."Esa foto debería ser del año 68 o 69, que deberíamos venir aquí a celebrar la Palma", explica Pilar a su hija Marta. Pilar es del barrio de la Sagrada Familia y recuerda el monumento como una parte de la historia de la ciudad, del barrio, de su historia. Siempre ha estado ahí, creciendo, pero entonces "solo eran cuatro torres y una pared". Recuerda que solía venir al entorno de la Sagrada Familia a "celebrar carnavales o a bendecir la Palma", el Domingo de Ramos. Su infancia se desarrolló con el monumento modernista como telón de fondo. Recuerda los paseos que solía hacer en los aledaños del templo y cómo en las festividades religiosas, como cientos de barceloneses, se acercaban hasta el lugar con sus mejores galas. "El Domingo de Ramos, llevábamos algo nuevo. La palma y un rosario de azúcar", relata a 20minutos.Aquellas imágenes distan mucho de las actuales, donde los turistas se agolpan para poder tomar la mejor instantánea de la basílica de Antoni Gaudí. Entonces eran pocos los que tenían una cámara de fotos, pero Pilar tenía una. Los años pasaron, Pilar contaba con 26 cuando nació Marta. Seguían viviendo en el barrio y todos los días, cuando Marta iba al colegio, "pasaba por delante del templo", explica. Ella jugaba en los parques que lo rodeaban. Lo consideraba un elemento más de su entorno. Un día de 1993, un día como otro cualquiera, salieron a pasear por la noche e iluminaron el monumento: "Dijimos: 'Va, vamos a hacer una foto'". En ese momento, tras las cuatro torres de la portada del Nacimiento ya asomaban las de la portada de la Pasión, de Subirats, que todavía se estaba esculpiendo.Visitas familiares a la Sagrada FamiliaDamián y Amparo llegaron a Barcelona en 1973. Él, de un pueblo en la Sierra de Béjar de Salamanca llamado Lagunilla. Ella, de un pueblo a unos siete kilómetros llamado Valdelageve. Ambos hijos de la migración de los años setenta. Lo que más les impactó fue la grandeza del monumento. Juntos recuerdan cuando familiares del pueblo vinieron a visitarles en 1983 y les llevaron a ver la Sagrada Familia. "Es cuando muchos venimos a verla, cuando viene la gente de fuera y se la queremos enseñar", explica Damián, orgulloso del templo.Frente a la Sagrada Familia recuerdan el retrato que él le hizo a ella aquel día, alimentando a las palomas con el hijo de ambos, Mario. "Hace ya cuarenta años de esa foto", comentan en conversación con este rotativo. "Tú estabas embarazada", añade él. A través de la foto vuelven a un tiempo en el que "se veía la claridad" entre las torres de la portada del Nacimiento, ya que por detrás no estaban construidas las torres centrales. "Estaba empezando la portada de la Pasión", explica Amparo.Recuerdan cuando, en una visita que hicieron en el 81, subieron las escaleras y, cuando bajaron, estando en el centro del templo que entonces no estaba cubierto, "alguien desde arriba nos tiró un melocotón". "Casi nos da", dicen entre risas. Miran la foto y vuelven a elevar la mirada hacia la cruz que corona la basílica. "Cómo ha cambiado... y nosotros", siguen riendo.La pista de patinajeA Margarita, la Sagrada Familia le trae recuerdos de cuando era pequeña. También venía a celebrar fiestas tradicionales. Ella vivía cerca del Hospital de Sant Pau, no lejos del templo y sus padres la traían a la pista de patinaje. "Yo venía con los patines, esos de correas" que se enganchaba a los pies, explica frente a sus hijas, Laia y Neus.En la foto que sostiene en sus manos aparece Margarita, con sus padres frente al templo en el año 2.000, y junto a Laia. "Te habías caído dos días antes y por eso tenías una herida en la cara", le explica. En cierto modo, también estaba Neus, "en la barriga" de su madre. Ellas no llegaron a conocer la pista de patinaje. Ya no está.El primer recuerdo de la Sagrada Familia de sus hijas, más reciente. "Con el colegio y el instituto veníamos de excursión una vez al año a visitarla. Nos explicaban el templo, las cristaleras, todo", expone Laia que dice sentirse privilegiada al poder visitar "un símbolo de Barcelona" con el colegio. Neus, es más joven todavía. La semana que viene cumplirá 26 años. Al haberse mudado a otro barrio, su primer contacto con el templo también fue a través de las excursiones del colegio. "Ya entendíamos que era un icono de Barcelona".Marta también recuerda que para ella, de niña, la Sagrada Familia era sinónimo de pista de patinaje. "Me acuerdo mucho que había al lado una pista de patinaje muy grande", relata, y argumenta que, hasta que no creces, no te das