Cuando se cumplen justo 100 años de la muerte de Antoni Gaudí, el sueño del arquitecto de completar la Sagrada Familia está más cerca que nunca. En un acto solemne e histórico, el Papa León XIV ha inaugurado y bendecido la Torre de Jesucristo, que con 172,5 metros la convierte en la Basílica más alta del mundo y con la que roza el cielo de Barcelona. Tras el homenaje al genio catalán en una misa oficiada por el Santo Padre y bajo la atenta mirada de todos los presentes, incluidos los Reyes de España, los focos se han puesto en la cruz de 17 metros que corona la torre ya que, por primera vez, se ha iluminado para cumplir con los deseos del artista: que brille de día e ilumine de noche. El encendido ha estado acompañado de un espectáculo de luces y fuegos artificiales que el pontífice ha presenciado desde una tarima en la fachada del Nacimiento, la primera que se erigió y la única que vio en vida Gaudí. Previamente, desde el punto central de la fachada, ha bendecido la torre con agua bendita, momento que ha emocionado a los feligreses congregados en los aledaños del templo, que le han vitoreado tras verle por las pantallas gigantes que se han instalado en el exterior. Justo minutos después, ha dado paso a la inauguración de la torre, que también ha contado con música por parte del coro que ha participado en la misa. En ella, León XIV ha rezado: "Inauguramos la nueva torre de esta Basílica en el centenario de la muerte del venerable Antoni Gaudí, el arquitecto de Dios, dedicada a nuestro Señor Jesucristo y coronada por la Cruz, misterio de misericordia y salvación. Elevemos nuestro espíritu y anhelemos las realidades del cielo, que el banquete eucarístico nos ha dado para ser uno en Cristo". Ante la atenta mirada de las miles de personas que seguían el acto en el exterior, ha pedido a los fieles dirigir la mirada a la cruz que corona la Basílica para que "alcancen los frutos de la salvación y den testimonio de la alegría que, desde este árbol de la vida, ha llegado al mundo entero".Justo después, una columna de drones se ha levantado sobre la Sagrada Familia para representar la cara del arquitecto catalán, simulando que observaba desde el cielo su construcción elevada hasta la cima. Los drones se han dispersado formando una de sus frases más célebres: "Primer l'amor, després la tècnica" (Primero el amor, después la técnica).Tras el espectáculo de luces, fuegos artificiales y drones, que ha durado ocho minutos, la gente que se agolpaba en el entorno de la Basílica ha lanzado proclamas de 'Viva el Papa', 'Viva Catalunya' y 'Viva Gaudí'. La admiración ha llegado a todos los rincones del mundo, y se ha notado en las caras de los periodistas que cubrían el acto, venidos desde 30 países del mundo para retransmitir la inauguración. En total, eran 1.600 acreditados.Esta visita apostólica, no será solo recordada por el espectáculo que Barcelona ha vivido, sino que habrá constancia en la propia Basílica, ya que se ha instalado una placa conmemorativa. Esta es la tercera, ya que el templo cuenta con otras dos: una por la visita de Juan Pablo II en 1982, instalada en el portal de la Esperanza de la fachada del Nacimiento, y otra por la visita de Benedicto XVI en 2010, ubicada en el interior.Misa solemne en la BasílicaTodo ello ha sido precedido por el acto litúrgico en el interior de la Basílica, a la que el pontífice ha entrado por la puerta de la fachada de la Glòria vestido con un traje blanco con detalles dorados y junto a una procesión. Esta es la entrada principal al templo, y aunque aún no está habilitada para el público, ya se abrió en 2010 para recibir a Benedicto XVI. Que esta sea la segunda ocasión en la que se usa esta puerta, ha evidenciado la importancia del acto que se ha realizado en el corazón de Barcelona, que se ha volcado con la visita del Santo Padre. Durante la misa, junto a la luz que se colaba por las vidrieras generando un ambiente entre mágico y místico, también ha sido protagonista la música. Entonada por un coro de 600 personas -500 adultos dirigidos por Pere Lluís Bisoca y 100 voces blancas dirigidas por Pau Jorquera- en la elevada posición que Gaudí reservó para ellos, los cánticos han llenado las tres naves del templo al son de las notas del enorme órgano de la iglesia.En la eucaristía, de una hora y media aproximadamente, el pontífice ha realzado la figura del Gaudí, también conocido como el 'arquitecto ardiente de fe', ha explicado que él "concibió estos espacios con el