Pasadas las 10 de la noche, las últimas luces de un día ardiente se han extinguido en el horizonte, el adoquín de granito del paseo marítimo aún guarda algo de calor. De pronto, una sutil brisa entra desde el el mar y refresca toda la bahía. Los faroles de luz se combinan con la luna llena para alumbrar el camino y sacar algo de brillo blanco a las aguas quietas del mar.
Las jornadas marcadas por el calor son cada vez más frecuentes. Las noches de más de 20 grados empiezan a convertirse en la norma. La vegetación que la primavera pintó de verde comienza a ceder ante el dorado veraniego. Son señales inequívocas, la estación más esperada del año está a la vuelta de la esquina. El interior de la península comenzará a vaciarse progresivamente en busca de un aliado contra el calor. El aliado de todos los tiempos. El mar.
Y el mar, en España, no solo se baña. Se pasea. De norte a sur, en el Atlántico o en el Mediterráneo, las ciudades costeras guardan un secreto que los veraneantes descubren cada año y los locales conocen de toda la vida: el alma de sus paseos marítimos cuando cae la noche. Son espacios para quienes buscan desconectar del bullicio —o acompañarlo, según el lugar—; para quienes escapan de habitaciones sofocantes; para quienes esperan a que el calor afloje antes de sacar al perro; y para quienes, sencillamente, encuentran allí una forma de estar. Aquí se sugieren cinco ciudades, cinco paseos marítimos con una personalidad propia para disfrutar de un paseo por el litoral cuando el sol deja de apretar.








