Más vale prevenir que curar. El Banco Central Europeo hoy subirá los tipos de interés 0,25 puntos, hasta situar el de depósito el 2,25%, en niveles similares donde se encontraba hace un año. Por primera vez en casi un trienio, la institución con sede en Francfort ha decidido actuar sobre la palanca monetaria. La palabra que muchos analistas emplean para definir este movimiento es “preventivo”.Tampoco estamos, de momento, ante una inflación descontrolada, sino que la presidenta Christine Lagarde quiere demostrar que el banco está listo y vigilante para evitar que la situación se descontrole. De hecho fue ella misma quién dejó una pista el pasado 25 de marzo, cuando dijo: “al público le puede resultar difícil entender una función de reacción que no reacciona”.De alguna manera, el BCE quiere evitar repetir la situación de julio del 2022, cuando decidió intervenir en plena guerra de Ucrania, con los precios estaban escalando al alza (rozaban el 9%) y varios observadores criticaron precisamente su lentitud en actuar. Los inversores buscarán hoy en el discurso de Lagarde indicios sobre si junio representa un ajuste puntual o el inicio de un ciclo de endurecimiento más sostenido, como el anterior, cuando hubo diez subidas en poco más de un año para atajar las alzas de precios por la guerra de Ucrania.Sin embargo, esta vez parece que no será lo mismo. “Este movimiento hacia arriba tendrá un carácter principalmente preventivo, destinado a mantener ancladas las expectativas de inflación, más que a inaugurar un nuevo ciclo de alzas”, comentan los analistas de la fintech Ebury.En Frankfurt tienen presente las consecuencias de encarecer el crédito con una economía débilLa guerra en el Golfo y el bloqueo del estrecho de Ormuz, con el aumento del precio del petróleo de aproximadamente 60 a 100 dólares por barril, ya ha llevado la inflación en la zona euro al 3,2%, cuando en enero era del 1,7% (el objetivo de la BCE es de alrededor del 2%) .Por ello, Christine Lagarde se orienta a un ajuste de las tasas que funcione como “golpe de advertencia”. Con una metáfora bélica, se diría que no ha llegado la hora de sacar la artillería, simplemente se prueba algún disparo para comprobar que la herramienta funciona por si hiciera falta.Que la situación hoy sea radicalmente diferente comparado con la anterior crisis inflacionaria en Europa del 2022 lo dicen algunos economistas del mismo BCE, en un estudio titulado A tale of two crisis del pasado 3 de junio. “Los riesgos inflacionarios son ahora menores que en 2022. El shock es ahora predominantemente un shock del petróleo más que del gas. El aumento de la cuota de electricidad generada por fuentes renovables y nuclear proporciona un colchón para los precios de la electricidad para los consumidores”.De hecho, los llamados efectos de segunda ronda y desanclaje de las expectativas de momento no se han producido. El indicador de salarios negociados de la eurozona, publicado a finales de mayo de 2026, se desaceleró notablemente hasta el 2,5% interanual en el primer trimestre de 2026.En estos momentos la inflación supera la revalorización de los salarios, lo que puede activar una espiral negativa“La evolución del crecimiento salarial no justifica preocupaciones serias en esta fase”, explican los analistas de la gestora Pimco. Pero claro, como los sueldos crecen menos que la inflación, siempre es posible que un resurgir de la contratación que arranque una espiral. Está por ver.El economista jefe del BCE, Philip Lane, argumentó en un discurso el 13 de mayo que el impacto de la guerra de Irán se encontraba, por el momento, a mitad de camino entre un shock de corta duración pero no demasiado persistente y otro susceptible de generar una desviación significativa durante un tiempo prolongado. Así que mejor no lanzarse en decisiones precipitadas.Aún así, Isabel Schnabel, miembro del comité del BCE, hace un par de semanas dijo que “el BCE debería subir los intereses en junio, incluso si las negociaciones de paz en curso con Irán llegan a un acuerdo, dado que el conflicto ha sido mucho más largo de lo proyectado y los altos precios de la energía están reverberando en la economía”.La incógnita que habrá que mirar con lupa es el impacto que un encarecimiento del precio del dinero podrá tener sobre la economía de la eurozona, que se contrajo en el último trimestre una décima por un efecto contable de la estadístico del PIB de Irlanda. Kevin Thozet, miembro del comité de inversión de Carmignac afirma que “aunque el crecimiento en Europa está perdiendo impulso sin duda alguna, el deterioro no ha sido suficiente para contrarrestar las preocupaciones del BCE sobre la persistencia de la inflación”.Los analistas creen que Lagarde tiene que dar una señal que no hará como en 2022, cuando tardó en reaccionarMás pesimista, en cambio, es Roger Rüegg, gestor de los fondos Swisscanto . En su opinión, “es difícil que una política monetaria más restrictiva consiga evitar una posible extensión de la inflación sin imponer una carga adicional a una economía ya debilitada. Existe un riesgo significativo de que se repitan acontecimientos similares a los de 2011, cuando los tipos de interés se elevaron inicialmente y poco después tuvieron que volver a reducirse”.En La Vanguardia desde el 2000. Especializado en Economía internacional, ha cubierto como enviado el Foro Económico de Davos, la OMC o el BCE. Licenciado en Derecho en Roma, Master en Periodismo UB/, PDD del IESE. Premio AECOC.