cuenta "del símbolo que es".Crecimiento imperceptible, alcance globalEn ese sentido, Marta, que ha crecido al ritmo de la basílica, explica que le pasa como a muchos barceloneses que, pese a que el templo no deja de ganar altura, los que viven a sus pies se van dando cuenta según van apareciendo nuevos elementos. "Esos cambios, aunque se dan día a día, solo los ves en los momentos en los que dices: ¡Ostras! Ha crecido por un lado… Te vas dando cuenta en agregados de que se ha ido haciendo grande".Damián peina más canas que Marta y vincula "su evolución al de la ciudad". "Es como el cambio de la ciudad, que se ha hecho cada vez más grande como la Sagrada Familia, más moderna. Es una evolución contínua", explica.Pero el monumento no ha crecido solo en volumen, sino también en adeptos a lo largo y ancho de todo el mundo. "La Sagrada Familia es un monumento muy importante a nivel mundial. Vayas donde vayas, tú comentas y dices: 'Barcelona'; y lo primero que te dicen es: 'Sagrada Familia', explica Margarita. Pilar comparte ese orgullo: "Es un sentimiento que sientes cuando vas por cualquier sitio. Es un referente. Hablas de Barcelona y te lo dicen. ¡Saben de dónde soy!".¿Por fuera o por dentro?Entre los seguidores de la Sagrada familia hay relativa división sobre si prefieren cómo es el monumento por fuera o cómo es por dentro. Pese a que el mundo tiene la imagen de la fachada exterior, la mayoría de barceloneses se quedan con el interior. "Por dentro es espectacular. Tiene una luz, tiene una acústica. Es donde se ve realmente Gaudí. Esto [la fachada] es un poco Barroco. Está bien, pero por dentro..." concluye Margarita, entornando la mirada.Damián y Amparo tampoco tienen dudas y aseguran que, por dentro, la iglesia "es una pasada". "La luz", recalca ella. "Todo lo que hay, la brillantez, lo distinto que es a otros templos, es lo que dice ella: la luz", comenta. Les faltan las palabras para expresarlo. Pronto las encontrarán. El viernes tienen entradas para visitarla. Viene su sobrino del pueblo.Para Marta la imagen del exterior, es parte de su infancia: "Aun así, no he entrado nunca. Debe ser otro gran tópico de mucha gente de Barcelona, que no ha estado nunca dentro", ríe.
La memoria de la Sagrada Familia: Pasado y presente a través de la mirada de los barceloneses
."Esa foto debería ser del año 68 o 69, que deberíamos venir aquí a celebrar la Palma", explica Pilar a su hija Marta. Pilar es del barrio de la Sagrada Familia y recuerda el monumento como una parte de la historia de la ciudad, del barrio, de su historia. Siempre ha estado ahí, creciendo, pero entonces "solo eran cuatro torres y una pared". Recuerda que solía venir al entorno de la Sagrada Familia a "celebrar carnavales o a bendecir la Palma", el Domingo de Ramos. Su infancia se desarrolló con el monumento modernista como telón de fondo. Recuerda los paseos que solía hacer en los aledaños del templo y cómo en las festividades religiosas, como cientos de barceloneses, se acercaban hasta el lugar con sus mejores galas. "El Domingo de Ramos, llevábamos algo nuevo. La palma y un rosario de azúcar", relata a 20minutos.Aquellas imágenes distan mucho de las actuales, donde los turistas se agolpan para poder tomar la mejor instantánea de la basílica de Antoni Gaudí. Entonces eran pocos los que tenían una cámara de fotos, pero Pilar tenía una. Los años pasaron, Pilar contaba con 26 cuando nació Marta. Seguían viviendo en el barrio y todos los días, cuando Marta iba al colegio, "pasaba por delante del templo", explica. Ella jugaba en los parques que lo rodeaban. Lo consideraba un elemento más de su entorno. Un día de 1993, un día como otro cualquiera, salieron a pasear por la noche e iluminaron el monumento: "Dijimos: 'Va, vamos a hacer una foto'". En ese momento, tras las cuatro torres de la portada del Nacimiento ya asomaban las de la portada de la Pasión, de Subirats, que todavía se estaba esculpiendo.Visitas familiares a la Sagrada FamiliaDamián y Amparo llegaron a Barcelona en 1973. Él, de un pueblo en la Sierra de Béjar de Salamanca llamado Lagunilla. Ella, de un pueblo a unos siete kilómetros llamado Valdelageve. Ambos hijos de la migración de los años setenta. Lo que más les impactó fue la grandeza del monumento. Juntos recuerdan cuando familiares del pueblo vinieron a visitarles en 1983 y les llevaron a ver la Sagrada Familia. "Es cuando muchos venimos a verla, cuando viene la gente de fuera y se la queremos enseñar", explica Damián, orgulloso del templo.Frente a la Sagrada Familia