Lo que el Papa León XIV ha dicho estos días en Madrid, eso de que nadie puede arrodillarse ante el Señor y al mismo tiempo despreciar al prójimo, no es ninguna novedad teológica. Durante décadas habría sido considerado simplemente doctrina social básica de la Iglesia, pero la deriva actual es tal que en determinados ambientes se está interpretando como una provocación ideológica, generando incomodidad precisamente en los sectores que llevan décadas reclamando para sí el monopolio de los valores cristianos en la política.
Hemos llegado a un punto en el que conceptos como la compasión, la solidaridad, el multilateralismo, el respeto al derecho internacional o la defensa de los derechos humanos se presentan como posiciones sospechosamente “de izquierdas”, poco menos que un desliz hacia el comunismo. Ya casi resulta verosímil imaginarse a Abogados Cristianos estudiando una querella contra el Papa por desviacionismo ideológico.












