Desde la dictadura militar hasta los gobiernos democráticos del siglo XXI, los Mundiales de fútbol funcionaron en la Argentina mucho más que como eventos deportivos. En distintos momentos históricos, el calendario de la Copa del Mundo coincidió con decisiones económicas traumáticas, reformas políticas sensibles, represiones estatales o maniobras de alto costo institucional. La repetición del fenómeno a lo largo de más de cuatro décadas construyó una lógica que analistas políticos, historiadores y sociólogos describen como una utilización del “clima mundialista” para reducir el impacto social de medidas impopulares. Mientras millones de argentinos concentraban su atención en la Selección, distintos gobiernos avanzaron con ajustes, privatizaciones, endeudamiento, reformas estructurales o dispositivos de control político. 1978: el Mundial de la dictadura y la ESMA a once cuadras La Copa Mundial de la FIFA Argentina 1978 se disputó entre el 1 de junio de 1978 y el 25 de junio de 1978. Fue el caso paradigmático del uso político del fútbol en la historia argentina. La Junta Militar encabezada por Jorge Rafael Videla convirtió el torneo en una gigantesca operación de legitimación internacional del autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional”.