La visita a España de Robert F. Prevost –papa León XIV– ha dejado unas páginas para la historia del esperpento institucional español.

Prevost vino en su doble papel de líder de la Iglesia católica y de jefe del Estado vaticano. Se nos aseguró que fue invitado a dar un discurso en las Cortes como lo segundo, lo que tampoco era de recibo al tratarse de una teocracia que vulnera sistemáticamente derechos humanos, especialmente de las mujeres –lo mismo que la Iglesia–, y porque las leoninas relaciones de ese Estado con el nuestro nos perjudican gravemente, sobre todo en términos educativos y económicos. Por ello Europa Laica pidió la anulación del acto, o, en su defecto, el plante de autoridades.

La visita de Prevost, y en especial su sermón parlamentario, nos ha dejado una fotografía nítida de la miseria confesional de las instituciones públicas españolas

Sin embargo, el propio pontífice aclaró pronto en su intervención que hablaba “como Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia católica”, ¡no como jefe de Estado! Cerraba así el paraguas legal que pretendía dar cierta legitimidad al “excepcional” privilegio, dejando que cayera el chaparrón de su homilía sobre las Cortes. Ese momento fue una oportunidad para que parlamentarios y otras autoridades abandonaran decorosamente el salón y se pusieran a cubierto. En lugar de eso, los representantes públicos se mantuvieron como un dócil rebaño ante el leonino Pastor.