Actualizado Jueves,

junio

07:19�Lo peor que le puede ocurrir al cine, al arte y a la cultura en general es perder su relaci�n con la realidad. El arte siempre es un ejercicio social, o, mejor, socialista; es un ejercicio militante. En cuanto se pierde ese v�nculo, se pierde todo�. Pietro Marcello (Caserta, 1976), director de cine y autor de la frase precedente, lleva a�os convencido de que la �nica respuesta posible a lo que nos pasa pasa necesariamente por analizar lo que nos pas�. El tiempo, en su ideario, antes que solo pasar, pesa. Por ello, en su cine la imagen de archivo se mezcla con lo filmado y la ficci�n se confunde con la realidad, convencido como est� de que el presente no es m�s que otra forma, quiz� imaginaria, de nombrar al pasado. �Con el tiempo he aprendido que la ficci�n solo es relevante en la medida en que se convierte en archivo. Por mucho que un cineasta se empe�e en recrear el pasado jam�s alcanzar� el grado de autenticidad y verdad de una imagen de archivo cualquiera. Si el cine existe, existe como memoria. Nada m�s�. Conclusi�n: �La realidad, que es el �nico compromiso de verdad de un creador, solo es comprensible desde la memoria�. Queda claro.Su �ltimo trabajo, Eleonora Duse, la divina, es a su modo el ejemplo m�s evidente de todo lo anterior. Si en 2019 fue la novela de Jack London Martin Eden la que gui� los pasos a una especie de biograf�a �ntima que tambi�n lo era social y pol�tica de la Italia de Entreguerras, ahora es la gran dama del teatro que da t�tulo a la pel�cula, y que encarna con una furia desusada Valeria Bruni Tedeschi, la que se convierte en el mirador desde el que contemplar la deriva de Europa en general desde el final de la Gran Guerra. En el fondo, de nuevo, el nacimiento del fascismo aparece retratado como la respuesta a un periodo de crisis, transformaci�n y caos que tanto se parece al actual.�Quiero pensar que vivimos un periodo parecido en muchos aspectos a aqu�l. Y no solo en Italia. Entonces como ahora, estamos en un tiempo que podr�amos llamar intermedio. Hay m�s miedo que esperanza. Mi padre proviene de una generaci�n que sobrevivi� a la Segunda Guerra Mundial. Creci� en un pa�s destruido en el que estaba todo por hacer. El suyo fue un momento de grandes esperanzas. La generaci�n de Entreguerras, como nosotros, se despert� de repente en el peor de los sue�os v�ctima del nacionalismo desaforado que consumi� a Europa. Todo se parece tanto que se dir�a que es lo mismo: Nadie hace 20 a�os se habr�a imaginado en un momento como �ste�, dice por aquello de justificar el argumento de su pel�cula y, por qu� no, hasta de su lugar en el mundo.Valeria Bruni Tedeschi en Eleonora Duse, la divina.La cinta, en puridad, es lo contrario a un relato biogr�fico. Centrada en los �ltimos a�os del �ltimo gran mito del teatro italiano, la propuesta de Marcello antes que recrear nada, fabula la profundidad de la mayor de las derrotas. �La �nica historia que me interesa es la de los derrotados, la de los que perdieron. Y Duse fue esencialmente una mujer que vivi� el �xito m�s descomunal en un mundo enteramente de hombres para entregarse al final de su vida a la mayor de las derrotas, una derrota que comparti� enteramente con su pa�s�, dice. En efecto, la pel�cula tiene su momento cumbre al pie de todos los abismos. Todo en ella es una ficci�n exagerada de una mujer y de un pa�s dirigi�ndose hacia el fascismo a pasos agigantados, con el episodio de la ocupaci�n de Fiume como punto de inflexi�n decisivo. Y en el centro de aquel episodio crucial, la figura de Gabriele D'Annunzio, como ant�tesis de su protagonista.�A �l, desgraciadamente, le debemos mucho. Le debemos la est�tica del fascismo que luego se expandi� por toda Europa, Espa�a incluida. �l es la prueba palpable, adem�s, de que se puede escribir bien, ser incluso un gran poeta, y ser a la vez un perfecto imb�cil. El arte de verdad nos hace mejores, nos ayuda a crecer espiritualmente, conecta lo divino con lo humano. Lo que hizo D'Annunzio es justo lo contrario. La suya fue la obra, repito, de un cretino�, afirma.Marcello est� convencido de que Europa vive ahora una crisis no tan diferente a la de entonces. Y que el problema de fondo sigue siendo el mismo: el olvido de la obligaci�n del arte, del cine, del socialismo. �Vivimos una �poca de disoluci�n moral. Aquel impulso de los 90 de un Estado europeo com�n, no solo econ�mico, se ha diluido. Y eso es un drama. El fascismo de entonces es el de ahora�, concluye.