Movernos es costoso para el planeta. El transporte –de personas, de mercancías– aglutina un cuarto de las emisiones de efecto invernadero de la Unión Europea, según datos de la Comisión Europea. Y es, además, uno de los pocos grandes sectores cuyas emisiones han aumentado desde 1990. Este escenario supone un enorme reto, pero también encierra una gran oportunidad: la de adoptar modelos de movilidad más respetuosos con el medioambiente, sobre todo en las ciudades, zonas en las que el tráfico rodado, según Greenpeace, es responsable del 75% de las emisiones de dióxido de carbono.

Banco Santander, que ya dispone de una estrategia climática global –con ejes como la expansión de energías renovables, la promoción de tecnologías de bajas emisiones o la gestión responsable de residuos–, ha decidido lanzar un plan de actuación específico en el terreno del transporte en su centro corporativo, localizado en la Comunidad Madrid, y en el resto de edificios de los que dispone en la capital. Una de las medidas destacadas de este plan concierne a los desplazamientos más cotidianos y frecuentes: los que realizan los empleados desde su hogar al trabajo. Los trabajadores del grupo pueden disponer de servicios de lanzaderas desde Moncloa, Avenida de América, Aluche, Príncipe Pío, Nuevos Ministerios, Plaza de Castilla y Atocha. Además, dentro del campus de la Ciudad Financiera del Santander en Boadilla del Monte, se han habilitado rutas internas que conectan las distintas zonas del complejo, minimizando así el uso de los desplazamientos en vehículos privados en el propio entorno de trabajo.