En 2023 circulaban por el mundo más de 1.900 millones de vehículos de dos y cuatro ruedas, según datos de la Federación Internacional de la Carretera, y más del 90% funcionan aún con combustibles fósiles, de acuerdo con la ONU. El transporte, según esta organización, es responsable del 23% de las emisiones de CO2, de las que casi el 70% proviene de la circulación rodada. Por otro lado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que la contaminación ambiental está relacionada con más de cuatro millones de muertes prematuras al año. Estas cifras ya dan una idea de la necesidad de avanzar en la descarbonización de la automoción, pero por si no fuesen suficientes, los acontecimientos geopolíticos de los últimos meses, especialmente el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán han añadido alguna más. Alrededor del 20% del petróleo mundial cruza por el estrecho de Ormuz y en los tres meses que lleva bloqueado por el conflicto en Oriente Próximo su precio ha llegado a subir hasta un 70%.La descarbonización ha dejado de ser una cuestión únicamente medioambiental y climática, para asumir una dimensión económica y de soberanía. “Una transición energética que aúna renovables, aúna eficiencia y aúna usos eléctricos es un antídoto a las dos crisis, a una fragmentación del orden global y la crisis climática”, explicó Jon Groizard, secretario de Estado de Energía, en la apertura de la mesa redonda Movilidad Urbana: El adiós a los combustibles, organizada por EL PAÍS y Acciona el pasado miércoles. Para el secretario de Estado, esta transformación no plantea tanto un reto tecnológico como social y político en un país en el que, señaló, existe un consenso sobre su necesidad. “Ese es el foco que tendríamos que tener: mirar ese tipo de acuerdos en vez de hacer populismo barato con zonas de bajas emisiones, con la electrificación o con amenazas que tienen más de fantasma artificial que de otra que otra cosa”, aseguró. El destierro de los combustibles convencionales, manifiesta Groizard, es la mayor oportunidad que tienen las generaciones actuales.El paso eléctrico Con la electrificación, según los expertos que participaron en el evento, salen los números. Le salen al país, que ha empujado la generación de energías renovables que permiten amortiguar los vaivenes geopolíticos en el mercado y sobre las que construir una industria más competitiva. Y también al usuario, apunta May López, directora de Empresas por la Movilidad Sostenible, para el que el coste de propiedad —que calcula el gasto total que supone un producto a lo largo de su vida útil— “ya sale a cuenta”. Sin olvidar los peajes personales y económicos asociados a las enfermedades relacionadas con la contaminación atmosférica. “La pregunta no es si estamos en el camino, que yo creo que no hay vuelta atrás, sino si vamos a la velocidad adecuada”, señala Cristina Martínez, directora financiera de Silence, fabricante español de vehículos urbanos propiedad de Acciona, sobre la electrificación de la automoción. Es necesario meter, al menos, una marcha más. Solo un 2,5% de los vehículos en circulación son eléctricos, según datos de la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones, pero van ganando peso en las ventas, con cerca de un 21% en 2025 frente al 11,4% del año anterior. “La descarbonización va a ir más rápido cuanto más seamos capaces de renovar ese parque”, asegura Nacho Moya, director general de Faconauto, la patronal de los concesionarios. Para esto, opina López, es necesario facilitar la compra de estos vehículos a particulares y a empresas, que, a diferencia de otros países de nuestro entorno, están por detrás en electrificación respecto a los primeros. “La fiscalidad también es una palanca muy importante y lo estamos viendo en muchos países”, comenta en este sentido Moya. España cuenta con muchos de los mimbres necesarios para una transición exitosa, pero aún hay agujeros por los que se cuela este potencial. Por ejemplo, una red de recarga para los vehículos eléctricos pública, amplia pero infrautilizada, que necesita agilizar los permisos de las estaciones y optimizar la experiencia de usuario, según López. O también una nueva normativa, que según la experta, no termina de cumplirse, como la relativa a las zonas de bajas emisiones, que preveía la creación de 150 y que solo 50 Ayuntamientos han cumplido. “También vemos un gran descontento de una parte de la ciudadanía”, comenta Manuel Pérez Bravo, investigador del Instituto de Investigación Tecnológica. “Y es que parece que las normas son iguales para todos, pero las alternativas no”, dice en relación a las diferencias en el transporte público o las infraestructuras para la electrificación entre los diferentes territorios. El desafío es llegar a ofrecer a los usuarios la mayor cantidad de opciones para cubrir sus diferentes necesidades y prestar especial atención a los grupos más vulnerables. Personas para las que no es fácil comprar un coche nuevo o cuyo gasto en transporte está determinado por la zona en la que viven. “Si olvidamos ciertas partes de la población, pues esa transición puede que rompa la velocidad de crucero”, comenta Pérez Bravo. No hay que irse muy lejos para encontrar pistas sobre el camino a seguir en la lucha contra la descarbonización en el transporte. “Portugal lo está haciendo muy bien”, asegura Martínez. “Yo creo que en lo que fallamos en España, sobre todo, es en dar a conocer al ciudadano que la movilidad eléctrica existe, que es factible y que no supone una disrupción en sus costumbres”, añade. La crisis climática que sufren los ciudadanos del planeta, según Pérez Bravo, no parece sin embargo estar entre las prioridades de la gente a la hora de comprar un su próximo coche: “Tenemos que complementar esa visión del consumidor de ‘lo primero que me importa es el tamaño del coche, lo segundo es la marca, lo tercero es el color y lo cuarto la motorización’ con los objetivos que tenemos”. López, por su parte, coincidió en la necesidad de mejorar la comunicación y lo respaldó con un dato: los vehículos alternativos que más se venden son los híbridos no enchufables, que siguen dependiendo de combustibles fósiles. “Tenemos que hacer entender a los ciudadanos qué es un vehículo eléctrico, por qué tiene unas ventajas ambientales, económicas y sociales, porque como bien se indicaba antes, es la palanca para la reindustrialización a nivel nacional, y dejar claro qué no es”, asegura a modo de mensaje final de la mesa redonda.