Un genio inimitable

Álex Rodríguez

A las 18:05 h del lunes 7 de junio de 1926, Antoni Gaudí fue atropellado por un tranvía en la Gran Vía de Barcelona. Caminaba hacia la iglesia de Sant Felip Neri, donde solía ir a rezar. Tres días después falleció en el hospital de la Santa Creu. “Dios mío, Dios mío” fueron sus últimas palabras. Tenía 73 años; 43 los dedicó a la Sagrada Família, expresión del misterio cristiano (Puig) e inspiración del sentimiento de la Divinidad (Mercader). El templo comenzó a construirse durante el pontificado de Leon XIII, Bendicto XVI consagróla basílica en el 2010, y Leon XIV bendecirá la torre de Jesús este mes de junio, en el acto central del aniversario del fallecimiento del genial arquitecto. El pináculo, de 172,5 metros de altura, cierra el capítulo de la verticalidad de la iglesia y supone la culminación de diez años de construcción sin precedentes (Sans).

Jordi Faulí, el arquitecto director de la Sagrada Familia, no cree que exista ningún arquitecto como Gaudí, “que haya estado tantos años proyectando un edificio sabiendo que no lo va a construir”. Ahora –añade en la entrevista concedida a Vanguardia Grandes Temas– existe la necesidad de ver la basílica concluida. Ha pasado de la crítica por no dejar el templo tal y como lo contempló Gaudí por última vez–solo con la fachada del Nacimiento con el campanario de san Bernabé ya terminado– a la aceptación de las obras.