He mirado en las casas de apuestas para ver a cuánto se paga que David Sánchez acabe condenado o absuelto en su juicio en Badajoz, pero qué va, ni cotiza: nadie se jugaría un euro a la predicción de que sea absuelto. Es que ni su abogado, ni el propio David Sánchez, apostarían a su favor. Ellos menos que nadie, pues llevan meses soportando la instrucción, han estado todos los días en el juicio, han visto y oído todo, y cuando el juez dio el martillazo de cierre, el “visto para sentencia” les sonó a “visto para condena”.
Tampoco el hermano de David Sánchez, el presidente el gobierno, se jugaría un café a que su familiar sale absuelto. Sabe que la condena es obligada, como la fue la del Fiscal General, y como la será dentro de unos meses la de su esposa, Begoña Gómez. Los tres casos comparten similitudes en cuanto al origen, denunciantes, desarrollo, instrucción, acusaciones “populares”, investigaciones policiales, el papel de la UCO, errores, filtraciones, intoxicaciones, juicio mediático, inconsistencia, falta de pruebas concluyentes y sensación de persecución; y los tres compartirán la misma conclusión: condena.














