Para los barceloneses, el conflicto entre la Sagrada Familia y sus vecinos de enfrente no es nuevo. El desacuerdo aparece de manera cíclica cada vez que la finalización del templo acecha: las edificaciones habitadas deberían ser expropiadas y demolidas para encajar la gran escalinata y la amplia avenida previstas en algunos planos.Tras la coronación de la torre de Jesús -inaugurada por el Papa este 10 de junio-, el siguiente y último paso para finalizar las eternas obras del templo es la fachada de la Gloria y la polémica escalinata. Los residentes de las dos manzanas donde irían los nuevos elementos del tempo, entre Mallorca y Diagonal, saben poco sobre su futuro. Lo que está sobre el papel del Plan de 1976 es que la avenida prevista conduciría desde la nueva escalinata del portal de la Gloria hasta avenida Diagonal. La Junta Constructora está decidida a materializar la gran avenida, que supondría derribar viviendas de las manzanas que tiene al otro lado de la calle, las más próximas a solo 20 metros. Sus responsables mantienen que era la idea original de Gaudí, y eso debe respetarse. La Junta Constructora repite que “se hará”, que la dibujó Antoni Gaudí y que es “indiscutible”, en palabras de su presidente, Esteve Camps. Los vecinos, por su parte, defienden que Gaudí no proyectó la avenida. En 2018 los afectados revelaron un documento del ministerio de Cultura, de 1975, que asegura que el arquitecto no dibujó la escalinata ni la plaza de acceso. Además, alegan, desde el comienzo de la construcción ya existían casas enfrente de la futura fachada de la Gloria. Así lo revelan los mapas históricos de la ciudad. El proyecto sigue estancado desde entonces: ni se ha materializado ni se ha modificado el planeamiento, como en cambio sí ocurre en centenares de otros puntos de la ciudad. Aquí, sin embargo, la respuesta podría estar en bocetos y documentos del siglo pasado.¿Fue la avenida ideada por Gaudí?Los vecinos afectados sostienen que el plano del portal de la Gloria no está firmado por Gaudí. El diseño de la escalinata y la plaza que la coronará corresponden a los sucesores del arquitecto. Para ello, se basan en los planos originales. En los primeros bocetos del templo firmados por Gaudí (1885), tanto la fachada como las escaleras quedan en el interior de la manzana, dentro del límite de la superficie del templo.En planos posteriores, de 1906 y 1916, la escalera sale del límite del templo, con las dos manzanas en cuestión divididas en dos. En 1916, Gaudí dibujó las superficies que, según él, necesitaban dejarse libres para garantizar las perspectivas visuales idóneas para observar su obra. El arquitecto ya contemplaba la escalinata a la calle Mallorca.En 1925, cuando el Ayuntamiento de Barcelona aprobó el Plan de Ensanche de Sant Martí, no se hizo reserva alguna de terrenos por la calle de Mallorca para expandir el templo. El Plan Comarcal de 1953 de Barcelona tampoco hizo ningún tipo de reserva en la calle Mallorca. Antoni Gaudí falleció en 1926 sabiendo que el plan de 1925 no incluiría la avenida.En 1975, el Ayuntamiento de Barcelona concedió la licencia de obras a la constructora Núñez y Navarro para que edificara en frente de la fachada. La Junta Constructora presentó alegaciones, pero el Ayuntamiento las desestimó. El Ministerio de Educación y Ciencia aseguró en un informe que el arquitecto Antoni Gaudí no proyectó la escalinata ni la plaza de acceso al templo por la calle de Mallorca, y dio luz verde a la constructora.El documento también señala que “desde 1925 su realización [de las escalinatas] está impedida por la planificación urbana. Gaudí vivía cuando el Ayuntamiento decidió e hizo público no tenerlas en cuenta en dicha planificación”.Otro informe del Archivo del Colegio de Arquitectos de Barcelona de 1975 también asegura que las escalinatas de la calle de Mallorca no fueron proyectadas por el arquitecto. Los dibujos de la escalinata de la calle de Mallorca, según el archivo, fueron realizados por los ayudantes de Gaudí. En el plan urbanístico actual del Ayuntamiento, las manzanas aparecen atravesadas por la avenida y están etiquetadas como “zona pendiente de planeamiento”. La visita del Papa, punto de inflexiónPara la Junta Constructora, el gran reto es abrir el debate de si el templo se expande más allá de la manzana que ocupa.Los últimos tres alcaldes han abordado posibles soluciones: el convergente Xavier Trias (2011-2015); la líder de los comunes, Ada Colau (2015-2023, que consiguió que la Junta regularizara las obras tras 134 años levantando el templo sin licencia) y ahora el socialista Jaume Collboni, en el poder desde 2023. El equipo de Collboni ha hecho dos anuncios relevantes. Uno, que la última palabra la tendrá la ciudad y no un actor privado (es decir, la Junta) y que sea cual sea la solución, si hay que realojar vecinos, deben ser los mínimos posibles y el templo debe pagar los costes. Y dos, que antes de las elecciones de 2027 quedará fijada la fórmula: qué casas se verían afectadas y adónde irían los vecinos. En 2022, un grupo de trabajo conjunto entre vecinos y ayuntamiento publicó tres alternativas al derribo de las dos partes centrales de las manzanas, cuyos esquemas replicamos a continuación.La Sagrada Familia compró en 2019 una enorme parcela a Aguas de Barcelona. Está a menos de cien metros de distancia del templo, y a igual distancia del más grande de los edificios que podría resultar afectado. Una operación que se leyó como que el suelo podría ser utilizado para construir viviendas si, llegado el caso, hay que realojar vecinos.En los últimos meses y semanas ha habido avances en las conversaciones, que por ahora son bilaterales. El Ayuntamiento con el templo; y el Ayuntamiento con las asociaciones de vecinos y afectados. Vecinos y afectados exigen, con todo, reunirse también con la Junta Constructora. Desde la Asociación de Vecinos de la Sagrada Familia, Gabriel Mercadal, su presidente, se muestra prudente, pide “paciencia” y asegura que las negociaciones avanzan en línea positiva. El presidente de la Asociación de Afectados, Salvador Barroso (abogado y también vecino afectado) habla de “una toma de contacto correcta y poco más que buenas palabras, como siempre”, justo la semana antes de la visita del Papa. Suele decir que la petición de máximos es que nadie pierda su casa. Pero no ve mal el realojo en el solar de las aguas.Tanto la entidad vecinal como fuentes municipales aseguran que habrá novedades pronto, a más tardar, en septiembre. El gobierno municipal no esperará al año 2027 para zanjar una cuestión tan delicada: en mayo hay elecciones y conviene cerrar la carpeta antes.De todos los que podrían resultar afectados, los que más asumen una posible marcha son los 100 del edificio que hay justo enfrente de la fachada de la Glòria, el de Nuñez y Navarro (que son en realidad dos bloques, cada uno con su portería, en un mismo edificio). Hace unos años estos vecinos colgaron pancartas alertando de su situación, pero ahora mantienen silencio en público.