Editorial
Actualizado a las 18:31h.
Hubo algo profundamente revelador en la larga ovación que recibió León XIV en el Congreso de los Diputados. No porque el aplauso fuese inmerecido, sino porque buena parte de quienes se pusieron en pie para celebrarlo llevan años promoviendo, justificando o tolerando políticas frontalmente incompatibles ... con su mensaje. El Papa habló con serenidad, pero también con una claridad inhabitual en el debate público contemporáneo. Y lo hizo para recordar una verdad incómoda: que existen límites morales que ninguna mayoría parlamentaria puede franquear legítimamente y que la dignidad humana no nace de las constituciones, sino que las precede.
Cortes Generales
Congreso de los diputados










