No pecamos de inocentes. Sabemos que el Mundial de fútbol ha servido para lavar la cara de regímenes dictatoriales (Argentina 78, Italia 34, etc...) y de futuros regímenes dictatoriales e invasores (Rusia 2018, etc...). Sabemos que en sus afanes de preparación, se normalizan condiciones laborales horribles y muertes (Catar 2022). Balón de letras: diez libros sobre balompié a menos de dos semanas de la cita mundialistaPero, hasta ahora, a pesar de todas estas realidades durísimas, al menos existía la ilusión de la sana competencia, una especie de halo sagrado alrededor del torneo capaz de unir al mundo en torno a un balón. Esa ilusión tenía caducidad. Una cosa es el deporte y otra cosa es el torneo, en efecto, pero se está haciendo muy difícil disfrutar de uno sin pensar en el otro. Maradona dijo alguna vez que “la pelota no se mancha”, y quisimos creerle, y pudimos hacerlo mientras duró la ilusión. Esta murió en 2026, año en el que se arrodilló en tiempo real, ante los ojos del mundo, ante el fascismo del Gobierno anfitrión de Donald Trump (al que le inventó un “premio de paz”). La FIFA que antes amenazaba con reubicar sus torneos ante conatos de racismo, hoy lo legitima. Así, FIFA mató todo lo bello que el torneo representaba. Sus ideales de igualdad (ideales, porque en el terreno unas naciones siempre han tenido más peso que otras) y de sana competencia, desnaturalizada desde el racismo ejercido a través de las autoridades migratorias del país donde se jugará mucho de la fase de grupos y prácticamente todas las instancias definitivas. Omar Abdulkadir Artan, árbitro profesional nacido en Somalia, vio su sueño mundialista truncado por la arbitrariedad de las autoridades migratorias estadounidenses. Foto: Visionhaus/Getty ImagesMundial 2026: un torneo para la historiaEn cuestión de horas, en la semana previa al torneo que hoy arranca en México, le negaron la entrada al país de Trump —y al torneo— a Omar Abdulkadir Artan, el mejor árbitro de África en la actualidad, quien hubiera sido el primer juez somalí en la historia de la Copa. Un señor que llegó con sus papeles en regla y sus méritos claros fue rechazado, por somalí y, según parece, por algún post de red social en el que señaló lo obvio, que Donald Trump es racista, ejerciendo una libertad de expresión ahora suprimida en el país del norte. The Land of the Free... Was it?No es lo único, Aymen Hussein, el delantero estrella de la selección de Iraq fue interrogado por casi nueve horas al llegar a territorio estadounidense, mientras que al fotógrafo del equipo, Talal Salah, le negaron la entrada. Otras imágenes permitieron ver como a la selección de Uzbekistán se la requisó con la intensidad con la que se requisa a la juventud bogotana en Rock al Parque. Esto no pasó con todas las selecciones. Si vamos a incomodar a unos, los incomodamos a todos. Pero no... Este es un mundial abiertamente racista. No hay cómo negarlo. Ante estos reclamos, Gianni Infantino, presidente de la FIFA, instó a la gente a “relajarse”. Ese es el nivel.También se sabe que a la selección de Irán (una nación liderada por un régimen brutal que, a la vez, ha respondido categóricamente a los ataques bélicos de Israel y Estados Unidos) le exigen abandonar el territorio estadounidense en menos de 24 horas después de jugar, mientras que a muchos de sus hinchas les fueron revocadas sus boletas. No sobra repetir que todas estas situaciones desnaturalizan la competencia. Todas las selecciones tienen desplazamientos en una copa mundo, claro, pero este es otro nivel. Vaya uno a saber si a los jugadores iranís les sirve de inspiración extra, porque más de para arriba no la pueden tener...Aymen Hussein celebró así el gol de Irak ante Jordania por la Copa de Asia. En el aeropuerto de Chicago pasó un rato mucho menos feliz, tras 8 horas en interrogatorio. Foto: Foto tomada del videoQuizá la única postal positiva hasta ahora en territorio estadounidense, que muestra lo que este mundial ha debido ser, viene de la población de Lawrence, en el estado de Kansas, donde la selección de Argelia ha sido recibida, aplaudida, apoyada y abrazada. Allí esa selección escogió tener su sede, y parece no haberse equivocado. Más allá de los jugadores, la FIFA tampoco la ha puesto fácil para la gente, con precios exorbitantes en sus boletas y desplazamientos a estadios (en Estados Unidos, país de automóviles). En un punto se atrevió a anunciar que le prohibiría a la gente llevar botellas de agua al estadio! Al menos en Nueva York, esa medida fue revertida. Las temperaturas, se sabe, serán altísimas...La botella de agua reutilizable, ¿enemiga de FIFA? Foto: Getty ImagesSi el fracking es como raspar la olla planetaria para sacarle hidrocarburos a la brava, sin importar cuánto se envenena el agua o se destruye el medioambiente, lo que ha hecho la FIFA con el mundial de fútbol es un verdadero fracking mundialista.Y como no faltan fronteras de exploración para este fracking-mundialista, la FIFA declaró, apenas ayer, ¡el día antes del mundial!, que los influencers necesitan visa de trabajo para poder hacer contenido que les represente ingresos. Muy poca gente quiere a los