Cuando uno lee que hasta el 1975 las mujeres españolas no podían abrir una cuenta bancaria a su nombre sin el permiso del marido, por la denominada licencia marital, piensa en lo mucho que hemos progresado. Cuando recuerda la incorporación masiva de la mujer al mercado laboral a finales del siglo XX se imagina un progreso que parece imparable. Pero, el globo de la satisfacción pincha al observar que en la actualidad la brecha salarial de género sigue vigente y, peor aún, con síntomas de haberse estancado.Los datos son diversos según las fuentes y el material de base utilizado, pero todos muestran una brecha importante y que está frenando su ritmo de corrección. El último es el facilitado por un informe de CC.OO. de esta semana pasada que sitúa la diferencia salarial entre hombres y mujeres en un 20,6% y con síntomas de no mejorar en el último periodo.Lo más preocupante es que una parte importante de la desigualdad de género no es tanto la que podemos contabilizar, la de los salarios, cargos o acceso a oportunidades; sino la invisible, la que no se ve y, que como tal, más efecto provoca y más se resiste a corregirse. Es una tríada maléfica que parte del no ser vista, continua con el no ser medida y desemboca en el no ser tenida en cuenta, como explica Marta Grañó, profesora de OBS Business School, en un análisis de la situación a nivel mundial.La muestra más clara de esta desigualdad invisible es el trabajo doméstico y de cuidados no remunerados que los expertos califican de una de las mayores infraestructuras de la economía contemporánea, que se transforma en el engranaje que permite que el trabajo remunerado funcione, que la productividad se mantenga y que , como derivada, exista el bienestar social. Las mujeres son mayoría en los trabajos a tiempo parcial y en las ocupaciones peor pagadas Dos datos permiten situar el peso enorme del trabajo no remunerado en el mundo. El primero es que se realizan cada día 16.000 millones de horas diarias de trabajo no remunerado, según estudios de la OIT. Y el segundo, que las mujeres dedican 2,5 veces más horas al trabajo doméstico y a cuidados no remunerados, de acuerdo con ONU mujeres. Ya tenemos situados pues la magnitud del problema, enorme, y a quién afecta muy particularmente, a las mujeres.Si a esta situación, se le añade el clima actual en que segmentos de la sociedad interpretan que la igualdad entre hombres y mujeres ya se ha alcanzado y que estamos en zona de excesos de la dominancia del feminismo, hombres jóvenes especialmente que declaran sentirse en desventaja por las políticas de igualdad de género, se va a una negación del problema y a un freno de la aplicación de medidas correctoras.Tenemos pues un punto de salida que nos lastra, pero incluso en los elementos visibles, los que se pueden contabilizar, como los salarios, las cosas tampoco van bien. No avanzan como correspondería a una sociedad avanzada como la española. Todo apunta a que la reducción de la brecha en los salarios entre hombres y mujeres sigue siendo elevada y que se ha estancado, a lo que se suma que el efecto que tuvo el aumento del salario mínimo interprofesional (SMI) en los últimos años, lógico al centrarse en un incremento de los sueldos más bajos, se ha agotado.Una brigada de mujeres de servicio de limpieza en Barcelona Mané Espinosa / PropiasLa diferencia salarial en España no viene tanto por una discriminación directa de las mujeres, que también puede existir, ahora lo veremos, sino por una derivada de dos situaciones que condicionan el resultado. La principal es la jornada laboral, con las trabajadoras ocupando una parte muy superior del trabajo a tiempo parcial y más significativo, con cerca de la mitad de las que tienen este horario no por elección propia, sino porque no les queda otra opción. España es junto con Italia, el país europeo con mayor involuntariedad en la jornada a tiempo parcial. Solo este concepto ya explica la mitad de la brecha salarial entre hombres y mujeres.Otro factor determinante es que las mujeres trabajan mayoritariamente en sectores peor pagados. Un par de ejemplos para ilustrarlo. En las dos ocupaciones peor pagadas, como son servicios no cualificados y restauración y comercio, las trabajadoras suponen más del 60% del total de la mano de obra. Y el segundo, las cuatro ramas de actividad con salarios más bajos también con copadas por las mujeres.Lee tambiénDespués llega el factor potencialmente discriminatorio. Un porcentaje, 12 puntos de los 30 de brecha en el sector privado en España, que no tiene explicación clara. Puede ser por motivos de maternidad, cuidados o pura discriminación por ser mujer, según los autores del estudio de CC.OO.. A estos factores negativos, se les añade un elemento que actúa de atenuante, como es el mayor nivel educativo de las mujeres.España va con retraso en la transposición de la directiva europea que aportará transparencia a los salariosEstablecido el diagnóstico, ¿cómo corregir la brecha? Pues, está difícil. De entrada, por el viento en contra que citábamos de sectores sociales que creen que las políticas de género ya han ido demasiado lejos, una predisposición que coincide perfectamente con el auge de la ideología de extrema derecha. A continuación, por la invisibilidad de muchos trabajos, como hogar y cuidados que no son retribuidos y sí ejercidos mayoritariamente por mujeres. Y finalmente, en el terreno salarial, por la dificultad en modificar fenómenos estructurales, como la jornada parcial o los sectores en que se concentran las mujeres.Una fórmula en que confían los sindicatos es en los efectos de la transposición de la directiva europea sobre transparencia salarial, que tiene como objetivo reducir la brecha de género en esta área. El Gobierno español va tarde porque tocaba hacerlo antes del 7 de junio, aunque ahora desde Trabajo dicen que lo aceleran para llevarlo pronto a debate con los agentes sociales. La directiva establece que las empresas de más de 100 trabajadores deben facilitar información sobre la brecha salarial de género, con lo que se gana transparencia. Además, determina que a partir de un 5% de brecha salarial, las empresas tienen que justificar a qué responde la diferencia.Los sindicatos también llevarán el tema al nuevo AENC, la negociación entre patronal y sindicatos que debe cubrir del 2026 al 2028, pero aquí las cosas no irán ni rápido ni previsiblemente hacia el consenso. Rápido no, porque todavía no se ha fijado fecha para su inicio, con una patronal que parece que ha interiorizado que esta legislatura ya no da para más acuerdos y espera un cambio político; y difícil porque la prioridad actual de la CEOE no es la brecha salarial, sino las bajas laborales, a las que, por cierto, mañana dedica una jornada. En conclusión, hay brecha salarial para rato.Redactor jefe de la sección de Economía de La Vanguardia