Pablo Scarpellini Los �ngelesActualizado Lunes,

junio

22:52Nada le ha salido a Donald Trump como esperaba en Ir�n. M�s de tres meses despu�s de lanzar un ataque coordinado con Israel sobre su principal enemigo en Oriente Pr�ximo, Washington ha logrado alcanzar un acuerdo de paz con Teher�n sin dejar resuelto ninguno de los objetivos con los que la Administraci�n del republicano trat� de justificar un ataque sin permiso del Congreso, ni respaldo de la OTAN ni un argumento l�gico para justificarlo. El resultado es un fiasco considerable: el programa nuclear iran� sigue en pie, la divisi�n interna republicana es considerable y el descontento del estadounidense medio amenaza con infringir un castigo hist�rico a los conservadores en las urnas en los comicios de noviembre. Ah� quedan los elevados precios de la gasolina durante meses, alterando la marcha de la econom�a, y el peor �ndice de inflaci�n en tres a�os a ra�z del cierre del Estrecho de Ormuz. El 4,2% del IPC de mayo es, para muchos, el resultado de un pol�tica fallida y una retah�la de promesas incumplidas. Durante meses, Trump no solo prometi� no entrar en guerra bajo ning�n concepto, sino que habl� de una era dorada para Estados Unidos que traer�a riqueza y prosperidad para todos a unos niveles sin precedentes. La realidad ha resultado ser muy distinta. La orden de atacar Ir�n del pasado 28 de febrero hizo saltar por los aires esa ret�rica y desat� una espiral de malas noticias para Estados Unidos que se ha traducido en el peor �ndice de popularidad de Trump desde que asumi� el poder en enero del a�o pasado. El 60% desaprueba su gesti�n, de acuerdo a la encuesta de YouGov, y m�s de la mitad de los estadounidenses cree que la guerra fue una mala idea desde el principio. El porcentaje ha ido descendiendo con el paso del tiempo. Ahora la aprobaci�n al conflicto no supera el 30%.Como suele ser habitual, Trump ha celebrado el acuerdo de paz como un triunfo personal, aunque la factura se antoja elevada, tanto en casa como a nivel internacional. Para empezar, por la humillaci�n diplom�tica sin precedentes que supuso el rechazo de la OTAN a respaldar sus operaciones militares en el Estrecho de Ormuz. Trump llam� personalmente a varios de los l�deres europeos para tratar de liberar el embudo y se encontr� con negativa tras negativa. El presidente estadounidense calific� el rechazo aliado de "un grav�simo error" y lleg� a amenazar con abandonar la Alianza Atl�ntica. "La OTAN no estuvo all� cuando la necesit�bamos, y no estar� all� si volvemos a necesitarla", dijo en una de sus publicaciones en Truth Social. Y eso que en 2023 el Congreso aprob� una ley que impide a cualquier presidente de Estados Unidos retirarse de la OTAN sin su autorizaci�n. La guerra no ha hecho m�s que exacerbar el sentimiento de rechazo de Trump a la Alianza. Ya durante su primer mandato, el republicano sugiri� que ten�a la autoridad para abandonar la OTAN por iniciativa propia, otra de sus amenazas -como la de invadir Groenlandia o pasar a controlar el Canal de Panam�- que ha quedado en nada, al menos de momento. En los pasillos del Congreso en Washington, su incursi�n en Ir�n tampoco no ha sentado bien. No se trata de voces dem�cratas ni de medios de comunicaci�n adversos: son los propios aliados de Trump quienes han roto filas. El diputado republicano Joe Kent, uno de los ac�rrimos seguidores del movimiento MAGA (Make America Great Again), abandon� abruptamente su cargo como director del Centro Nacional Antiterrorista precisamente por su oposici�n frontal a la decisi�n de Trump de ir a la guerra contra Ir�n. Cuando alguien de la �rbita m�s dura del trumpismo dimite por principios, la se�al es inequ�voca. Incluso miembros del propio Partido Republicano han criticado duramente el acuerdo de paz alcanzado, con algunos afirmando que no mejoraba en nada los t�rminos del acuerdo nuclear iran� de 2015, el mismo pacto que Trump hundi� durante su primer mandato. Lo que s� parece haber funcionado sin contratiempos es el beneficio para la familia del presidente. Los hijos de Trump, Eric y Donald Jr., se incorporaron al consejo de administraci�n de Powerus, una empresa fabricante de drones armados, apenas d�as despu�s de que Trump iniciara la guerra en Ir�n. Powerus obtuvo contratos con el Pent�gono directamente ligados al conflicto. Donald Trump Jr. tiene, adem�s, participaci�n en Vulcan Elements, una corporaci�n que produce imanes de tierras raras, utilizados principalmente en sistemas de defensa y que en diciembre recibi� un pr�stamo may�sculo de 620 millones de d�lares del Departamento de Defensa. Y mientras los hijos manejaban el negocio de los drones, el yerno negociaba la paz. Jared Kushner particip� como asesor clave en las negociaciones de paz con Ir�n celebradas en Pakist�n, sin cargo oficial en el gobierno -se defini� como "voluntario"- mientras dirige a tiempo completo Affinity Partners, su firma de capital de riesgo que ha recaudado miles de millones de d�lares casi en su totalidad procedentes de Pr�ximo, la misma regi�n donde negocia en nombre del presidente.El anuncio de paz cierra, en principio, el periodo m�s turbulento de la presidencia de Trump, a la espera del dictamen de las urnas en noviembre en las elecciones de medio mandato. Los republicanos se juegan perder el control de ambas c�maras y complicarle a�n m�s existencia a su jefe en el Despacho Oval.