El México-Francia que inauguró en 1930 la primera Copa del Mundo se jugó en un pequeño estadio demolido tres años después

Los Mundiales de fútbol, uno de los inventos más populares de la humanidad en el siglo XX, comenzaron enfrente de lo que en la actualidad es una pequeña lavandería de Montevideo, la plácida capital de Uruguay. El duelo inaugural de las Copas del Mundo, el Francia 4-México 1 del 13 de julio de 1930, se jugó en el Parque Pocitos, la vieja cancha del club Peñarol que sería demolida tres años después ante el avance urbanístico de la ciudad. Reconvertida a una zona con calles paralelas y perpendiculares, pero también curvas, diagonales y con pendientes, a un kilómetro del Río de la Plata, los rastros del estadio desaparecieron hasta que un arquitecto amante del futbol, Enrique Benech —ya fallecido—, situó en 2005 el centro del campo de juego de aquel escenario en la intersección de las calles Charrúa y Coronel Alegre, donde hoy funciona un comercio dedicado al lavado de ropa.

A 50 metros, por Coronel Alegre hacia Silvestre Blanco, Benech localizó el área en donde el francés Lucien Laurent le convirtió al arquero mexicano, Oscar Bonfiglio, el primer gol de los Mundiales. Dos esculturas de hierro ubicadas en la vereda de Coronel Aguirre, una con forma de círculo central y otra de arco, recuerdan ambas génesis ante el paso indiferente de los montevideanos.