Barcelona ha saldado una deuda histórica con uno de sus genios más universales al señalar el punto exacto de su tragedia. Y es que el ayuntamiento acaba de inaugurar una placa conmemorativa situada frente al número 665 de la Gran Via de les Corts Catalanes, lugar donde fue atropellado Antoni Gaudí. El acto solemne, celebrado cien años después del fatídico accidente, marca un hito en la recuperación de la memoria urbana de la ciudad. La iniciativa partió originalmente del tejido vecinal del distrito del Eixample, buscando transformar un tramo de acera en un espacio de reflexión.
Se trata de un gesto de reparación que busca humanizar la figura de un arquitecto cuya obra es hoy patrimonio de toda la humanidad. La discreta losa en el suelo invita ahora a los transeúntes a detenerse y observar con conciencia los lugares que habitan. El evento de la inauguración de la placa reunió a vecinos y representantes institucionales de localidades vinculadas a su vida como Riudoms y la Pobla de Lillet. Así, Barcelona recupera un rincón de su historia que durante un siglo permaneció solo en el recuerdo oral de sus habitantes.
Eran exactamente las seis de la tarde del 7 de junio de 1926 cuando Gaudí salió para realizar su habitual caminata. Como cada día, el arquitecto seguía una rutina casi monástica que permitía a sus vecinos conocer la hora solo con verle pasar. Se dirigía desde la Sagrada Família hacia la misa vespertina en la iglesia de Sant Felip Neri, en el Barrio Gótico. En su bolsillo llevaba un ejemplar de los evangelios y, según algunas crónicas, un número del diario ‘La Veu de Catalunya’. Aquel trayecto cotidiano era para él un momento de devoción y meditación profunda lejos del ruido de sus grandes obras. Nada hacía presagiar que el hombre que estaba construyendo el templo más ambicioso del mundo terminaría su jornada así.











