Nací y me crié en la confluencia de las calles Padilla y avenida Gaudí, y para mí la calle era la sombra de la Sagrada Família. Jugué en sus alrededores y en el interior de sus torres, en una época sin barreras que lo impidieran.Durante años fui testigo de su lento pero imparable crecimiento, y la obra siempre me ha fascinado. Comprendí las críticas a las intervenciones de Josep M. Subirachs en la fachada de la Pasión, y durante años estuve atento a la polémica entre quienes habrían deseado que el legado de Gaudí quedara preservado en la fachada del Nacimiento. Su argumento era válido. Andreu EstebanLa construcción fue avanzando hasta completar la torre de Jesucristo con la enorme cruz de geometría de doble giro, recurso de Gaudí para dar sensación de movimiento y crecimiento orgánico. La torre central me ha resultado más ancha de lo que imaginaba. La esbeltez de la fachada del Nacimiento, tan familiar, hace que el contraste sea difícil de ignorar.Es seductora la idea de que Miquel Barceló o Cristina Iglesias diseñen la fachada de la Gloria, y desearía ver terminados la capilla y el claustro, así como la escalinata de la calle Mallorca. Pero aún queda mucho por hacer.Con la Sagrada Família, Gaudí buscó a Dios y lo que hizo fue también transformar esta ciudadTrabajé en la torre Agbar –diario ADN– y tuve el privilegio de ocupar un despacho justo en el centro de la planta, donde Jean Nouvel diseñó una ventana vertical simétricamente orientada al eje central de la Sagrada Família, como su homenaje a Gaudí. En el horizonte se divisaba también la torre de telecomunicaciones de Norman Foster, mi pieza favorita.La visita del Papa convertirá la Sagrada Família en el centro de atención del mundo y millones de personas visitarán Barcelona para ver esta basílica tan especial. La reforma en la calle Marina ha sido un acierto, pero el entorno del templo desborda ya cualquier previsión. Lo que vemos ahora es solo el principio, y gestionar lo que viene será uno de los grandes retos urbanos de la Barcelona de los próximos años.Gaudí tuvo una visión. Pero estoy seguro de que jamás hubiera imaginado el impacto de su obra, ni que millones de personas que hablan centenares de lenguas darían tanto valor a su visión arquitectónica y a su propósito religioso. Y eso, en sí mismo, representa el colosal triunfo de este hombre que, más allá de la fe, hizo de Barcelona una ciudad mágica.