Autor”, “autoridad” y “autorización” son tres vocablos que la filosofía trastea por lo menos desde 1955, cuando John L. Austin dictó las conferencias que dieron paso y cimiento a la pragmática de los actos de habla.Austin, inglés, era héroe de la Segunda Guerra Mundial (estuvo en el Día D, 6 de junio de 1944) y murió joven (1960), antes de ver publicadas en libro sus consideraciones fundadoras y fundamentales (1962).El discurso del papa León XIV la semana pasada en el Congreso de los Diputados, las antiguas Cortes de España, justo enfrente de la embajada de México, tiene autoría, autorización y autoridad. Austin nos decía, justo en el año natal de Robert Prevost, que la comunicación humana deja medirse en términos de éxito y fracaso, ya que el hablante tiene intenciones y desea verlas cumplirse en el oyente, quien a su vez tiene las suyas propias. Y una condición para el éxito es ineludible: el hablante, autor del mensaje, debe tener autoridad moral para poseer completa la autorización de dirigirse a su oyente, tanto más si este oyente es la España política en pleno, con diputados, senadores, presidente de gobierno, líderes de la oposición, ex presidentes y figuras de relieve en distintos ámbitos, por ejemplo, el padre Ángel García con sus infaltables traje negro y camisa blanca y larga bufanda roja: su presencia se adivinaba en uno de los palcos o plateas, allá arriba.Las palabras del papa fueron impecables. Su cuidadoso discurso recibió el reconocimiento de las diversas corrientes en el Congreso, unas y otras peleadas entre sí hoy más que nunca.Resulta tan raro escuchar una pieza oratoria inteligente, intencionada, “firme y serena”, que conviene detenerse en algunos elementos de aquel día, que culminó con los ya famosos siete minutos de aplauso unánime y de pie.León XIV repasa la historia de España desde la perspectiva de las aportaciones de la Península, en especial Salamanca, al pensamiento universal de los derechos humanos. Hoy en que abundan los micrófonos destinados al odio y a la descalificación, a la sorna y al desprecio, el tono y las palabras (forma y fondo) del obispo de Roma se concentraron en el reconocimiento a un gran país, decisivo en la conformación del mundo contemporáneo (más decisivo de lo que el propio país se lo imagina, lo recuerda y lo reconoce).El pontífice hizo honor a la etimología de esta palabra: ‘pontífice’, “el que tiende puentes”. Pero primero que nada hizo un deslinde entre las responsabilidades del mundo religioso, eclesial, y las responsabilidades del mundo político, civil. Desde el respeto al deslinde de territorios, habló de la “literatura inmortal” española y citó a don Quijote: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos” (El Quijote, ii, 58). La frase puede hoy parecernos natural y hasta obvia, pero resulta que en la época en que se escribió, a inicios del siglo xvii, proponía una solución a un dilema que ensangrentó zonas enteras de Europa y todavía iba a ensangrentar otras durante el siglo en cuyos albores, sí, se escribió la mayor pieza de las letras en español: en cartas y cátedras se debatía sobre el determinismo y el libre albedrío. La postura protestante se iba hacia el determinismo; la romana, hacia el libre albedrío. Con calma y mientras alecciona a Sancho sobre cómo gobernar Barataria, el caballero de la Triste Figura resuelve el dilema con una frase: libertad, sí, sin duda, libertad que viene dada de “los cielos”.Robert Prevost hizo asimismo un repaso de los derechos naturales, sustento del iusnaturalismo, como predecesores de los derechos positivos, sustento del iuspositivismo. Si entiendo bien, el iusnaturalismo defiende el carácter inalienable de ciertos derechos, como la vida: nacemos con ellos. El positivismo, en cambio, andaría pensando en el carácter coyuntural, histórico, determinado y específico de absolutamente todos los derechos.El papa habló de la Escuela de Salamanca, que en febrero de este 2026 mereció un importante congreso intercontinental en la ciudad “a la orilla del Tajo” (así se refirió a ella Prevost); al congreso asistieron desde México, entre otras personas, Virginia