Son las 13.00 horas e Igor Cortadellas, artista visual, está rodeado de cámaras haciendo declaraciones en la avenida Gaudí, delante de La Sagrada Família, convertida casi en su casa desde hace meses. “Vivo aquí delante y fue insuperable”, le dice una vecina entusiasmada al reconocer que es el autor del espectáculo que culminó anteayer la bendición de la torre de Jesús por parte del Papa. No para de recibir felicitaciones. “Estamos sorprendidos por ello”, admite. “No porque la Basílica sea universal y sitúa a Barcelona en el mundo. Ni Lamine Yamal ni Messi: es el icono. Y hemos colaborado con el máximo respeto. Era sumarnos sin romper nada. El aprendizaje que hemos vivido ha sido bestial. Es inenarrable”. El espectáculo coronó la ceremonia dejando boquiabiertas a las miles de personas que estaban en el templo y a las que lo vieron por televisión. Los juegos de música y luz alcanzaron su cénit con la aparición de la silueta de Gaudí hecha con drones, dirigidos desde Sant Pau, con su visionaria frase: “Primero el amor, luego la técnica”. La conmoción por la belleza de las imágenes ha hecho que muchos evocaran al espíritu olímpico de Barcelona. “Sorprende que la gente lo diga. La Sagrada Familia es muy simbólica y nos conecta con las raíces y tradición. Hemos hecho un trabajo cambrístico”, dice a la suma coral de diversos formatos como la música, la iluminación, la priotecnia o los mismos drones. La junta constructora de La Sagrada Familia encargó hace año y medio a Cortadellas el proyecto para conmemorar el centenario de la muerte de Gaudí. Poco antes ya había realizado el espectáculo de inauguración de la Copa del América de Vela y el Centenario de Telefónica. “Querían una expresión simbólica, espiritual, universal y no grandilocuente”, explica este violinista y obeista de formación, que hace 14 años transitó hacia el arte visual. “Tenía que durar entre ocho y 14 minutos -fueron nueve- y que se sumara a la liturgia tras la bendición”.Cortadellas revela que quiso expresar el “privilegio” de las actuales generaciones de ver culminar el templo y agradecerlo a quienes lo han hecho posible. “Lo de Gaudí fue una expresión de máxima generosidad, Sabía que que no la vería acabar”, recuerda. El relato arranca con el canto de los escolanets y la iluminación de los farolillos en el exterior generando la idea de comunidad; sigue con la luz entrando en la basílica convirtiendo la fachada en un órgano de piedra y un haz de luz hasta la sala de la torre de de Jesús, impresionante y desconocida hasta ahora, donde tocan los músicos del Liceu y que recuerda tanto al Bolero de Ravel en 3D que Cortadellas hizo con ellos. La luz blanca llega hasta la cruz y las estrellas. “Y Gaudí nos mira y es una forma de darle las gracias”, dice.Todo funcionó (o casi) como un reloj. Fueron necesarios 5.000 farolillos en el exterior y 4.000 en el interior de material biodegradable y hechos con impresora 3D. “Fue una luz programada, como las pulseritas de los conciertos para integrar la coreografía”, cuenta. Un millar de drones se necesitaron para hacer la silueta del arquitecto con el inconveniente de que el miércoles fue el primer dia que lo probaron en Barcelona. “Lo ensayamos en Celrà, en l’Empordà. No lo vio nadie. Pero otra vez, en una carretera recóndita, lo vio un hombre y paró el coche. Parecía una imagen de Stranger Things, y se asustó al ver sombras como si viera un ovni o una aparición mariana”, bromea Cortadellas. La composición tuvo más secretos porque las decenas de luces de distintos colores que se proyectaron estaban colocadas en el interior del templo, en los andamios, como ristras de tomates, para que la luz fuera proyectada desde dentro hacia afuera. “Nunca se había hecho”, revela.La creación fue, además, un viaje musical compuesto por Dani López en el que colaboró el propio Cortadellas, músico de formación y que ahora colabora en el Liceu -también participó el coro- retransmitiendo óperas con una visión cinematográfico. La bendición del Papa modificó ligeramente el espectáculo porque quienes asistían a la misa iban a salir al exterior: “El proyecto narrativamente no cambió porque no afectaba si la bendición la hacía el Papa o un cardenal. Pero lo mejoró: quedó mejor con los farolillos dentro”.El principal riesgo fue que nunca pudieron ensayar todo al completo y fue por partes. El martes lo hicieron los cantantes y otros días se hubo las pruebas de luz. Y nunca llegaron a ver hasta el mismo miércoles cómo eran los fuegos. Solo pudieron hacer un test. “No queríamos un piromusical ni palmeras”, afirma sobre los más convencionales. “Queríamos un fuego blanco, elegante”, afirma señalando que la operación requirió el cuidado para no dañar el patrimonio.Detrás del lago a los pies del templo, el equipo técnico estuvo pendiente de la transmisión en coordinación con los realizadores de TVE, que se encargaron del interior del templo, y los de TV3, del exterior, en un trabajo previo de producción. Los riesgos del directo existen porque tres minutos antes del inicio, Cortadellas supo que los 600 cantores no estarían en las escalinatas (a algunos les requisaron estelades y la policía no les dejó pasar). “Eran como la luz del pueblo que subía por las escaleras. No sé qué paso y tuvimos que reaccionar”, cuenta. La situación ya era límite porque quería empezar a las 21.55 para aprovechar la última luz azul: “Sufrí mucho. Pero en la misa clavaron el horario. Cinco minutos después no habría funcionado igual”.Dice que no pudo ver nada de la visita del Papa, que toda la semana se ha ido a dormir a las seis y que aún digiere lo vivido. “Nunca estaré suficientemente agradecido de que nos eligiera a nosotros”, dice. “Me gustaba mucho Gaudí pero miraba la Sagrada Familia de perfil y no como se merecía. Y cuando entré en el proyecto me enganchó. Tiene algo universal que trasciende. Te genera preguntas que no sabremos nunca contestar”.