En la universalidad de la defensa cerrada de los valores humanos es donde el Vaticano y las izquierdas democráticas se encuentranEl papa León XIV, ante las Cortes Generales, este lunes. César Vallejo Rodríguez (Europa Press)Resuena aún en Madrid la visita del Papa. Paso ligero, palabra firme y una agenda intensa y diversa, llena de encuentros y gestos simbólicos. El eco se entremezcla con el reverberar de las reacciones que León XIV ha dejado tras de sí. Voces que ensalzan su mensaje, celebran la calma y llaman al respeto, a construir comunidad abierta y unida. En tiempos donde el ruido busca opacar la acción institucional y social más laboriosa, subrayando el conflicto y atacando con furor corrosivo los consensos donde se asienta nuestra democracia, este oasis festivo y lleno de concordia es digno de celebrar. ¿Se mantendrá la onda expansiva de estos ecos de humanidad o se deshará cuando la visita termine? Quedan dos capítulos, Barcelona y Canarias. Dos buenos escenarios para cantar la diversidad y proclamar a los cuatro vientos la prioridad humana.En un escenario internacional lleno de ataques y zozobras, de soberbia y desprecio por la democracia y la cortesía, la voz del Papa resuena fuerte, con una defensa tranquila y firme del orden atacado. Las derechas se han empapado tanto del populismo chulesco y devorador que el humanismo cristiano se vuelve revolucionario. Es precisamente esa dimensión humana la que da transversalidad al papa Prevost en un escenario donde la humanidad es un acto político. En esa transversalidad universal de la defensa cerrada de los valores humanos es donde el Vaticano y las izquierdas democráticas se encuentran y resucitan la vieja alianza entre socialdemocracia y democracia cristiana que construyó los cimientos de la mejor Europa, la impulsora del Estado del bienestar y la justicia social. Y es que la justicia social, eso que Isabel Díaz Ayuso definía como “invento de la izquierda” para promover “la cultura de la envidia, del rencor y de buscar falsos culpables”, es el arma más poderosa contra el discurso tramposo de una ultraderecha que se alimenta de convertir al débil en culpable de todo mal, de enfrentar a los penúltimos con los últimos, de consolidar la desigualdad.La voz del Papa se escucha, dice Alberto Núñez Feijóo. Pero proclamar referente moral a quien defiende una visión integradora de las migraciones no es compatible con rechazar la regularización de inmigrantes, justificar la “prioridad nacional”, criminalizar a los menores solos o rechazar el traslado de migrantes de Canarias a otras comunidades en la creencia equivocada de que eso te dará votos y debilitará a quien te quiere fagocitar. Ojalá León XIV no predique en el desierto y la derecha conservadora escuche.Archivado EnOpiniónViajes PapaPapa León XIVDemocracia cristianaHumanismoDemocraciaPopulismoPPIsabel Díaz AyusoAlberto Núñez FeijóoRegularización inmigrantesRacismoXenofobiaEstado bienestarEspañaIdeologíasCanariasInmigraciónInmigración irregular EspañaMenores migrantesMigraciónMigrantesVoxUltraderechaExtrema derecha
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