El Papa León XIV estará en España del 6 al 12 de junio, un viaje muy relevante que, además, traerá un poco de paz y perspectiva a los españoles de buena voluntad que se despiertan sobresaltadas estos días a toque de UCO, UDEF y Audiencia Nacional y a la hora del desayuno se ven empujadas a tasar al tuntún las joyas de la familia Zapatero. El pontífice visitará Madrid, Barcelona y, por primera vez en la historia, las islas Canarias, participará en más de 20 actos y ayudará a tomar distancia filosófica y moral del avispero político español a creyentes y no creyentes, hablando de los temas trascedentes de este momento preciso de la historia: la inmigración, la desigualdad, los retos de la IA, la guerra. Recordará el sentido de lo que significa ser humano más allá de las miserias de parte que construyen titulares sobre la codicia, la chapuza y la propensión a corromperse y a despreciar a los que no son como nosotros.
El pontífice tendrá una agenda apretada que incluye un discurso histórico en el Congreso, lo que servirá para apreciar la postura de que cada formación política a las palabras de uno de los hombres con mayor autoridad moral del mundo y que apela a la dignidad del hombre con una firmeza inesperada para los movimientos de ultraderecha. León XIV no es fácil de caricaturizar para la derecha populista, acostumbrada a deshumanizar a buena parte de esa Humanidad que el papa se empeña en defender: los pobres, los inmigrantes, los necesitados, los olvidados. Vox probablemente intentará mantener un perfil bajo ante un papa que defiende la inmigración y es contrario a las prioridades nacionales, que desafía a su mayor aliado internacional, Donald Trump y al que ni con un gran esfuerzo antiintelectual se puede tachar de woke o progre. A Vox le está yendo bien colando su relato y agenda con la inestimable ayuda de Alberto Núñez Feijóo y lo previsible es que no entre en batallas que no le reportan ningún beneficio electoral aunque el Pontífice ponga en cuestión sus principales líneas narrativas, que se resumen en que hay seres humanos merecedores de menos derechos que los españoles muy españoles. Abascal esperará a que pase de él este cáliz y los desmemoriados españoles de bien sigan comulgando con sus políticas xenófobas.













