Misantrop�asEl Papa Le�n XIV, en la Iglesia de Sant Agust�.EFEActualizado Mi�rcoles,
junio
23:01Audio generado con IAPronto habremos olvidado la visita de Le�n XIV -hermoso nom de guerre del norteamericano Robert Prevost- y pasado a otra cosa: as� se las gasta la dictadura de la actualidad. No obstante, hemos aprovechado estos d�as para debatir sobre el papel de la religi�n en las democracias liberales y, no estando nada claro que la nuestra siga si�ndolo, la cosa tiene su m�rito. Huelga decir que el tema trasciende la apropiaci�n partidista de la figura papal, que ha demostrado ser una tentaci�n irresistible para nuestros pol�ticos: incluso un presidente cuy discurso de investidura gir� en torno al �muro� que debe separar a progresistas y reaccionarios ha considerado �til sumarse a las exhortaciones papales sobre la unidad c�vica y el amor al pr�jimo. Supongo que habr� socialistas inclinados a citar el c�lebre aforismo de Nietzsche: �Los esp�ritus m�s elevados se comunican por sus cumbres�. Medida ya la estatura moral de un S�nchez que ayer se dedic� a propagar bulos en el Congreso, quiz� sea m�s razonable concluir que hablar es gratis.No siempre fue as�: cuando el poder espiritual ten�a mando en plaza, muchos fueron los heterodoxos que hubieron de callar o disimular sus ideas. Solo gracias a la Reforma protestante -que acab� con el monopolio cat�lico sobre la doctrina cristiana- termin� por aceptarse que la convivencia pac�fica exig�a que la fe pasara a ser un asunto privado. De modo que la tolerancia moral result� del equilibrio de fuerzas entre cat�licos y protestantes; como nadie pod�a ganar aquella guerra, todos salimos ganando. Y as�, andando el tiempo, el cristianismo se convirti� en una doctrina moral entre muchas; su protagonismo hist�rico en la gestaci�n de la cultura europea, que naturalmente tiene luces y sombras, no le confiere ya ning�n privilegio. A cambio, tal como ha recordado V�ctor J. V�zquez en las p�ginas de este peri�dico, sus representantes tienen -faltar�a m�s- derecho a tomar la palabra: coloque cada cual su mensaje en la esfera p�blica y que gane el mejor.En un mundo donde las naciones siguen siendo la forma pol�tica dominante, por lo dem�s, no deja de ser interesante que el cristianismo se presente como una colectividad sin territorio: ser� cristiano quien ejerza como tal all� donde est�. Ocurre que la mayor�a de los creyentes no se conduce con el rigor del Jesucristo de Pasolini; tambi�n ellos cabalgan contradicciones en la sociedad secular. Y si algunos creen -naturalistas- que los derechos fundamentales existen al margen del derecho y el Estado, como si fueran realidades en lugar de convenciones, pues tampoco pasa nada; otros van por la vida pensando que legalidad y moralidad son siempre coincidentes. No hay que exaltarse: todas estas palabras, tambi�n las m�as, pronto envolver�n pescado.
















