Hoy está reunido el G7 en una pequeña localidad de los Alpes franceses, junto a la frontera suiza. El grupo se creó en 1973, aunque llegó a siete miembros en 1976, cuando EEUU decidió romper unilateralmente la convertibilidad del patrón dólar-oro aprobada en Bretton Woods en 1944, para coordinar las políticas económicas. En aquel momento, el grupo representaba menos del 15% de la población mundial y generaba casi el 75% del PIB mundial. En la actualidad, se ha incorporado la Comisión Europea, representando a los 27 países europeos; su población es menos del 10% mundial y su PIB, menos de la mitad. En 1980, China transitó de un sistema de planificación comunista a uno de economía de mercado. En ese momento eran más del 20% de la población mundial, pero solo suponían el 2% del PIB total generado en el mundo. Hoy en China apenas nacen niños y ya son menos del 20% de la población mundial, pero ya suponen casi el 20% del PIB global. El éxito del modelo chino ha sido convertirse en la fábrica del mundo y ya suponen un tercio de la producción industrial mundial. Les favoreció que se alejaran de Rusia y que EEUU presionara para aceptarlos en la Organización Mundial del Comercio, y eso implicó una drástica reducción de aranceles. Hoy, en el G7, Trump presiona a los países europeos para que sean más proteccionistas contra China. En España, el debate está en las joyas de Zapatero y en la corrupción, pero el futuro de buena parte de nuestra industria se está decidiendo hoy en esa pequeña localidad de los Alpes. Macron ya está con Trump y la duda es qué hará Alemania. Los alemanes eran la China de los años sesenta y setenta e inundaron el mundo con sus exportaciones industriales. Hoy su industria tiene una grave crisis de competitividad, pero siguen teniendo un nivel de exportaciones por habitante muy superior al de los chinos. Alemania ya ha apoyado en el Consejo Europeo aranceles del 45% sobre la importación de coches chinos, nivel de protección similar al de Trump en EEUU. Pero muchas empresas alemanas de otros sectores siguen exportando mucho a China, el Gobierno de Xi Jinping amenaza con represalias sobre sus productos y presionan al canciller Merz para evitarlo. TE PUEDE INTERESAR Opinión Ya sabemos que Trump es pertinaz, como las sequías, y no parará hasta conseguir su objetivo. La clave es cómo compatibilizar esa protección con el mercado único europeo y la estricta regulación de competencia y ayudas de Estado que impone Bruselas. En clave de las empresas españolas, con elevada deuda pública, escaso margen fiscal y sin presupuestos desde hace tres años, es importante mantener estándares de competencia y de mercado único elevados. España tiene en estos momentos un problema de competitividad contra China, pero tiene mejores ventajas comparativas que nuestros socios europeos. Nuestros niveles de costes laborales unitarios, salario dividido por la productividad por trabajador, son mucho más bajos en el sector industrial que en Alemania y Francia, y similares ya a los de Polonia y Chequia. Y nuestros costes energéticos, gracias a nuestro mix de renovables, gas y nuclear, son muy inferiores a los del resto de países europeos, incluidos también los de Polonia y Chequia. TE PUEDE INTERESAR En este escenario, la posición que más beneficiaría a España, coincide con la italiana, es la que recomendó Mario Draghi en su informe. Europa no podrá competir en salarios con China, ni siquiera España, y la solución que propone Draghi es mejorar la productividad. Eso pasa necesariamente por mejorar la innovación de las empresas españolas, especialmente de las empresas medianas con alto potencial de crecimiento, y para eso los proyectos de inversión y sus planes estratégicos deben ser globales o no serán. En España, tanto Cepyme 500 como el programa del ICEX Cre100do se centran en ese tipo de empresas. En este reto es clave que estas empresas incorporen la inteligencia artificial, al menos al mismo nivel que sus competidores internacionales. La paradoja es que tanto el Gobierno central como los autonómicos ponen la alfombra roja a empresas chinas que quieren instalarse en España e incluso sacan leyes a medida para ellas, mientras a las empresas españolas por encima de 50 trabajadores les hacen regulaciones que las excluyen de los planes de política industrial y ayudas, y les exigen sobrerregulación del ayuntamiento, la diputación, la comunidad autónoma, el Gobierno central y Bruselas. España debe estar siempre del lado de nuestros socios europeos en la confrontación con China, nuestro Gobierno debe defender la propuesta de Mario Draghi en su informe y todos los gobiernos en España deben resetearse rápido y coordinar la política industrial y la simplificación administrativa para favorecer al máximo el crecimiento de esas empresas, que son las que crean salarios más altos para mantener las pensiones, la sanidad, la educación y la dependencia. Hoy está reunido el G7 en una pequeña localidad de los Alpes franceses, junto a la frontera suiza. El grupo se creó en 1973, aunque llegó a siete miembros en 1976, cuando EEUU decidió romper unilateralmente la convertibilidad del patrón dólar-oro aprobada en Bretton Woods en 1944, para coordinar las políticas económicas. En aquel momento, el grupo representaba menos del 15% de la población mundial y generaba casi el 75% del PIB mundial. En la actualidad, se ha incorporado la Comisión Europea, representando a los 27 países europeos; su población es menos del 10% mundial y su PIB, menos de la mitad.