deseo de narrar los misterios de la vida del Señor". De este modo, ha proseguido el Papa, propuso "una peregrinación espiritual, que conduce al encuentro con Cristo nacido, muerto y resucitado por nosotros", por lo que le ha dado las gracias, al igual que a todos los promotores y benefactores que han permitido erigir la que es la Iglesia más alta del mundo.León XIV se ha referido al genio catalán como "venerable", título que le concedió el Papa Francisco una semana antes de morir en 2025 y que supone un paso más para que desde el Vaticano declaren su beatificación. Como señal de respeto, nada más llegar y ser recibido por Sus Majestades los Reyes, el presidente del Gobierno y el de la Generalitat, el pontífice ha bajado para rezar en la cripta de la Sagrada Familia, donde descansan los restos de Gaudí. Hasta allí le ha acompañado el cardenal arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, que junto al presidente de la Junta Constructora de la Sagrada Familia, Esteve Camps, ha hecho de anfitrión.No obstante, antes de bajar a rezar también ante el Santísimo, León XIV ha escuchado a Valentina, una niña con síndrome de Leber que le ha explicado tanto a él, como a los reyes, los detalles de la torre de Jesús con una réplica de la misma en la que estaban representado minuciosamente los símbolos que hay en los más de 170 metros que la conforman. Tras acabar su atenta descripción, darle al pontífice un dibujo y recibir de las manos del Papa un rosario, la joven emocionada le ha asegurado que "lo guardará para siempre".Símbolo de "unidad y concordia"Durante la homilía, el Santo Padre ha puesto en valor la figura de la Sagrada Familia, obra que ha definido como un signo "de unidad y de concordia" para toda España. Además, ha defendido que, a pesar de que sigue en construcción y lleva más de 140 años en obras -todavía falta por acabar la fachada de la Gloria, envuelta en polémica-, la Basílica es ya "mucho más que un monumento". "Nos recuerda cómo la vida cristiana es siempre un camino, porque se trata de un proyecto que Dios lleva a cabo", ha destacado. "La belleza de este templo nos anima a aprender cada vez más de nuestro Maestro y Señor el arte de vivir según su Evangelio", ha continuado el pontífice, que ha ido alternando el catalán y el castellano en su discurso. Así pues, ha asegurado que "su imperfección no es un defecto, porque da testimonio de un deseo", a la vez que el hecho de que no esté acabada "no significa una carencia, sino que expresa una promesa que queremos honrar con coherencia".Con esa voluntad de seguir el Evangelio, León XIV ha sostenido que no se puede creer en Jesús "y matar al inocente. No podemos creer en Jesús y abandonar a quien sufre, a quien llora, a quien huye de la miseria", ha dicho.Un Papa comprometidoCon la bendición de la Torre de Jesús concluye la visita del Papa a Barcelona, que cogerá una avión el jueves a las 08.30 con destino a las Canarias. Su paso por la capital catalana no ha dejado indiferente a nadie. Sus discursos han sido comprometidos y no han soslayado muchos de los temas de actualidad social y política.Robert Prevost ha abordado asuntos espinosos, como la migración, la violencia de género, la salud mental, la soledad y el abandono de la tercera edad o la reinserción de los presos. El Papa ha hecho referencia explícita a la "violencia contra la mujer", que ha llamado a "combatirla como sociedad" tras alertar la lacra que suponen los "feminicidios".También ha agradecido a Catalunya que se haya posicionado a favor de la acogida de migrantes y que se haya convertido en ejemplo de integración: "Gracias Catalunya por haber recibido a tantas personas de otros países y porque enseña cómo integrar a todos en una única familia", ha dicho.En sus discursos, que ha realizado todos ellos en lengua castellana y catalana, ha abordado la necesidad de que la salud mental sea "prioritaria en el sistema sanitario", ha pedido no permitir "la soledad y el abandono" a las personas de la tercera edad y también ha alentado a 80 presos asegurando que tienen una segunda oportunidad: "El señor nos permite a todos empezar siempre de nuevo".El pontífice también ha llamado a barceloneses y catalanes a ser "constructores de unidad", ante un mundo desgarrado por guerras y divisiones. "Esta ciudad y esta región son un hogar amplio y abierto a la fraternidad cristiana", donde los hermanos se entregan para construir armonía y comunión, más allá de toda polarización, ha zanjado.