Estadios sin acabar, partidos malditos, campeones vencidos y anfitriones humillados. La historia de los partidos inaugurales de los mundiales está fresada de anécdotas, historias periféricas que muchas veces dicen más del país donde el balón comienza a rodar.
En Montevideo, en 1930, en un campeonato al que hubo muchas selecciones que no quisieron ir, comenzó todo, la historia del torneo deportivo que más atención genera en el mundo, 6.000 millones de espectadores potenciales en la edición de este año. Lo que sigue es un pequeño resumen a través de las anécdotas de unos partidos que comenzaban a jugarse meses antes. Alguno de aquellos partidos todavía no se ha acabado de disputar.
Uruguay, 1930, un estadio sin acabar construido sobre una ciénega
En el cenagal donde cinco meses antes pastaban las chivas de las chacras cercanas debía haberse disputado el primer partido de fútbol de la historia de los mundiales. El estadio Centenario de Montevideo, un icono de Uruguay y una cancha prevista para acoger a 90.000 espectadores, debía estar rematado el 13 de julio de 1930. Pero arreciaron lluvias torrenciales, previas al nacimiento del realismo mágico. “Cuentan quienes conocían la zona que si se escuchaba atentamente podía oírse correr agua”, escribe Luis Prats en el libro La crónica celeste.













