EditorialEl Papa ha dejado clara su vocaci�n de influir en la vida p�blica con un mensaje a favor de lo com�n que trasciende a quienes profesan la fe cat�licaEl Papa Le�n XIV, durante su visita a Tenerife.Actualizado S�bado,

junio

00:09Audio generado con IALe�n XIV puso ayer fin a siete d�as de intenso viaje en nuestro pa�s, el primero de gran magnitud de su pontificado. El objetivo de afianzar su liderazgo como una voz relevante y de marcado perfil humanista en un escenario geopol�tico complicado se ha cumplido con creces. Tambi�n ha logrado apuntalar su mensaje contra la polarizaci�n pol�tica y a favor de las personas m�s vulnerables, en especial los inmigrantes. Un mensaje que cobra especial relevancia en la Espa�a actual y que el Papa desgran� en su hist�rica intervenci�n en las Cortes, donde realiz� un discurso s�lido y profundo respondido por un prolongado aplauso.M�s all� de defender la doctrina cat�lica, incluida su oposici�n al aborto y la eutanasia, hizo un discurso centrado en los l�mites morales al poder y en la reivindicaci�n del �bien com�n� como �horizonte compartido�, y advirti� ante una c�mara muy dividida que la acci�n p�blica �corre el riesgo de fragmentarse en intereses parciales, incapaces de custodiar aquello que pertenece a todos�.Su segunda etapa lo llev� a Barcelona, donde se encontraba cuando se produjo el impactante asesinato a plena luz del d�a en el centro de la ciudad, y que ha sido una de las pocas manchas en un viaje cuya organizaci�n ha sido mod�lica y que ha congregado una extraordinaria movilizaci�n social.En Catalu�a, lejos de dejarse intimidar por las exigencias del nacionalismo que M�riam Nogueras le traslad� de forma inapropiada, el Papa mezcl� el espa�ol y el catal�n con naturalidad. Y, tras reunirse con Salvador Illa, quien habl� de �naci�n�, hizo una encendida llamada a la �unidad�. Tambi�n es significativo que se ocupara de preocupaciones sociales tan extendidas como la salud mental y la violencia machista, apelando a la implicaci�n del conjunto de la ciudadan�a para combatir una �realidad dram�tica� cuyo peor desenlace son los �feminicidios�.El final en Gran Canaria y Tenerife sirvi� al Papa para subrayar el que quiz� haya sido su principal mensaje: la cr�tica a la deshumanizaci�n del inmigrante. En este contexto de crisis migratoria y ascenso de la derecha populista, el Pont�fice apela a la conciencia moral, pero no se limita al plano m�s sentimental: tambi�n reclama pol�ticas en origen y una gesti�n p�blica que atienda a la integraci�n social de quienes llegan a Europa.Le�n XIV tambi�n ha dejado mensajes internos para la Iglesia, al reunirse con v�ctimas de abusos sexuales y, ante la Conferencia Episcopal, definir la pederastia como una �plaga�. Es sin duda una herida abierta, no s�lo en Espa�a, que requiere un rigor y un compromiso por parte de toda la instituci�n que han faltado durante demasiado tiempo.El Papa ha dejado clara su vocaci�n de influir en la vida p�blica con un mensaje a favor de lo com�n que trasciende a quienes profesan la fe cat�lica. Sin duda, un reto ambicioso en un momento en que los liderazgos atraviesan una grave crisis de autoridad moral en todo el mundo.