Perder casi 300 euros al mes todos los meses, durante años. Eso es lo que le pasó a Patricia López, madrileña de 47 años, y lo que le pasa a otras muchísimas mujeres en España. ¿El motivo? Reducción de jornada después de tener un hijo. “Por un tema cultural y social, tienes en la cabeza que eres tú la que se tiene que encargar, y al final yo llevaba en mi empresa más tiempo que mi marido. Además, si eres madre, las probabilidades de que te echen del trabajo son más altas que si eres padre”, explica sobre su razonamiento entonces. Así que cuando pensó en posibles llamadas de la guardería para recoger al niño si se ponía enfermo y en las probabilidades que tendría de no poder cumplir con el horario, optó por reducirse la jornada. Aunque implicara ganar menos. Es mucho más común que una mujer tome esa decisión a que lo haga un hombre. De hecho, 328.000 trabajadoras en España están en esta situación, al haber pasado de una jornada completa a una parcial o disminuido el número de horas de trabajo, frente a 33.400 hombres (el 8,9% de las ocupadas con alguien a cargo frente al 0,9% de ellos). Prácticamente 10 veces más. Se trata de datos referidos al año pasado y provienen del módulo de conciliación de la Encuesta de Población Activa que este viernes ha publicado el Instituto Nacional de Estadística. Que el peso de los cuidados, tanto de niños como de familiares dependientes, recae en las mujeres no es ninguna novedad. Pero cada vez que se publican cifras, se corrobora la brecha que sigue habiendo entre ellas y ellos.No solo la reducción de jornada es una salida para compatibilizar cuidados y trabajo. Hay quien pide excedencias, quien cambia de puesto de trabajo o quienes pasan a realizar tareas menos exigentes. Cerca del 33% de las mujeres optan por alguna de estas modalidades frente al 18% de los hombres. Aunque la mayoría enfrenta los cuidados sin modificar en nada su vida laboral, cuando ocurre son las mujeres las más afectadas. En fin, que “renuncian” para poder cuidar, en palabras de Maite Egoscozabal, socióloga del club de Malasmadres, haciendo gala de uno de los lemas de esta asociación que lleva diez años poniendo sobre la mesa el problema de la conciliación en España. “La renuncia tiene nombre de mujer”, dice.De Patricia López, por ejemplo. Su hijo tiene nueve años. Tras el permiso por maternidad, decidió cogerse una excedencia de un año y, después, optó por la reducción de jornada. “Pierdes mucho dinero”. Pero fue la mejor fórmula que encontraron en casa. Su marido se pasaba el día fuera por el trabajo. “Me reduje lo mínimo, una hora. Entraba a las 8.30 y salía a las 15.30, iba corriendo a buscarlo a la guardería, porque salía a las 17.00”. Con el tráfico, muchos días no le daba tiempo ni a comer. Hace unos dos años que decidió volver a la jornada completa. Su marido cambió de trabajo y pudo empezar a recoger al niño. Ahora ella lo lleva y él lo va a buscar. “Creo que la reducción de jornada no me ha penalizado laboralmente. De hecho, soy responsable del departamento de recursos humanos”, afirma. Trabaja en una consultora tecnológica. Pero no todas corren esa suerte. Sara Martín, abogada de 47 años, pasó 15 con reducción de jornada. Desde que nació su primer hijo. El pasado mayo volvió a la jornada completa, ahora que su hija pequeña ha cumplido 12. Ella y su familia viven en Toledo. “Decidí ser madre para cuidar yo a mis hijos, no para cargar con la responsabilidad de la crianza a los abuelos”, afirma. “Mi marido es autónomo, le resultaba más complicado reducirse la jornada y mi sueldo era más bajo”, continúa. “Ahora mi empresa ha cambiado mucho las condiciones laborales, pero entonces había que ir cuatro tardes a la semana a la oficina”. Incompatible con ocuparse de los niños. Ella sí considera que le ha pasado factura a nivel laboral. “Al principio no lo pensé, pero mirándolo con perspectiva, creo que he perdido oportunidades de poder avanzar”. Egoscozabal, del club Malasmadres, pide ir más allá del dato: “Cuando profundizas y miras cómo se está adaptando la familia para poder conciliar, se ve claramente que la mujer destaca por encima del hombre en todo lo que tiene que ver con una renuncia con el salario, como una reducción de jornada o abandonar el mercado