Entre los padres que teletrabajan desde casa y la habitación que comparte con su hermana gemela, Alba Simó Vallès (Barcelona, 16 años) busca constantemente un lugar tranquilo para concentrarse. Vecina del Raval y estudiante de bachillerato en el instituto Stucom, asegura que estudiar en su vivienda resulta casi imposible. “El salón está siempre ocupado, mis padres trabajan desde casa y mi hermana también tiene sus actividades. No puedo concentrarme en casa sin espacio”, explica. Alba se refugia habitualmente en las bibliotecas de Sant Antoni Joan Oliver y Sant Pau-Santa Creu. “No sé qué haría sin las bibliotecas para estudiar”, afirma. Sin embargo, desde el pasado 26 de mayo estos equipamientos mantienen una huelga indefinida para reclamar mejoras en la jornada laboral. Por primera vez, el colectivo de bibliotecarias ha decidido paralizar la actividad en vísperas y durante las pruebas de Selectividad en Cataluña, que se celebran esta semana.La dificultad de Alba para encontrar un lugar donde estudiar no es un caso aislado. La presión habitacional que atraviesa Barcelona tiene consecuencias que van más allá del acceso a la vivienda y afecta también a las condiciones de estudio de muchos jóvenes. Es la realidad de Joan Gómez, de 20 años, que cursa Estudios Literarios en la Universidad de Barcelona. Comparte piso en L’Hospitalet de Llobregat con otros tres jóvenes y, aunque dispone de una habitación propia, tampoco la considera apta para estudiar.“Es una habitación de pocos metros cuadrados con una ventana al interior del edificio. No hay luz natural y me resulta imposible estudiar ahí”, relata. Paga 350 euros al mes por un espacio que, según cuenta, nunca fue concebido como dormitorio. “El propietario ha adaptado todo lo que ha podido. Originalmente una de las habitaciones era el comedor”, explica. “Veo que es un problema generalizado, mis amigos pasan por lo mismo”.España se ha consolidado como el segundo país europeo donde más ha aumentado la sobreocupación residencial desde 2019, según los últimos datos de Eurostat, la oficina estadística de la Unión Europea. El fenómeno implica más personas compartiendo menos espacio y reduce las posibilidades de disponer de un lugar tranquilo para estudiar, trabajar o simplemente estar solo. Alba conoce bien esa realidad. Comparte habitación con su hermana gemela y tampoco dispone de un escritorio propio. “Tengo una ventana y una mesa pequeña, pero apenas cabe mi ordenador, así que prefiero venir a la biblioteca”, explica. Además, sufre hipersensibilidad auditiva y necesita espacios silenciosos para poder concentrarse. “Después de seis horas de clase necesito un lugar tranquilo y busco la sala en el subsuelo de la Joan Oliver, donde unca hay nadie”, comenta. La situación se complica aún más porque su padre, diseñador gráfico, y su madre escritora, teletrabajan desde casa. “Mi hermana suele utilizar la mesa del comedor para sus actividades artísticas y en casa me resulta imposible estudiar”, cuenta. En las bibliotecas encuentra algo cada vez más difícil de conseguir en otros espacios de la ciudad: silencio, concentración y una mesa disponible durante horas.Desde el inicio de la huelga, sin embargo, estudiantes como Alba se han visto obligados a buscar soluciones improvisadas.Las movilizaciones comenzaron con paros los sábados y desembocaron, el pasado 26 de mayo, en una huelga indefinida que afecta a uno de los servicios municipales mejor valorados por la ciudadanía. El sector reivindica mejoras salariales, mantener las retribuciones del personal de fin de semana y jornadas más ajustadas. El comité de empresa denuncia que el Ayuntamiento rompió las negociaciones el viernes por lo que ayer, en asamblea, decidió mantener la huelga indefinida a pesar de la época de exámenes de Selectividad. El 70% de los barceloneses se declara usuario de la red municipal y un 42% dispone de carné de bibliotecas. Más allá del préstamo de libros, las bibliotecas se han consolidado como espacios de estudio, acceso también a internet y trabajo cotidiano para miles de personas. “No es solo un espacio para estudiar. También es un lugar para leer, aprender y hacer comunidad con la gente del barrio”, señala Alba. Ante el cierre de los equipamientos, Alba a veces se ve obligada a estudiar en las mesas situadas en el exterior de la biblioteca o en espacios improvisados de su centro educativo. Para jóvenes como ella, que no cuentan con espacio suficiente para estudiar en casa, estos equipamientos funcionan como una extensión de la vivienda. “La biblioteca para mí es ideal. Cuando está cerrando siempre me da mucha pena”, dice.
En esta casa no hay quien estudie
La falta de espacio en muchas viviendas obliga a los jóvenes a buscar alternativas para estudiar en plena huelga de bibliotecas en Barcelona







