color. A�ad�an todo tipo de productos de s�ntesis en sus vi�as; yo cultivaba en ecol�gico. Todas las bodegas so�aban con elaborar un gran vino de 100.000 botellas; yo me limitaba a dos barricas para las grandes cuv�es", explica.Aquel per�odo dorado de Sourdais en Atauta, marcado por el �xito en los mercados internacionales y un fuerte impacto medi�tico, dur� una d�cada, hasta que Miguel S�nchez decidi� vender la bodega. El franc�s, que hasta entonces hab�a trabajado con total libertad, no termin� de entenderse con los nuevos propietarios y abandon� la compa��a en 2010 para iniciar su propia aventura como bodeguero al a�o siguiente. Y lo hizo por partida doble: Bodegas Ant�doto y Dominio de Es.�Dos bodegas de una misma propiedad en la misma zona? "S�, lo tuve claro desde el principio. Y no solo porque vinificamos �nicamente tempranillo y albillo. Cuando sal� de Dominio de Atauta vinificaba 42 suelos distintos y actualmente trabajo 66 parcelas de vi�edo, con una enorme diversidad de calidades. Y para m� no es coherente que en una misma bodega convivan un vino de 15 euros y otro de 1.500. Por muy buenos que sean ambos. No se puede vender pr�t-�-porter y alta costura en la misma tienda".A estas dos bodegas se ha sumado una m�s: Galia Soriana. As�, tras 26 a�os afincado en la provincia considerada como la "zona cero" de la Espa�a vaciada -con una densidad de poblaci�n inferior a nueve habitantes por kil�metro cuadrado, Soria es la provincia menos poblada del pa�s-, el franc�s mantiene intacto el foco y lidera tres proyectos en la comarca: "Es verdad que he ido a contracorriente de lo que hacen muchas bodegas en Espa�a, que cuando les va bien en una regi�n vin�cola apuestan por montar un nuevo proyecto en otra que est� de moda, saltando de Rioja a Rueda, Galicia, Gredos o donde sea. Yo, en cambio, he montado tres bodegas en Soria, porque creo en el potencial de esta zona y prefiero profundizar en sus matices, seguir explorando toda la riqueza que tiene, que es extraordinaria".Con un perfil muy et�reo, que rompe con el arquetipo del tinto castellano m�s bien rotundo, La Diva es la reina de Dominio de y procede de una parcela de apenas 0,15 hect�reas. Sus delicados matices florales, herb�ceos y minerales no se contradicen con un tanino fin�simo y una larga persistencia.�lvaro Fern�ndez PrietoEl compromiso de Sourdais con los vinos del terru�o soriano est� patente en cada una de sus elaboraciones. Las hay tan excelsas y minoritarias como La Diva, la cuv�e m�s anhelada del repertorio de Dominio de Es, con una producci�n limitada a unas 300 botellas en las mejores a�adas (La Diva 2022, 1.125 euros), y La Mata 2016 (490 euros) otra de las "cuv�es" m�s excelsas que elabora Bertrand Sourdais en Dominio de Es. Otras sutiles como Le Ros�, pionero entre los rosados vern�culos concebidos para una larga guarda, que convive en la gama de Ant�doto con vinos de precio asequible y trago amable; y radicales en la expresi�n del terroir inexplorado de la regi�n, como los que firma Galia Soriana, el �ltimo proyecto que el franc�s ha sumado a su particular "cruzada" por este rinc�n de la vieja Castilla.Una bodega de capricho para Dominio de EsPara sellar su idilio con esta regi�n tan desolada como, parad�jicamente, f�rtil para la elaboraci�n de grandes vinos, Bertrand Sourdais estrena estos d�as las instalaciones de la nueva bodega de Dominio de Es. Un delicioso capricho arquitect�nico, sobrio y minimalista, concebido en funci�n del vino, con el que el viticultor se concede un homenaje tras m�s de dos d�cadas de trabajo.La Mata es "el m�s franc�s de los vinos de Dominio de Es; puede recordar quiz�s a un tinto del R�dano", seg�n su propio autor. Con una personalidad m�s agreste, profunda y densa, aunque no por ello menos vibrante.�lvaro Fern�ndez PrietoNo es casualidad que la flamante bodega se levante en pleno centro urbano de San Esteban de Gormaz, localidad cuya tradici�n vin�cola se revela en m�s de 300 bodegas subterr�neas. Por las noches, el pueblo se transforma en un escenario casi m�gico en el que Sourdais se mueve como pez en el agua, subiendo y bajando escalinatas, col�ndose por estrechos pasadizos y asom�ndose a rincones que podr�an servir de decorado para una pel�cula de Tim Burton: "Lo m�s f�cil habr�a sido montar una bodega en las afueras, como cualquier otra. Pero quer�a crear una dentro del pueblo, construida por gente de Soria, que perdure en el tiempo como un legado".Las nuevas instalaciones de Dominio de Es fueron proyectadas por el arquitecto Eduardo Castillo, "que falleci� sin llegar a ver la obra terminada", lamenta el bodeguero. La fachada exterior, de una austeridad espartana, no da pistas de lo que el visitante encontrar� en el interior. Tras un amplio patio previsto para la recepci�n de la uva en la vendimia, se accede al edificio, que respira un moderno minimalismo.Sala de barricas del Dominio de Es, con la roca madre a la vista en el muro del fondo. Abajo, una vista de San Esteban de Gormaz.�lvaro Fern�ndez PrietoLas instalaciones se distribuyen en cinco plantas. A la altura de la calle se sit�a la zona de fermentaci�n, equipada con foudres de distintos tama�os -el acero inoxidable no existe en esta bodega-. En el primer subsuelo, a seis metros de profundidad, se encuentra la sala de crianza, rematada por una pared de roca viva: "La idea es aprovechar el efecto de la humedad y mantener una temperatura media de 13 grados durante todo el a�o. Tambi�n los aromas que aporta la tierra, porque creo firmemente que las bodegas forman parte del terroir que define el car�cter del vino".En el segundo subsuelo, a 10 metros de profundidad, se localizan la sala de embotellado y la reserva de antiguas a�adas de la bodega. Sobre la planta principal se sit�a la sala de catas, con grandes ventanales abiertos al casco urbano del pueblo, decorada por los interioristas Karmele Montejano de Ter�n y Jorge Rodr�guez Benaiges con muebles de dise�o dan�s. Remata el edificio un �tico abuhardillado: "Esta bodega es un sue�o hecho realidad. Aqu� trabajo en paz, haciendo los vinos que siempre he querido, con tiempo y sin prisas", concluye Sourdais.