Aspe, Rodrigo Garza Arreola y Ambrosio Velasco. Pues bien, fue la Escuela de Salamanca la que recogió una obviedad que milenio y medio de cristianismo había tendido a olvidar al menos en la teoría (en una robusta teoría): “totus orbis”, recordó el papa; el concepto, renovado y puesto al día, pertenece al dominico Francisco de Vitoria (1483–1546), nacido en Burgos y catedrático en Salamanca, y se refiere a la humanidad “como una única comunidad global interconectada”: “todo el orbe, que en cierto modo es una sola república”, dijo Vitoria. La especie humana comparte una sola naturaleza: es una en sus múltiples diversidades. Estas reflexiones, con sus muchos antecedentes, fueron la base de los derechos humanos y del derecho internacional, y por eso la Sala del Consejo de las Naciones en Ginebra (onu) lleva el nombre del fundador de la Escuela.Las bases filosóficas, en fin, están puestas desde hace al menos quinientos años para que la especie humana deje de pelearse. Y con apoyo en los mismos cimientos el papa habló del derecho a la vida “desde su concepción hasta su ocaso natural” y del derecho de los migrantes a recibir un trato digno y pertinente. Con el derecho a la vida tocaba un ala de la doctrina social de la Iglesia; con el derecho de los migrantes (incluido el derecho a permanecer en su país) tocaba la otra ala.El papa navegaba así por las aguas difíciles en que se encuentra hoy España. Y desde luego habló del derecho a la paz. Lo hizo asimismo en otros espacios durante su estancia en la Península y las Islas Canarias. En esta semana transcurre la reunión de g 7 promovida por la anfitriona Francia. Ucrania es un tema. Un análisis en la prensa anuncia por lo pronto que la visita del ex espía soviético a China en días pasados no le rindió los frutos que esperaba: debilitada la economía rusa por tanto desgaste, hay ciertas expectativas para que el derecho a la paz se extienda hacia regiones del mundo que han sufrido enormemente en los últimos años.Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.
El discurso en el Congreso, escribe Alberto Vital Díaz
Autor”, “autoridad” y “autorización” son tres vocablos que la filosofía trastea por lo menos desde 1955, cuando John L. Austin dictó las conferencias que dieron paso y cimiento a la pragmática de los actos de habla.Austin, inglés, era héroe de la Segunda Guerra Mundial (estuvo en el Día D, 6 de junio de 1944) y murió joven (1960), antes de ver publicadas en libro sus consideraciones fundadoras y fundamentales (1962).El discurso del papa León XIV la semana pasada en el Congreso de los Diputados, las antiguas Cortes de España, justo enfrente de la embajada de México, tiene autoría, autorización y autoridad. Austin nos decía, justo en el año natal de Robert Prevost, que la comunicación humana deja medirse en términos de éxito y fracaso, ya que el hablante tiene intenciones y desea verlas cumplirse en el oyente, quien a su vez tiene las suyas propias. Y una condición para el éxito es ineludible: el hablante, autor del mensaje, debe tener autoridad moral para poseer completa la autorización de dirigirse a su oyente, tanto más si este oyente es la España política en pleno, con diputados, senadores, presidente de gobierno, líderes de la oposición, ex presidentes y figuras de relieve en distintos ámbitos, por ejemplo, el padre Ángel García con sus infaltables traje negro y camisa blanca y larga bufanda roja: su presencia se adivinaba en uno de los palcos o plateas, allá arriba.Las palabras del papa fueron impecables. Su cuidadoso discurso recibió el reconocimiento de las diversas corrientes en el Congreso, unas y otras peleadas entre sí hoy más que nunca.Resulta tan raro escuchar una pieza oratoria inteligente, intencionada, “firme y serena”, que conviene detenerse en algunos elementos de aquel día, que culminó con los ya famosos siete minutos de aplauso unánime y de pie.León XIV repasa la historia de España desde la perspectiva de las aportaciones de la Península, en especial Salamanca, al pensamiento universal de los derechos humanos. Hoy en que abundan los micrófonos destinados al odio y a la descalificación, a