influencers y no muchos llorarán por ellos, pero no deja de ser diciente el momento del anuncio.Más allá de que Colombia juegue y de que cientos de jugadores han hecho esfuerzos enormes por hacer parte de sus selecciones, por clasificar y prepararse para un torneo que se jugará en climas elevados y canchas con banderines de juguete que tienen que demostrarse idóneas, se siente un vacío enorme. Este no es el mundial de todos. Hacerle barra Luis Díaz es una cosa, entender que el torneo 2026 ha matado mucho de lo bello asociado a los mundiales es otra. Foto: Lina GascaSi a un enemigo del mundial le hubieran recomendado destruir todo lo bello del certamen para promocionar las maneras showceras del Super Bowl y la NFL en el mundo (ahora que la liga deportiva más poderosa de ese país proyecta partidos por Europa, México, Brasil), tomaría estos pasos. Esa conspiranoia tendría al menos algo de sentido... de resto, lo único que queda expuesto es un afán por facturar in extremis a costa de la ilusión de la gente. Desde hoy, el mundial 2026, el mundial abiertamente racista en Estados Unidos, se desarrolla y factura, como lo han hecho tantos antes... ‘Leni Riefenstahl’ expone la farsa que la cineasta nazi le proyectó al mundo La BBC habló ayer de 170.000 boletos no adquiridos aún, que ya navegan en el mercado secundario de reventa. La gente del mundo ha hablado, a su manera, desde un boicot parcial y desinterés ante las maneras brutales de este torneo. A su manera, el pueblo futbolero se ha manifestado: ya sea en contra de: 1) el sistema macabro de precios dinámicos, que le representará a FIFA tres veces los ingresos económicos por boletas que el mundial de Catar 2022; 2) el sistema de precios y el terror del proceso migratorio en Estados Unidos; o 3) el horrible sistema de precios, el terror de entrar a Estados Unidos y el pánico de recorrerlo con una fuerza como ICE ejerciendo control poblacional con caras tapadas. Cuando empiece el show, veremos muchos partidos. Seremos cómplices en esa cualidad de telespectadores. Pero esto no significa que se deba hacer silencio ante la amargura asociada a este certamen teñido. El sueño de querer ir a un mundial se ha evaporado. Por ahora, solo quedan el pan y el circo televisado. No somos inocentes. El futbol es un negocio puro y duro, y se ha hecho mucho más turbio en una era en la que las casas de apuestas patrocinan a influencers, equipos y medios de comunicación por igual. Estas han permeado el deporte desde la falsa legitimidad que les significa invertir mucho dinero. Sus efectos aún están por evaluarse de fondo. Escogemos creer que no los hay, pero sabemos que no es el caso. Desde la pantalla, escogeremos creer que el deporte rey todavía es capaz de unir y emocionar, por los jugadores, por los equipos, por sus esfuerzos y las gestas que desde hoy se escriben... incluso cuando el torneo le pasa por encima a la igualdad y a la inclusión que algún día dijo representar. La pelota se manchó, de eso no hay duda.¿Y los Olímpicos?Aquí, Leni Riefenstahl filma los juegos de Berlín 1936. A metros, dos asesinos de alto mando nazi, Goebbels y Göring. Foto: Vincent_ProductionsJulia Loktev habla con Arcadia sobre documentar en tiempo real la tiranía que apagó la prensa libreSolo basta volver la mirada a la memoria de los J.O. de Berlín 1936 para saber que los Olímpicos no están exentos de historia oscura, pero es un hecho que al menos Hitler quería hacer los mejores juegos de la historia para proyectarle al mundo su poderío (así como Putin lo hizo con el mundial 2018, en Rusia).Jesse Owens aterrizó ese poderío venciéndolo en la pista pero, tristemente, su historia establece un paralelo aterrador con el presente (hasta ahora ignorado). Tras vencer a Hitler en su cara, en su estadio, Owens regresó a Estados Unidos y fue tratado peor que un perro. En su país, millones lo veían como un ser inferior, y enfrentó una situación económica tan dura que accedió a correr contra caballos, en Idaho. En pocas palabras, Owens regresó a peores condiciones que las que enfrentó en la Alemania nazi (si bien, en modo “para las cámaras” de Leni Riefenstahl). Esas condiciones hoy son aplaudidas por el gobierno de turno. Shohei Ohtani: reflexiones sobre un unicornio azul, o el mejor jugador de la historia del béisbolEn ese sentido, para la gente la incertidumbre es absoluta en cuanto a lo que viene apenas en dos años, en los juegos de Los Ángeles 2028. Porque tendrán lugar en California, un estado en oposición abierta a Trump pero no libre de su capacidad de destrucción. ¿Cambiará algo en estos 24 meses? Ojalá, sería doblemente devastador ver a las dos competencias más hermosas de la humanidad, capaces de borrar fronteras y hacernos hinchar por el diferente, sucumbir ante la supremacía.
‘Fracking deportivo’: el mundial de fútbol 2026 es un evento racista, que veremos de todas formas
Por años sentí enorme emoción al seguir la Copa Mundo, pero FIFA y su anfitrión principal han logrado destruir la expectativa. El show y la distracción de la competencia nos envolverán, pero lo que ha sucedido hasta ahora va en contra de lo bello que representaba el evento.














