Actualizado a las 19:52h.

El viaje apostólico de León XIV trasciende su finalidad pastoral al funcionar como un espejo de las pobrezas de ciertos sectores de la clase política. Hasta el momento, todos los intentos de aprovechar políticamente los mensajes del Santo Padre han sido fallidos. El Papa ha pasado de largo frente al oportunismo que le esperaba en España, sin guardarse nada de cuanto el vicario de Cristo en la tierra tiene que proclamar. Todo lo que el Obispo de Roma ha dicho contra la guerra, el descarte de los pobres, los enfermos y los ancianos y la indiferencia por los inmigrantes forma parte de la enseñanza más nuclear de la Iglesia católica, incluyendo la generada por sus grandes académicos, como los de la Escuela de Salamanca, tan brillantemente recordada por León XIV en su discurso ante el Parlamento.

Por más que el Gobierno intentara arrimarse a las menciones papales sobre asuntos internacionales y sociales, la grandeza de los discursos del Papa lo ha hecho imposible. Lo mismo ha sucedido en Cataluña, donde el nacionalismo buscaba empequeñecer la misión de León XIV con el estrecho y vetusto marco de las reivindicaciones identitarias, incluso a través de una operación, desarticulada a tiempo, para reventar la misa de la Sagrada Familia. El aviso lo dio la diputada nacionalista Míriam Nogueras, al presentarse ante el Papa en inglés como catalana y animarlo a hablar catalán en sus discursos en Cataluña. Y el Papa, en efecto, habló en catalán, con esfuerzo notorio, pero para recordar el universalismo de la Iglesia, que por eso es católica, y la responsabilidad de los fieles para mantener la unidad y la concordia. Especialmente significativas fueron sus referencias a España en la abadía de Montserrat y en la eucaristía en la basílica de Gaudí.