La ONU acoge una cumbre climática llena de dudas mientras los expertos alertan de que los países no se desenganchan del petróleo, el gas y el carbón
El Acuerdo de París —el gran pacto climático firmado en diciembre de 2015 en la capital francesa— cumple 10 años. El avance de las renovables y la movilidad eléctrica es la mejor noticia de esta década. Pero la velocidad a la que desplazan a los combustibles fósiles, principales responsables del cambio climático, no es suficiente para cumplir el objetivo del Acuerdo de París: que el calentamiento se quede dentro de los límites de seguridad marcados por la ciencia. Los Gobiernos siguen cebando con ayudas públicas la extracción de petróleo, gas y carbón y, según un informe, la producción prevista para los próximos años es mucho mayor de lo que se necesita para el calentamiento se quede entre los 1,5 y 2 grados Celsius respecto a los niveles preindustriales, la principal meta de París.
Este informe se presenta coincidiendo con el arranque de la llamada semana del clima del Nueva York, que se celebra en el marco de la Asamblea General de la Naciones Unidas. El secretario general de la ONU, António Guterres, ha convocado para el miércoles una cumbre climática en la que intervendrán alrededor de 110 países, aunque solo unos 40 estarán representados al máximo nivel por sus jefes de Estado. Naciones Unidas había pedido a los casi 200 firmantes del Acuerdo de París que para este momento tuvieran ya listos sus nuevos planes climáticos con medidas y objetivos de aquí a 2035. En la cita del miércoles se deberían anunciar esos planes, las conocidas como NDC (las siglas en inglés de contribución determinada a nivel nacional). Básicamente, se trata de las promesas de recorte de gases de efecto invernadero de cada país.






