Actualizado Lunes,
junio
11:27Le�n XIV no es un Papa c�modo. Habla y lo hace con claridad defendiendo los principios esenciales de un humanismo cristiano profundamente enraizados en la Iglesia cat�lica. En el Congreso de los Diputados, en sesi�n conjunta de las dos c�maras y ante las m�s altas autoridades del Estado, el Pont�fice ha profundizado en los debates morales y tambi�n pol�ticos m�s candentes: la protecci�n de la vida desde la concepci�n hasta la muerte; el derecho a elegir la educaci�n de los hijos, la tragedia migratoria, el rearme y la paz y la pluralidad y el enfrentamiento pol�tico. El Papa ha enhebrado un discurso potente, claro y directo y lo ha hecho a sabiendas de que sus palabras suscitar�n aplauso en algunos y levantar�n ampollas en otros.El Pont�fice ha hecho un hincapi� muy especial en la "pluralidad pol�tica" que "no deber�a degenerar en descalificaci�n permanente del adversario. En una convivencia madura, incluso el conflicto puede convertirse en camino hacia la paz, cuando las diferencias se dejan mitigar por la escucha y se ordenan al reconocimiento de las necesidades, los anhelos y las capacidades de todos"."Las palabras", ha a�adido, "pueden abrir caminos o cerrarlos; pueden iluminar la realidad o deformarla hasta hacer imposible el encuentro. Quienes ejercen una responsabilidad p�blica tienen, por eso, una especial obligaci�n de custodiar la palabra para 'desarmar el lenguaje'. La firmeza no exige desprecio; la discrepancia no conlleva humillaci�n". Un mensaje que, sin duda, ha impactado en una clase pol�tica enfrentada, polarizada y que no encuentra ning�n punto de intersecci�n ni terreno para el consenso."Una ley", ha insistido, " no alcanza su verdadera grandeza por el mero hecho de haber sido formalmente aprobada; la alcanza cuando, adem�s de ser v�lida en su forma, puede comparecer ante la dignidad de la persona y salir de ese examen sin avergonzarse". Y a partir de ah�, ha recordado a los legisladores que "toda decisi�n de las autoridades p�blicas toca personas de carne y hueso".Le�n XIV advirti� desde el inicio de su discurso que sus palabras ser�an "serenas" pero tambi�n "firmes" porque estaban dirigidas a quienes "tienen la grave responsabilidad de ordenar jur�dicamente la convivencia social". Ha sido su manera de adentrarse en uno de los terrenos moralmente m�s espinosos que anida en la sociedad. "Si la vida deja de ser reconocida como un valor fundamental �qu� futuro pueden tener nuestras sociedades? (...) La defensa de la vida humana no es una cuesti�n parcial ni un inter�s confesional: es una meta de civilizaci�n. Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepci�n hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia. Cuando esta certeza se oscurece, los m�s vulnerables son las primeras v�ctimas y la ley pierde su significado m�s profundo: servir y proteger a cada persona".Le�n XIV ha profundizado tambi�n en el significado del "bien com�n" para advertir a la clase pol�tica que cuando este "deja de ser horizonte compartido, la acci�n p�blica corre el riesgo de fragmentarse en interses parciales, incapaces de custodiar aquello que pertenece a todos". Y a ra�z de esta reflexi�n ha abundado en el papel de la familia como "primera escuela de la humanidad" en la que "se aprende la gram�tica elemental de la convivencia" y en las instituciones educativas que ense�an "a buscar y amar la verdad". En este sentido, el Papa ha abogado por "respetar siempre el derecho primario e inalienable de los padres a elegir el tipo de educaci�n y de formaci�n que reciben sus hijos".La migraci�n ha sido otro de los puntos claves de su discurso ante el Legislativo. El Pont�fice ha hecho hincapi� en el "tr�gico drama" de quienes se ven obligados a dejarlo todo "para buscar paz, seguridad y futuro", algo que, ha dicho, "interpela la conciencia de las naciones y el fundamento �tico del orden internacional". Un mensaje que, sin duda, no habr� gustado en la bancada de la ultraderecha que agita como bandera la prioridad nacional y la teor�a del "reemplazo"."All� donde una persona es discriminada por su origen nacional, �tnico, religioso o ling��stico, o por su condici�n econ�mica o social, se vulnera gravemente el principio universal de la igual dignidad de todos los seres humanos", ha dicho el Papa antes de reclamar para los migrantes "v�as seguras y legales, una acogida respetuosa y posibilidades reales de integraci�n; y promover, al mismo tiempo, el derecho a permanecer en la propia tierra".El Santo Padre no ha olvidado en su intervenci�n referirse a la convulsa situaci�n internacional frente a la que ha pedido "valent�a diplom�tica, responsabilidad �tica y una visi�n de futuro fundada en el respeto a la identidad de cada pueblo y en la obligaci�n de los Estados de resolver sus controversias por los caminos pac�ficos que ofrece el derecho internacional". "Las armas", ha recalcado haciendo una reflexi�n que sin duda ha complacido al presidente del Gobierno, "pueden imponer un silencio temporal; pero nunca podr�n edificar una paz aut�ntica y duradera".Y, a continuaci�n, un mensaje alertando de los peligros del "rearme", en plena sinton�a con las formaciones m�s a la izquierda del arco parlamentario: "La verdadera seguridad nace de la justicia, del di�logo paciente, del respeto al derecho internacional y de una pol�tica capaz de poner la vida de los pueblos por encima de los intereses que se benefician de la guerra".











