Asuntos propiosEl Papa ha puesto su capacidad intelectual y su liderazgo moral al servicio de causas tan simples como la defensa de todo lo humanoVisita del Papa a La Laguna.MUNDOActualizado S�bado,
junio
00:09Audio generado con IALe�n XIV nos ha dejado solos. Con la conciencia de nuestra propia mismidad. Despu�s de mostrarnos lo mejor que tenemos, habitualmente oscurecido por el humo canalla de la conversaci�n p�blica, el papa ha regresado a su casa en el Vaticano, cargado de toneladas de cari�o, admiraci�n y mucho cansancio. Se ha pegado una paliza importante para ense�arnos a nosotros mismos lo que podr�amos ser a poco que lo intent�ramos.El Rey -m�s contento que nunca se le ha visto en esta semana- le despidi� en nombre de los espa�oles. Le despidi� en nuestro Sur, el Sur del mundo, el Sur negro del que nadie se acuerda en el Norte blanco y rico, como no sea para levantar el muro cuando se acercan a nuestras pr�speras fronteras. El Papa se lleva cientos de regalos, miles de saludos, millones de aplausos y nos deja centenares de im�genes tan bellas como una pel�cula de Frank Capra. El Papa Prevost, un misionero de Chicago, deja mucho m�s de lo que lleva. Nos deja un legado de enormes palabras de paz que han dejado rid�culamente desnudas las guerras pol�ticas y culturales en las que pierden el tiempo y se encanallan la pol�tica y el periodismo.Estamos acostumbrados a una conversaci�n p�blica dominada por palabras b�rbaras de furia, sa�a, rabia, inquina, ensa�amiento, insulto, ofensa, desprecio, humillaci�n y menosprecio. Pelea, pelea y pelea. Es el ruido de fondo. No �ramos del todo conscientes hasta que lleg� el papa a hablar con palabras de dignidad, amparo, compasi�n, piedad, solidaridad, refugio, ternura, acogida, respeto, asilo, cobijo, regazo, consuelo, tolerancia, honradez.A cada palabra del papa, se nos escapaba una l�grima. A la soberan�a nacional representada en las Cortes le pidi� desarmar el lenguaje y regresar a los valores de nuestros padres, al respeto y la educaci�n. Su reivindicaci�n de las Humanidades y de la dignidad del ser humano frente a la m�quina es un oasis en medio del desierto tecnol�gico al que nos han arrojado los tiempos. El Papa ha puesto su capacidad intelectual y su liderazgo moral al servicio de causas tan simples como la defensa de todo lo humano. Su llamamiento a alzar la mirada del m�vil es el grito m�s revolucionario de una era en la que los humanos miran a la cara de los dem�s a trav�s de la pantalla del m�vil.El Papa nos invit� a una mesa en la que el mantel estaba impecable, limpio y liso como el jaspe. Libre de basuras, agravios, ofensas, escarnios, injurias, memes, virales, zascas y Only fans. Le esperamos, Le�n XIV. Que vuelva cuando quiera.
















