Un estudio calcula que solo esas empresas expulsaron el 38% del CO₂ en 2024

En la última cumbre del clima de la ONU, celebrada a finales del año pasado en la ciudad brasileña de Belém, el debate más acalorado estuvo centrado en la necesidad de impulsar una hoja de ruta para dejar atrás los combustibles fósiles, que son los principales responsables del cambio climático debido a los gases de efecto invernadero que liberan a la atmósfera. Sustituir estos combustibles por otras fuentes, fundamentalmente renovables, es la vía que desde la ciencia se ha trazado para contener el calentamiento global. Pero la cumbre de Brasil se cerró sin hacer menciones directas al petróleo, el gas y el carbón y a la necesidad de dejarlos atrás, como lleva ocurriendo de forma recurrente en los últimos 30 años de negociaciones climáticas.

En Belém se formaron dos bloques: por un lado, los países que sí querían que en la declaración final de la cumbre figurará la mención a la hoja de ruta, con muchos de los miembros de la UE y varios Estados latinoamericanos a la cabeza. Al otro, los que lo rechazaban, con la oposición frontal de los petroestados del grupo árabe como cara más visible. Una investigación pone el foco ahora sobre las empresas estatales productoras de petróleo, gas, carbón y cemento, conocido como el sector fósil, cuyas emisiones siguen aumentando.