Camilo Scaglia sostuvo que los Mundiales funcionan como una vidriera de soft power con la que los países sede proyectan estabilidad, legitimidad o poder a través del fútbol. (Imagen Ilustrativa Infobae)Detrás de la fiesta de los estadios llenos y la épica deportiva, existe un tablero de ajedrez político que pocos logran leer con precisión. El historiador y docente Camilo Scaglia, convencido de que el fútbol y el poder llevan décadas fingiendo que no se conocen, establece en esta entrevista un ranking. Una especie de “Top 5” de las Copas del Mundo que funcionaron como perfectas herramientas de propaganda, reconciliación nacional o maquillaje de regímenes autoritarios. Sin perder el rigor académico, Scaglia nos invita a mirar el reverso de la copa para entender cómo cinco países jugaron sus partidos más cruciales fuera de la cancha, bajo la mirada siempre atenta y convulsa de la Argentina.PUBLICIDADScaglia vinculó esa lógica con la idea de soft power formulada por Joseph Nye, politólogo estadounidense: influir no por la fuerza, sino por la atracción cultural y la reputación. Organizar un torneo de escala planetaria, planteó, permite a un Estado decir que es moderno, capaz y estable.El caso de mayor alcance mediático, según explicó, fue México 1970: la FIFA y la Cadena Mundovisión transmitieron el torneo a 93 países, en el primer Mundial televisado en color y en directo para todo el mundo. La operación de imagen, dijo, desplazó del centro de la escena internacional las imágenes de la Plaza de las Tres Culturas y las reemplazó por estadios llenos, multitudes festivas y el Brasil de Pelé.PUBLICIDADUruguay Mundial 1930Scaglia habló sobre Uruguay 1930, México 1970, España 1982, Estados Unidos 1994 y Alemania 2006 para mostrar un mismo patrón: cada sede usó la Copa del Mundo para proyectar estabilidad, legitimidad o poder. La tensión central, según su reconstrucción, es que el torneo puede confirmar una transformación real o funcionar como maquillaje de una crisis que sigue abierta.Sobre el primer Mundial, Scaglia señaló que la elección de Uruguay no fue casual. El país llegaba al centenario de su Constitución como una de las democracias más sólidas de América Latina, con el impulso reformista de José Batlle y Ordóñez, educación laica y gratuita y una clase media urbana consolidada.PUBLICIDADLa FIFA de Jules Rimet, indicó, encontró allí un escenario ideal para un torneo que también quería proyectar valores. Uruguay sumaba además los títulos olímpicos de 1924 y 1928, aunque solo cuatro selecciones europeas aceptaron cruzar el Atlántico por el costo del viaje y por la resistencia a reconocer la primacía sudamericana.Selección de fútbol de Uruguay que conquistó el primer Campeonato del Mundo en 1930. De pié, de izquierda a derecha: Gestido, Mazzali, Ballesteros, Mascheroni, Andrade y Fernández. Agachados: Dorado, Scarone, Castro, Cea e Iriarte.
Cuando la pelota es política: cinco Copas del Mundo que fueron mucho más que fútbol
De Uruguay 1930 a Alemania 2006, los Mundiales aparecen como vidriera estatal. Modernidad, legitimidad y estabilidad en primer plano. La pregunta queda abierta: transformación real o maquillaje eficaz