recuerdan el retrato que él le hizo a ella aquel día, alimentando a las palomas con el hijo de ambos, Mario. "Hace ya cuarenta años de esa foto", comentan en conversación con este rotativo. "Tú estabas embarazada", añade él. A través de la foto vuelven a un tiempo en el que "se veía la claridad" entre las torres de la portada del Nacimiento, ya que por detrás no estaban construidas las torres centrales. "Estaba empezando la portada de la Pasión", explica Amparo.Recuerdan cuando, en una visita que hicieron en el 81, subieron las escaleras y, cuando bajaron, estando en el centro del templo que entonces no estaba cubierto, "alguien desde arriba nos tiró un melocotón". "Casi nos da", dicen entre risas. Miran la foto y vuelven a elevar la mirada hacia la cruz que corona la basílica. "Cómo ha cambiado... y nosotros", siguen riendo.La pista de patinajeA Margarita, la Sagrada Familia le trae recuerdos de cuando era pequeña. También venía a celebrar fiestas tradicionales. Ella vivía cerca del Hospital de Sant Pau, no lejos del templo y sus padres la traían a la pista de patinaje. "Yo venía con los patines, esos de correas" que se enganchaba a los pies, explica frente a sus hijas, Laia y Neus.En la foto que sostiene en sus manos aparece Margarita, con sus padres frente al templo en el año 2.000, y junto a Laia. "Te habías caído dos días antes y por eso tenías una herida en la cara", le explica. En cierto modo, también estaba Neus, "en la barriga" de su madre. Ellas no llegaron a conocer la pista de patinaje. Ya no está.El primer recuerdo de la Sagrada Familia de sus hijas, más reciente. "Con el colegio y el instituto veníamos de excursión una vez al año a visitarla. Nos explicaban el templo, las cristaleras, todo", expone Laia que dice sentirse privilegiada al poder visitar "un símbolo de Barcelona" con el colegio. Neus, es más joven todavía. La semana que viene cumplirá 26 años. Al haberse mudado a otro barrio, su primer contacto con el templo también fue a través de las excursiones del colegio. "Ya entendíamos que era un icono de Barcelona".Marta también recuerda que para ella, de niña, la Sagrada Familia era sinónimo de pista de patinaje. "Me acuerdo mucho que había al lado una pista de patinaje muy grande", relata, y argumenta que, hasta que no creces, no te das cuenta "del símbolo que es".Crecimiento imperceptible, alcance globalEn ese sentido, Marta, que ha crecido al ritmo de la basílica, explica que le pasa como a muchos barceloneses que, pese a que el templo no deja de ganar altura, los que viven a sus pies se van dando cuenta según van apareciendo nuevos elementos. "Esos cambios, aunque se dan día a día, solo los ves en los momentos en los que dices: ¡Ostras! Ha crecido por un lado… Te vas dando cuenta en agregados de que se ha ido haciendo grande".Damián peina más canas que Marta y vincula "su evolución al de la ciudad". "Es como el cambio de la ciudad, que se ha hecho cada vez más grande como la Sagrada Familia, más moderna. Es una evolución contínua", explica.Pero el monumento no ha crecido solo en volumen, sino también en adeptos a lo largo y ancho de todo el mundo. "La Sagrada Familia es un monumento muy importante a nivel mundial. Vayas donde vayas, tú comentas y dices: 'Barcelona'; y lo primero que te dicen es: 'Sagrada Familia', explica Margarita. Pilar comparte ese orgullo: "Es un sentimiento que sientes cuando vas por cualquier sitio. Es un referente. Hablas de Barcelona y te lo dicen. ¡Saben de dónde soy!".¿Por fuera o por dentro?Entre los seguidores de la Sagrada familia hay relativa división sobre si prefieren cómo es el monumento por fuera o cómo es por dentro. Pese a que el mundo tiene la imagen de la fachada exterior, la mayoría de barceloneses se quedan con el interior. "Por dentro es espectacular. Tiene una luz, tiene una acústica. Es donde se ve realmente Gaudí. Esto [la fachada] es un poco Barroco. Está bien, pero por dentro..." concluye Margarita, entornando la mirada.Damián y Amparo tampoco tienen dudas y aseguran que, por dentro, la iglesia "es una pasada". "La luz", recalca ella. "Todo lo que hay, la brillantez, lo distinto que es a otros templos, es lo que dice ella: la luz", comenta. Les faltan las palabras para expresarlo. Pronto las encontrarán. El viernes tienen entradas para visitarla. Viene su sobrino del pueblo.Para Marta la imagen del exterior, es parte de su infancia: "Aun así, no he entrado nunca. Debe ser otro gran tópico de mucha gente de Barcelona, que no ha estado nunca dentro", ríe.













