Lorena Cantó |

Pekín (EFE).- China no tiene asiento en la mesa del G7 que este miércoles concluye su reunión en Évian-les-Bains (Francia), pero es el actor que más sombra proyecta en la distancia sobre un club que lleva años señalando a Pekín como rival sistémico, y al que expertos perciben como dividido y anquilosado.

El grupo compuesto por Estados Unidos, Canadá, Alemania, Francia, Italia, Reino Unido, la UE y Japón atraviesa un momento de tensión interna y, a excepción de Tokio, cinco de sus siete miembros mantienen hoy una conversación más fluida con Pekín que con un Washington que llega a Francia con nuevas amenazas arancelarias y una política exterior imprevisible.

La ascendencia del gigante asiático pese a su ausencia formal del bloque quedó patente también cuando el pasado 11 de junio el presidente francés, Emmanuel Macron, convocó al Gobierno chino a una vídeoconferencia para abordar los desequilibrios comerciales globales, en un gesto inédito desde la creación del G7.

China, ni dentro ni fuera