Conviene interpretar la visita de León XIV a España en clave política. No porque el Papa pretenda intervenir en la lucha partidista, sino porque su pontificado ha identificado con lucidez la degradación de la cultura democrática, el auge de los identitarismos y la instrumentalización de la religión con fines políticos. Su mensaje se dirige contra la lógica de la polarización, que convierte al adversario en enemigo y erosiona los espacios compartidos. León XIV recuerda que las democracias liberales necesitan una cultura cívica basada en la moderación, la diversidad ideológica y el reconocimiento de la legitimidad del otro.Ha comprendido que la batalla cultural es hoy uno de los principales campos de disputa. Y ha decidido librarla. No contra la modernidad ni contra el pluralismo, sino contra quienes pretenden convertir el cristianismo en una ideología identitaria. Una parte de la extrema derecha occidental ha hecho de la cruz una bandera política y de la religión una herramienta de combate cultural. León XIV recuerda que el cristianismo no pertenece a ningún proyecto nacionalista, populista o excluyente.Esta cuestión adquiere especial relevancia en EE.UU. El primer papa estadounidense se ha convertido en una de las voces más críticas con el nacionalismo cristiano asociado al fenómeno Trump. Ahora bien, sería un error presentarlo como un papa progresista en el sentido convencional del término. León XIV mantiene posiciones doctrinales tradicionales. Su objetivo es otro: reforzar la capacidad del catolicismo para intervenir en los grandes debates sin quedar atrapado en ninguna trinchera ideológica.Por otro lado, tampoco conviene exagerar la influencia de su voz. La Iglesia continúa atravesada por tensiones internas sobre determinadas cuestiones doctrinales (el papel de las mujeres, etc.). Además, en sociedades secularizadas compite con actores mucho más influyentes en la formación de la opinión pública.La encíclica dedicada a la IAUno de los rasgos más interesantes en este pontificado es su atención a la revolución tecnológica. Su primera encíclica, dedicada a la IA, establece un paralelismo con los desafíos históricos de la revolución industrial. Para León XIV solo será una fuente de prosperidad si permanece vinculada a la verdad y al bien común, y no se convierte en un instrumento de concentración de poder o manipulación social.En definitiva, León XIV reivindica una política de la responsabilidad, la convivencia y la dignidad humana. España ofrece un caso de manual. Vox ha construido buena parte de su identidad política sobre una versión del catolicismo que el Papa considera una deformación de su mensaje universalista: la cruz como bandera de exclusión. Difícilmente podría haber elegido mejor momento para venir.
El pontificado político de León XIV
Ha comprendido que la batalla cultural es hoy uno de los principales campos de disputa. Y ha decidido librarla.