laboral”. Algo en lo que abunda la catedrática de Sociología de la UNED Teresa Jurado: “Persiste la desigualdad de género, tanto en los esfuerzos que hay que hacer para conciliar vida laboral y familiar como en el tiempo dedicado a los cuidados. Aunque hay instrumentos para disminuirla”. Tanto ella como Egoscozabal apuntan que, cuando no hay pérdida de salario, la implicación de los hombres es mayor. “Al preguntar por el principal cambio en el trabajo para poder conciliar, el 1,3% de los hombres responden que teletrabajan de forma regular, frente al 1,5% de las mujeres; el 9,1% de los hombres han adaptado su jornada sin necesidad de modificar el número de horas, frente al 10,4% de las mujeres”, sostiene Jurado. Las dos sociólogas aluden, de una u otra forma, a los roles tradicionales de género. “Hemos conquistado parte del mercado laboral si lo comparamos con generaciones anteriores, pero estos roles siguen pesando. No existe corresponsabilidad y se sigue dando por supuesto que las mujeres son las encargadas de los cuidados. Queremos estar presentes, pero queremos que cuidar no esté invisibilizado y que tanto los hombres como las empresas se sientan parte de esa responsabilidad social”. Añade, además, que si bien es cierto que existe una “brecha salarial” que explica que, al hacer números en casa, salga más rentable que sea la mujer quien reduzca su jornada o se tome una excedencia, esto no lo explica todo. “Es como el pez que se muerde la cola. En nuestras investigaciones vemos que, cuando los dos cobran más o menos lo mismo, el rol tradicional de género va a pesar sobre el salario”.La última vez que un módulo de la Encuesta de Población Activa se centró en conciliación fue en 2018 y, aunque no con exactamente las mismas preguntas, los resultados siguen mostrando que los cuidados recaen sobre los hombros de ellas. En España hay más de 12 millones de personas con responsabilidades de cuidado, bien de hijos y nietos o de familiares dependientes. Independientemente de cuál sea la relación con la actividad, el porcentaje de mujeres de 18 a 74 años en esta situación fue mayor que el de los hombres, tanto entre los ocupados (42% frente a 38%) como en parados (40% frente a 26%) y en población inactiva (30% frente a 19%). “Cuando hablamos de renuncia, no solo hablamos de la salarial, que para nosotras es la más importante porque repercute a lo largo de tu trayectoria, incluso a la salud mental”, señala Egoscozabal. “Nosotras nos adaptamos al sistema y queremos que el sistema sea el que se adapte a la maternidad y los cuidados, también de mayores”, prosigue. Por ello, proponen medidas como la adaptación progresiva al trabajo tras incorporarse después de tener un bebé o que haya posibilidad de reducirse la jornada sin pérdida salarial. Aunque reconoce que ha habido avances en los últimos años y que “cada vez hay más conciencia empresarial de que las jornadas no pueden ser tan largas, aún queda mucho por hacer”. Una pregunta de la encuesta ayuda a ilustrar lo que sucede. Se plantea a las personas ocupadas con responsabilidades de cuidados por la característica principal que dificulta la conciliación. El 67,5% responde que no encuentra ninguna especial en su trabajo. El 11,1%, los horarios difíciles o impredecibles. El 9,8%, las jornadas largas. Es elevado el porcentaje de quienes no dicen ver problemas. La catedrática Teresa Jurado aporta un matiz: aquí no se incluye a las mujeres que dejaron de trabajar para poder cuidar. “Una de cada diez de entre 25 y 39 años se dedicaba a labores del hogar el año pasado, frente al 2% de los hombres”, ejemplifica. Y sigue: “La cuestión del tiempo es crucial. En España no solamente se hacen muchas horas extra y muchas no pagadas, sino que además tenemos la jornada partida, con pausas muy largas”. Egoscozabal, del club Malasmadres, cree que en esa percepción social de que no hay especiales dificultades hay truco. “Primero, España es un país muy familiarista, recurrimos a redes informales para conciliar, así que muchas veces no se es tan consciente de estas dificultades; y segundo, seguimos entendiendo que tener hijos y los cuidados son una elección personal y una responsabilidad individual. Tenemos que cambiar la mirada y entenderlo como algo colectivo”.