la sorna y al desprecio, el tono y las palabras (forma y fondo) del obispo de Roma se concentraron en el reconocimiento a un gran país, decisivo en la conformación del mundo contemporáneo (más decisivo de lo que el propio país se lo imagina, lo recuerda y lo reconoce).El pontífice hizo honor a la etimología de esta palabra: ‘pontífice’, “el que tiende puentes”. Pero primero que nada hizo un deslinde entre las responsabilidades del mundo religioso, eclesial, y las responsabilidades del mundo político, civil. Desde el respeto al deslinde de territorios, habló de la “literatura inmortal” española y citó a don Quijote: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos” (El Quijote, ii, 58). La frase puede hoy parecernos natural y hasta obvia, pero resulta que en la época en que se escribió, a inicios del siglo xvii, proponía una solución a un dilema que ensangrentó zonas enteras de Europa y todavía iba a ensangrentar otras durante el siglo en cuyos albores, sí, se escribió la mayor pieza de las letras en español: en cartas y cátedras se debatía sobre el determinismo y el libre albedrío. La postura protestante se iba hacia el determinismo; la romana, hacia el libre albedrío. Con calma y mientras alecciona a Sancho sobre cómo gobernar Barataria, el caballero de la Triste Figura resuelve el dilema con una frase: libertad, sí, sin duda, libertad que viene dada de “los cielos”.Robert Prevost hizo asimismo un repaso de los derechos naturales, sustento del iusnaturalismo, como predecesores de los derechos positivos, sustento del iuspositivismo. Si entiendo bien, el iusnaturalismo defiende el carácter inalienable de ciertos derechos, como la vida: nacemos con ellos. El positivismo, en cambio, andaría pensando en el carácter coyuntural, histórico, determinado y específico de absolutamente todos los derechos.El papa habló de la Escuela de Salamanca, que en febrero de este 2026 mereció un importante congreso intercontinental en la ciudad “a la orilla del Tajo” (así se refirió a ella Prevost); al congreso asistieron desde México, entre otras personas, Virginia Aspe, Rodrigo Garza Arreola y Ambrosio Velasco. Pues bien, fue la Escuela de Salamanca la que recogió una obviedad que milenio y medio de cristianismo había tendido a olvidar al menos en la teoría (en una robusta teoría): “totus orbis”, recordó el papa; el concepto, renovado y puesto al día, pertenece al dominico Francisco de Vitoria (1483–1546), nacido en Burgos y catedrático en Salamanca, y se refiere a la humanidad “como una única comunidad global interconectada”: “todo el orbe, que en cierto modo es una sola república”, dijo Vitoria. La especie humana comparte una sola naturaleza: es una en sus múltiples diversidades. Estas reflexiones, con sus muchos antecedentes, fueron la base de los derechos humanos y del derecho internacional, y por eso la Sala del Consejo de las Naciones en Ginebra (onu) lleva el nombre del fundador de la Escuela.Las bases filosóficas, en fin, están puestas desde hace al menos quinientos años para que la especie humana deje de pelearse. Y con apoyo en los mismos cimientos el papa habló del derecho a la vida “desde su concepción hasta su ocaso natural” y del derecho de los migrantes a recibir un trato digno y pertinente. Con el derecho a la vida tocaba un ala de la doctrina social de la Iglesia; con el derecho de los migrantes (incluido el derecho a permanecer en su país) tocaba la otra ala.El papa navegaba así por las aguas difíciles en que se encuentra hoy España. Y desde luego habló del derecho a la paz. Lo hizo asimismo en otros espacios durante su estancia en la Península y las Islas Canarias. En esta semana transcurre la reunión de g 7 promovida por la anfitriona Francia. Ucrania es un tema. Un análisis en la prensa anuncia por lo pronto que la visita del ex espía soviético a China en días pasados no le rindió los frutos que esperaba: debilitada la economía rusa por tanto desgaste, hay ciertas expectativas para que el derecho a la paz se extienda hacia regiones del mundo que han sufrido enormemente en los últimos años.Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.








